jueves, 25 de mayo de 2023

DREAM EXPRESS

 Para esta publicación tengo un autor invitado en el blog, mi hijo Ander que escribió este relato el año pasado. No es solo pasión de padre, sino que de verdad el cuento me gustó mucho, tanto por lo que contaba, como por como lo contaba y le pedí permiso para publicarlo en el blog. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.




DREAM EXPRESS

 

 

Había, hay y habrá un tren mágico, el tren de los sueños el DREAM EXPRESS.

Nuestro prota se llama Andrés García García. Andrés era muy trabajador, un gran lector y un pasajero habitual del DREAM EXPRESS. Pero un día viendo la tele apareció un anuncio de una nueva consola: SP5.

Al día siguiente en el colegio, todos sus compañeros hablaban de ella y contaban que todos la tenían; Andrés se sintió muy marginado. Luego en su casa, sus padres le preguntaron qué tal estaba y Andrés se lo explicó todo. Sus padres le compraron la consola.

Ahora Andrés estaba todo el día jugando con la consola, no estudiaba, no leía y se portaba de una manera extraña. Aquella noche esperó al DREAM EXPRESS, pero no llegó, y así durante días. Un día le castigaron sin la consola, y el DREAM EXPRESS llegó así entendió que con la consola no ejercitaba su cerebro. Después de eso, él no volvió a tocar la consola y todas las noches el DREAM EXPRESS se lo lleva a soñar.

¡¡¡NUNCA DEJES DE SOÑAR!!!


ANDER CARREÑO ROSADO



domingo, 23 de abril de 2023

A las once en punto

 


Hacía varias horas que había amanecido,  pero como suele suceder en otoño, las nubes impedían ver el Sol. Aunque no era algo que les importara a los soldados del regimiento de fusileros de Lancashire, al contrario, por primera vez el cielo encapotado y plomizo les recordaba a su hogar, porque el humo del día anterior se había disipado, o al menos, eso querían creer. Ese humo que subía de la tierra al cielo y caía del cielo a la tierra mientras emponzoñaba los pulmones y agrietaba el alma de los soldados con el aroma de la muerte y la desesperación. 

Bastaban un par de semanas en el frente para que la mayoría de ellos no recordara ningún otro olor que el del humo de la pólvora condimentado con el del sudor añejo y el de la sangre putrefacta. Todo ello agravado por la humedad y el frío de las trincheras, que no tenían nada que ver con los propios del otoño. En las trincheras, la humedad surgía del propio barro removido y se clavaba en los huesos como si fuera un continuo castigo por el crimen cometido por los hombres al desgarrar la tierra para aniquilarse los unos a los otros y el frío, les estrangulaba el corazón y acuchillaba los pies a modo de amenazante recuerdo de la arbitraria, pero cierta, posibilidad de la muerte, de su muerte.

Los soldados afrontaban la cercanía de la muerte y las lamentables condiciones de vida en las trincheras mediante el intercambio de bromas, tan amargas como inocuas, en duelos dialécticos, tan punzantes como cordiales, con los franceses del 317º regimiento, con los que compartían ese sector del frente. Los franceses se quejaban de sus "inquilinos" ingleses, quienes se quejaban de la escasa calidad de los "hospedajes" franceses.

 Sin embargo, aquella mañana nadie, ni siquiera el animoso capitán Giraud, tenía la cabeza para bromas, solo podían pensar en que llegara la hora señalada, pero el tiempo transcurría con gravosa lentitud. Las manillas de los relojes no avanzaban, sino que se arrastraban por la esfera del reloj como los soldados por la negra tierra de nadie, bajo el fuego de artillería. El deseo por que llegara la hora señalada y el exasperante discurrir de los minutos podía destrozar los nervios de hasta el soldado más curtido y llevarlo a cometer una fatal estupidez en el momento más inoportuno. Tan solo el hecho de que a unos pocos centenares de metros, los soldados del 15⁰ de infantería del Ejército alemán también permanecían más atentos a sus parsimoniosos relojes que a una posible ruptura de esa tensa calma, mantenía, razonablemente alejado, el riesgo de que cualquiera de aquellos hombres se convirtiera en un número más de entre los caídos por el Rey, la República o el Káiser.

De hecho, los soldados alemanes no solo miraban impacientes sus relojes, sino que también miraban angustiados hacia el centro de comunicaciones de su coronel. El coronel Steiner, que había sido maestro de escuela antes de la guerra, se alistó voluntario, como el buen alemán que era, al comenzar la guerra, obteniendo el grado de teniente de infantería  al acabar la instrucción. Desde su incorporación al frente, destacó por tener un gran ascendiente sobre los soldados, una fidelidad inquebrantable al Káiser, y tan buen juicio, como valor en el combate. A pesar de las trabas que le puso el Alto Mando por ser judío, fue ascendiendo hasta llegar a coronel a principios de 1917. Ahora estaba tan hastiado de la guerra como lo estaban sus hombres, pero no podía dejar de cumplir su deber, aunque el Káiser les hubiera abandonado. Por ello,  les había advertido de la posibilidad de que algún general quisiera salvaguardar su honor personal a costa de sacrificar inútilmente al Regimiento. Cuando añadió que aunque, no deseaba ese camino a la gloria ni para sus hombres, ni para él mismo, acataría la orden de asaltar la trinchera enemiga, si ésta llegaba antes de la hora establecida, los soldados sabían perfectamente que su coronel decía la verdad. 

Un estampido les  sobresaltó a todos, no por desconocido: no cabía duda de que había sido un disparo, sino por el terrible augurio que suponía. Afortunadamente, nadie se movió porque Steiner dio la orden de esperar. "Ha sido solo un disparo, y bastante lejos de este sector" pensó.

En la trinchera franco-británica ni siquiera hizo falta dar una orden similar, porque en cuestión de segundos, había llegado un aviso a través del medio en que más confiaban los soldados: el telégrafo del fusilero. "Mantened la calma, ha sido un americano de gatillo fácil, pero su sargento ya le ha arrestado por imbécil". Todos volvieron a respirar. A pesar de que su intervención había acelerado el final de la guerra, los norteamericanos acababan de perder el aprecio de sus aliados europeos. Los soldados miraron aliviados hacia la trinchera alemana donde no se advertía ninguna novedad.

-Menos mal que ese coronel alemán tiene cuajo y sangre fría. -Dijo el sargento Miller.

Elogiar al oficial enemigo le hizo recordar a un teniente  segundo que tuvo en la batalla del Somme. Al principio, Miller no simpatizó con él, porque era muy redicho, se veía a la legua que  no estaba nada dotado para el combate, y encima aquel teniente segundo era católico, pero fue quien le enseñó que el primer paso para alcanzar la victoria consiste en respetar al enemigo y proteger al amigo hasta el final. "Si los gobiernos y los estados mayores, y bueno, también los ciudadanos de las potencias hubieran pensado así en 1914…"

Miller vio interrumpidos sus pensamientos por el sonido de unas campanas. Había un pueblo cerca de allí, con una iglesia cuyo campanario sobresalía entre las casas, pero nunca hasta entonces, Miller había oído tañer esas campanas, que le sonaban como la voz de la esperanza, que Miller iba coreando junto a sus compañeros.

-…cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once. ¡Once! Son las once en punto del 11 de noviembre de 1.918.  ¡Gracias a Dios!




miércoles, 1 de marzo de 2023

MÁSCARAS


  Lo aprendiste desde muy pequeña, desde que te recuerdas a ti misma hablando con otras personas. Puede que fuera un poco antes o un poco después cuando descubriste de que alguien era diferente, ¿eran ellos o eras tú? Aún siendo una niña pequeña, te diste cuenta que esa pregunta te hacía daño, mucho daño, así que era mejor no pensar, e imitar los gestos de los demás. Atender a sus palabras y grabar sus gestos en tu memoria, mientras que tenías que refrenar a tus propias palabras que, por provenir de un pensamiento mucho más rápido, se agolpaban en tu boca suponía cierto esfuerzo y te producía una sensación extraña. Si en vez de mover la cabeza, sonreir, mostrar las palmas de las manos, el resto de los niños dijera lo que tenía que decir sin más, ya lo habrían dicho, y tú podrías responder inmediatamente, y volver a tus pensamientos. Pero no, ni los niños, ni los adultos eran capaces de decir lo que fuera clara y directamente.


  Un día, en el patio del colegio, después de dos horas de clase te sentías muy cansada, no podías soportar el esfuerzo de tener que escuchar, mirar, callar, esperar, todo a la vez y sin que de verdad hubiera un objetivo claro en todo ello. Estabas a punto de estallar, literalmente, y tú sabes que literalmente significa precisa y exactamente que no hay diferencia entre las palabras y la realidad que definen. Pero te acordaste del piano de la abuela. Aunque te habían prohibido tocarlo, una niña es una niña, y además a ti te cuesta más que al resto refrenar los impulsos, así que lo tocaste. El sonido que se produjo cuando tus manitas pulsaron las teclas era más claro, inteligible y lógico que las palabras de muchas personas, porque “a fin de cuentas, la música es como las matemáticas” como sueles decir. Si habías entendido lo que decían las teclas del piano, quizás el piano te ayudara a entender a aquellos niños del patio y así poder esperar a que llegara tu “turno”. Pero, ¿qué piano podías tocar en el patio del colegio? Uno que nadie viera, ni escuchara. Empezaste a tocar sobre la suela de las sandalias. No necesitaste más de dos o tres notas para relajarte, y hasta encontraste divertido tocar el piano con los dedos de los pies, así que sonreíste.


  Desde aquel día, te sentiste mucho más segura de ti misma. Ya contabas con las herramientas necesarias para que al mundo le pareciera que actuabas como los demás, aunque fuera bajo una máscara. Al menos, eso es lo que pensaste durante algunos años. Sin embargo, te equivocabas. La gente cambia. Hay un periodo en la vida en que todo el mundo piensa que se encuentra fuera de lugar, no suele ser un problema muy grave, y al cabo de unos poco años se cura solo, o quizás es que, en realidad, después llegan otros problemas, pero también, otras satisfacciones, pero tú te rompiste en aquellos años. Si ya es difícil entender a los demás, y buscar la forma de actuar como el resto para que te entiendan, cuando las personas que te rodean no se entienden a sí mismas y dejan de actuar con la mínima lógica acostumbrada es prácticamente imposible. Sus reacciones son imprevisibles, sus emociones son continuamente cambiantes y no siempre para bien. Además, tú también buscabas tu lugar, tú también tenías problemas para entender por qué tú tampoco eras ya la misma de antes, y no te lo pusieron fácil.


  Nadie te vio llorar, pero lloraste. Rompieron la confianza que tenías en ti misma. Hay mucha gente en el planeta, si alguien te falla, puedes encontrar a otra persona que te apoye, pero si rompen la confianza que tienes en ti misma, piensas que ya no hay solución, que ya no tienes futuro, que ya no… Por suerte, te equivocabas. En esos momentos de dolor descubres que hay un amigo dispuesto a escucharte, que tu familia, aunque a veces no se entere de nada, está a tu lado, que hay más personas que te aceptarán tal como eres. El cariño de todos ellos te ayudó a empezar a reconstruirte, pero no era suficiente. Tenías que volver a salir al mundo, y ya no eras capaz de fingir que podías actuar como los demás. “Si te duele la garganta, vas al médico, si tu cerebro funciona de una forma diferente, aunque no lo parezca, también.”


  Mamá y papá lo habían intuido hace tiempo, y ya habían buscado ayuda. Sin embargo, la respuesta era siempre la misma. “Su hija no puede tener TDAH, ni ningún rasgo asimilable al asperger. Es muy buena estudiante, y todos los informes señalan que su comportamiento es intachable. Es tímida, pero hay mucha gente tímida, yo no le daría más importancia. Los chicos con TDAH, si es que eso existe, suelen ser disruptivos en clase, y su hija no lo es. Se mueven continuamente, y su hija no lo hace. Muchas veces, no saben controlar sus impulsos, y dicen lo primero que les viene a la boca sin pensar, y su hija no lo hace.” Ya era demasiado, y mamá respondió. “¿De verdad le supone un problema tan grande hacerle los tests a nuestra hija? No todas las personas con TDAH, rasgos asperger, o cualquier otra condición mental presentan las mismas actitudes. Y usted nos está poniendo los ejemplos más habituales y obvios que se suelen dar en algunos chicos, pero casi nunca en las chicas. Ellas aprenden desde muy pequeñas a disimular su condición mental. Aunque sólo sea para que pueda decirme después que soy una madre pesada, hágale los tests a mi hija, por favor.”


  Han pasado casi diez años, hoy es el gran día. Mírate. La mujer que puedes ver en el espejo, porque ha derrotado a la máscara, eres tú: la doctora Laura Villalba Ardoz que va a tomar posesión de su plaza como psiquiatra infanto-juvenil en el Hospital.



domingo, 26 de febrero de 2023

CENSURA RETROACTIVA



Ahora han sido las obras de Roald Dahl, pero antes han sido las obras de otros, y me temo que en un futuro no muy lejano, serán las de obras de otros autores las que sufran la censura del siglo XXI, por ello me gustaría dar mi opinión sobre este tema.


Vaya por delante que Roald Dahl no es un autor que me  entusiasme demasiado, porque me parece que en su literatura se aparta a los niños del mundo de los adultos, e incluso. Yo siempre he pensado (fue una gran alegría la que me llevé cuando descubrí que Tolkien había pensado lo mismo antes que yo) que los niños son seres inteligentes, como miembros de la especie Homo Sapiens que son. Aunque debido a su corta edad son inexpertos en la vida, eso no los convierte en tontos, ni les otorga una bondad natural que se echa a perder según cumplen años. Es decir, los niños tienen capacidad para diferenciar la ficción de la realidad, y el bien del mal. Así pues, pueden entender que el mal comportamiento que se representa en una obra no constituye ningún modelo a seguir, sino que es justo, lo que no hay que hacer. Cualquiera que haya asistido a una representación de guiñoles, ha podido comprobar que hasta los más pequeños reprueban al "malo".


Así que no tienen sentido esas modificaciones que pretenden infantilizar (esto es hacer infantil, es decir degradar la capacidad intelectual del lector, y que por lo tanto, no es lo mismo que ser infantil, que consiste en mantener la capacidad de asombro y la sensibilidad  para apreciar una historia bien contada) los libros, películas, etc… Una vez  "corregidas" las historias presentan tramas en las que todo el mundo es bueno y respetuoso y por lo tanto no hay conflictos. En esas tramas todo se puede se conseguir si se desea "de corazón" y… sin esfuerzo alguno, y, por supuesto, el criterio individual de cada uno de los personajes es la única norma que deben acatar, eximiéndoles de cualquier responsabilidad por las consecuencias de sus actos.


Asimismo,  como los niños se asustan ante los aspectos más duros y negativos de la vida (algo que es normal dado que son humanos, a los adultos también nos pasa, o debería pasarnos) esas "correcciones" pretenden que bajo ningún concepto dichos aspectos se les muestren a los niños. De esta forma, además de insultar a la inteligencia de los niños, les privamos de saber que ha habido, hay y habrá gente que trata mal a otras personas o a la naturaleza. No sabrán que se han cometido terribles crímenes contra las mujeres por el hecho de serlo, o contra muchas personas por la tonalidad de su piel, por sus creencias, ideas, origen social, orientación sexual, aspecto, capacidad física o condición mental, o que hasta los más mínimos logros sociales han costado mucho esfuerzo y sacrificios, pero que no hay ninguna garantía de que no sean revertidos. Por causa de esa misma privación, estarán indefensos si tienen que enfrentarse a gente que maltrata, abusa o discrimina. No me refiero solo al caso muy extremo y, espero, que innecesario, en que haya que responder mediante la violencia a un agresor, sino a algo tan básico como percibir que eso que les están haciendo está mal. Aunque las envuelvan con sonrisas o palabras bonitas hay acciones que están mal y quienes las hacen, saben que están obrando mal, porque los malos, pese a lo que se diga en las historias infantilizantes, son, en la gran mayoría de las veces, conscientes de lo que hacen. Por ello, tejen una maraña de excusas y autojustificaciones con las que se aprovechan de una sociedad infantilizada y debilitada además  de todo lo anterior, por medio del engaño de afirmar que se puede alcanzar todo lo que se desea, por medio del engaño, que denunciaba Chesterton, de afirmar que los deseos son equiparables a los derechos.


Por otro lado, esta censura del siglo XXI conlleva en una incoherencia social y personal por parte de los "censores". Después de proclamar la superación de cualquier norma general, en favor del criterio personal en una suerte de autocracia vital, de individualismo extremo, se exige a otros que cumplan con las normas que estos autócratas se han otorgado a sí mismos. Como muchas obras realizadas hace tiempo, e incluso en la actualidad, reflejan las injusticias que existían, y que siguen existiendo, en vez de plasmar el mundo "feliz y perfecto", pero irreal de los censores, de los autócratas vitales, estos censores restringen la libertad de expresión de los autores, mientras que consagran su propia libertad de expresión como algo incuestionable que no admite ninguna opinión ajena, ni norma general que pueda ser aplicable al conjunto de la sociedad. Es decir, una vez más, las ideas que pueden facilitar la construcción de una sociedad más libre, justa y fraterna son convertidas en algo más valioso que los propios seres humanos, dando paso a la intolerancia y el fanatismo de los que las reducen  a su única idea.


lunes, 20 de febrero de 2023

LA PIEDAD POPULAR, PIEDAD DE LA SENSIBILIDAD.

 

Según se acerca el Miércoles de Ceniza, se advierten con más intensidad, la emoción y la agitación en el mundo cofrade. Ha pasado casi un año desde el anterior Domingo de Resurrección y tanto cofrades como hermandades destilan ilusión por los cuatro costados ante una nueva Semana Santa. Es el momento de volver a reunirse con el resto de los hermanos,  de asistir a ensayos y reuniones, de repasar el buen estado de túnicas, hábitos y antifaces, de sacar lustre a los enseres procesionales y por supuesto, de prepararse espiritualmente para conmemorar la Pasión y Muerte de Nuestro Señor y celebrar su Resurrección. Los diferentes actos religiosos, eucaristías, oraciones que organizan las diferentes cofradías tienen como principal objetivo que tanto los cofrades, como el resto de los creyentes se preparen para celebrar consciente, esperanzadamente y en comunión con  la Iglesia, los hechos más trascendentales  de la Historia y que son el fundamento de nuestra Fe.


Estas manifestaciones de la piedad popular que se desarrollan durante la Cuaresma y que culminan con las diferentes procesiones suscitan notables dudas en muchas personas, creyentes y no creyentes sobre su racionalidad, autenticidad, ortodoxia, adecuación a los tiempos en que vivimos, etcétera. Sin embargo, en muchas ocasiones dichas opiniones responden más a tópicos, y al desconocimiento de la piedad popular que a la realidad de la misma. Por supuesto, que hay ejercicios de piedad popular en las que se puede advertir una interpretación errónea de las Escrituras, exageraciones o un alejamiento más que notable de los fundamentos y valores de la Fe católica, que suelen deberse a tradiciones originadas más en lo terrenal que en lo espiritual. También es cierto que hay no pocas manifestaciones de piedad popular que han devenido en una mera tradición folklórica en la que muchos de sus participantes desconocen su significado más profundo. Esto no es del todo un problema, ya que, en realidad, todo aquello que no resta, puede sumar. El problema se produce cuando a raíz del desconocimiento de algunos y de los prejuicios de otros, se pretende borrar de muchas fiestas y tradiciones populares cualquier huella de contenido espiritual en general y cristiano en particular.


Así todo, creo que podemos estar seguros de que los ejercicios de piedad popular son respuestas legítimas a la necesidad y al deseo de los participantes de acercarse a Dios. La religión es la búsqueda del ser humano de la forma de recuperar su ligazón con Dios, mientras que el propio Dios sale a nuestro encuentro, como el padre misericordioso de la parábola (Lc. 15, 11-32) para perdonarnos y ofrecernos un sitio en la mesa de su banquete. Así pues, ¿cómo no va a un sentimiento religioso auténtico en la piedad popular? Un sentimiento nacido del amor a Dios, que como cualquier amor se escapa del análisis racional y de la experimentación empírica y que por lo tanto no puede ser comprendido más que desde el misterio (Armstrong. K., Una historia de Dios, Barcelona, 1995, pp. 251-252) del impulso hacia la trascendencia y al amor que alienta nuestro espíritu y que junto a  nuestra capacidad racional componen lo que nos hace humanos.


En muchos pasajes de los evangelios vemos a Jesús, desde su niñez (Lc. 2, 47), hasta los momentos previos a su muerte (Mc. 11, 27-33), debatiendo con los doctores de la Ley, con los mandatarios de su época (Jn. 18, 28-37) y hasta con el demonio (Lc. 4, 1-12) con precisión, conocimiento y “autoridad” (Mc. 1, 22). También le oímos señalar frecuentemente la absoluta importancia que tienen el conocimiento y la correcta  comprensión de las Escrituras (Mt. 15, 3-6; Jn. 5, 39) para que los fieles vivan según su Fe, preparando la llegada del Reino de Dios. Sin embargo, no debemos olvidar las palabras del propio Jesús: “ (...) Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños” (Mt. 11, 25). Porque Jesús también valoraba mucho la sabiduría popular de los que escuchaban su predicación y las expresiones espontáneas de Fe y de aprecio que aquellos mismos realizaban. Las parábolas mediante las cuales explicaba el Reino de Dios tenían como destinatario a la mayoría de la población de su época, que no tenía acceso a la misma formación que los doctores de la Ley. Jesús, además, narraba las parábolas no sólo con bellas palabras, sino que también con los recursos literarios del buen narrador de cuentos populares, tanto para que el relato sea agradable para quien lo escucha, como para que lo recuerde en el futuro y, a su vez, se lo transmita a otros. Así las parábolas están trufadas de llamadas a la atención de los oyentes, tienen un ritmo en el relato que se mantiene con la repetición de ciertos elementos dentro de la narración para que sea más fácil recordarla, presentan imágenes, personajes, acciones y lugares reconocibles para el público al que iban dirigidas, etc.


Los seres humanos nos sentimos fascinados por las bellas historias bien contadas, porque dentro de cada uno de nosotros existe un impulso creativo destinado a trascender más allá de la realidad aparente de lo material, que para los que somos cristianos nos ayuda a reconstruir la ligazón con Dios que mencionaba más arriba. Como explica el escritor católico inglés J. R. R. Tolkien, dicho impulso se deriva de nuestra condición de hijos de Dios y nos confiere la capacidad de crear, de subcrear según el profesor Tolkien, arte, belleza en consonancia con la creación realizada por el propio Dios (Tolkien, J.R.R. , "Sobre los Cuentos de Hadas" en Cuentos desde el Reino Peligroso, Barcelona, 2012, ed. electrónica), ya que “todos los relatos se harían verdad en el escatón (el final de los tiempos y el inicio del reino de Dios)” (Milbank, A., La teología de Chesterton y Tolkien, Granada, 2022, p. 57). Así pues, aunque siempre actuando con infinita cautela para evitar absurdas o peligrosas interpretaciones y acciones, no tiene por qué haber una falta de coherencia cuando, por ejemplo en el rezo del Via Crucis, conmemoramos episodios de la Pasión del Señor que no están recogidos en los Evangelios canónicos.


Lo mismo sucede con la mayoría de las manifestaciones de la piedad popular que, en ocasiones son tachadas de demasiado espontáneas o llanas. Si recordamos el pasaje de la hemorroísa (Lc. 8, 43-48), vemos cómo esta mujer enferma aprovecha la circunstancia de que una multitud rodeaba a Jesús para tocar el manto del Señor con la esperanza de que tal mínimo contacto la curase de su enfermedad. Efectivamente al tocar el manto de Jesús queda curada, Jesús lo percibe y pregunta quién le ha tocado La mujer ve que su acción ya no va a pasar inadvertida y postrada ante los pies de Jesús cuenta, con la multitud a su alrededor, que ha sido ella quien tocó al Señor por su enfermedad. Probablemente, esta mujer esté atemorizada y avergonzada. La Ley no veía con buenos ojos que una mujer se acercara y, menos aún, que tocara a un hombre que no fuera de su familia, además es esa época mucha gente asociaba determinadas enfermedades a castigos divinos, por lo que la multitud podía considerar que esa mujer había cometido varios pecados muy graves. Además, ella sabe que habrá quien piense que su esperanza de ser curada por haber tocado el manto de Jesús es irracional y rayana con la superchería. Sin embargo, Jesús no le reprocha nada, no la avergüenza, no la castiga, como estarían esperando más de uno en ese momento. Jesús tan solo certifica que la Fe de esta mujer, a la que llama hija, no solo la curado de su enfermedad, sino que también la ha salvado. Jesús aprueba la acción de esta mujer porque dicha acción evidenciaba la Fe que ella tenía en Jesús.


En un sentido similar, cuando veneramos una imagen de Jesús o de Nuestra Señora mediante la oración, o con una reverencia, un beso,  o en la procesión estamos manifestando nuestra Fe en Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien depositamos nuestra Esperanza, porque sabemos el Amor que nos tiene porque "da la vida por sus amigos": nosotros y que tan sólo nos pide que también le amemos a Él y a nuestro prójimo (Jn. 15, 12-17). Como explica Daniel Cuesta una imagen puede tener la capacidad de “acercar a la gente a Dios, de hacer empatizar con lo divino, y así desde su realidad material de obra artística, abrir a quien la contempla y a quien ora ante ella la puerta de la trascendencia” (Cuesta, D., La procesión va por dentro, Bilbao, 2020, ed. electrónica). Es decir, se nos abre la vía para recuperar nuestro vínculo con Dios de una forma aparentemente irracional, pero que forma parte de nuestra esencia como seres humanos (Armstrong, K., op. cit., p. 264).


Quiero terminar con una experiencia personal. Yo también participé de esas reticencias a la piedad popular que he señalado más arriba. Desde que tengo memoria soy creyente, soy católico y practicante. Después de tomar la Primera Comunión, seguí asistiendo a la catequesis parroquial, en mi pueblo: Sestao, hasta que recibí la Confirmación, después de la cual me integré en la JEC, en mis años de universitario. 


La Juventud Estudiante Católica es uno de los movimientos especializados de la Acción Católica, como la JOC y la HOAC. Mis años de militancia en la JEC no pudieron ser más satisfactorios, la Revisión de Vida y la práctica de la mediación me proporcionaron medios y oportunidades para vivir mi Fe, tanto en la comunidad de fieles, como en la sociedad. Como la Revisión de Vida es un método que exige un amplio conocimiento de las Escrituras, en especial de los Evangelios, durante aquellos años recibí un notable bagaje en torno la historia, contenido e interpretación de los mismos, y de los aspectos “intelectuales” de la Fe.

Sin embargo, cuando vine a estudiar a Salamanca, tuve la oportunidad de conocer la experiencia de Fe, que como cofrades que eran, varios compañeros zamoranos me explicaron. También, al ejercer como catequista de Confirmación en la parroquia de San Pablo, sede  canónica de la Congregación de Jesús Rescatado y Nª Sª de las Angustias, fui conociendo más detalles de lo que significaba ser cofrade. Hasta que por fin, impulsados por nuestra hija mayor, los cuatro miembros de la familia llegamos a ser hermanos de la Congregación.


Así, vivimos nuestra Fe en comunidad, en los diferentes actos y eucaristías que organiza la Congregación a lo largo del año, y hacemos profesión pública de la Fe en las calles de Salamanca en la procesión del Viernes Santo. Durante la procesión disfruto del honor de ser uno de los hermanos que cargan en sus hombros la imagen de Nuestra Señora de las Angustias, pero que en realidad es la propia Madre de Dios quien nos guía a nosotros para que nos encontremos con su Hijo: nuestro Salvador.


Decía al principio que muchas veces las reticencias a la piedad popular vienen provocadas por desconocimiento de la misma. Sin embargo, si practicamos las manifestaciones de la piedad popular además de con la Fe, la Esperanza y el Amor, que son las virtudes que debe cultivar todo creyente, con sensibilidad descubrimos una hermosa y fructífera forma de acercarnos a Dios (Milbank, A., op. cit., p. 251) y de llevar una vida cristiana en comunión con nuestros hermanos y con la totalidad de la Iglesia. Puedo dar fe de ello. 


lunes, 16 de enero de 2023

ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DE CHRISTOPHER TOLKIEN, EL GUÍA DE ARDA.

 


El 16 de enero de 2020, falleció Christopher Tolkien, gracias a la Sociedad Tolkien Española disfruté de la oportunidad de escribir y publicar el artículo que aparece más abajo en el nº 93, verano de 2020, de la revista de la STE: Estel. Creo que los tres años pasados y todo lo sucedido en el mundo tolkiendili desde la muerte de Christopher Tolkien han hecho aún más evidentes la grandeza de la tarea que realizó Christopher al cuidado científico y emocional de la obra de su padre, y el vacío que dejó su desaparición, así que este tercer aniversario puede ser un buen momento para recordar aquel artículo.


Finalmente, quiero agradecer a la Sociedad Tolkien Española, su Comisión de Humanidades, el Consejo Editorial de la revista Estel,  y al Smial Montaraz al que pertenezco por la oportunidad que me ofrecieron de escribir este humilde homenaje a Christopher Tolkien.


EL GUÍA DE ARDA


La reciente muerte de Christopher Tolkien ha sido un golpe para todos los que amamos la Tierra Media. Tras su fallecimiento, los medios de comunicación han destacado su papel de guardián, de albacea, de paladín, de editor y divulgador de la obra de su padre. Todo ello es cierto, pero para los lectores de Tolkien también era el mejor guía en Arda, que no siempre es un territorio fácil ni seguro.


La recopilación de los manuscritos inéditos de su padre, supuso una tarea enorme, que ya adquirió proporciones titánicas cuando tuvo que ordenarlos y transcribirlos desde la difícil letra del profesor. Además, se preocupó de que presentaran  la coherencia narrativa necesaria tanto para su publicación, como para que el pulso y el espíritu de la obra de su padre se mantuviera de principio a fin, como alcanzó con el hito de la publicación de El Silmarillion. 


La lectura de las cinco obras que componen el volumen de El Silmarillion nos muestra la dificultad de dicha tarea en un libro que no es una novela, ni un conjunto de cuentos de hadas, ni un cantar de gesta que alumbra un idioma nuevo para la literatura, ni la recopilación de los mitos de un pueblo sobre sus tiempos antiguos, ni las epopeyas homéricas, ni las sagas nórdicas, ni el Pentateuco, pero que participa de las características de todos ellos.


Y es que El Silmarillion fue la primera obra de Tolkien que leí. Después de tener un profesor fantástico (José Antonio Rojas, del Colegio Nª Sª de Begoña, La Salle, de Sestao) que nos contaba El Señor de los Anillos a sus alumnos de 6º de EGB con auténticos "storyboard" en la pizarra, según lo iba leyendo él mismo, uno de mis amigos comenzó a leer El Silmarillion que había comprado su hermano mayor. Un día, mi amigo se nos presentó diciendo: “Ya no soy Ricardo. Soy Túrin Turambar, el amo de mi destino”.


Esas palabras me fascinaron, e insistí más allá de lo razonable para que me lo prestara. Creo que fue en el verano de 1984, cuando Christopher Tolkien me guió por primera vez hasta Arda. Aunque Túrin nunca llegó a ser mi personaje favorito, quedé voluntaria y felizmente atrapado allí. Los relatos reconstruidos por Christopher me descubrieron un mundo donde Elfos, Hombres y Enanos mostraban que el Valor, la Lealtad, la Amistad, el Honor, la Perseverancia y el Amor podían derrotar al Mal absoluto. Era justo lo que aquel chico de trece años, que era un “bicho raro” entre sus compañeros, necesitaba en aquel momento. Desde entonces, Christopher me ha guiado decenas de veces por Arda, que para todos los tolkiendili es nuestro mundo.


Por ello, no puedo menos que expresar mi agradecimiento a Christopher Tolkien por no haber dejado nunca de abrir caminos nuevos en la Tierra Media para que los podamos recorrer con la alegría de los Hobbits, la tenacidad de los Enanos, el valor de los Hombres y la sabiduría de los Elfos. 





viernes, 6 de enero de 2023

LA CARTA DE GASPAR






En el Palacio Invisible de Gaspar,

Gran Zigurat de Babilonia,

a 3 de Enero de 2023.


Queridos L. y A :

Como el año pasado, sólo podemos enviaros una carta de parte de Nosotros Tres. Ya que estamos reunidos en mi Palacio, soy yo, Gaspar, quien le dicta la carta a Qatuqabu, mi paje y escriba. ¡No sé qué haríamos los Tres sin nuestros pajes administrativos, ni sin nuestros pajes itinerantes, ni sin nuestros pajes residentes! Qatuqabu me dice que casi nadie conoce las diferentes categorías de pajes que trabajan con nosotros. Os lo explico en dos palabras; acabo de oír a Baltasar y a Melchor reírse, no se creen que yo sea capaz de explicar algo en dos palabras; [yo tampoco me lo creo]. *Nota secreta de Qatuqabu.*


Bueno, os cuento lo de los pajes. Los pajes administrativos trabajan en nuestros Palacios. Se encargan de organizar todo lo que conlleva el reparto de regalos, así que hay que diferentes puestos que desempeñan, como Qatuqabu que es el mejor escriba de la Historia, y desde que trabajó para la princesa poeta Enheduanna, hasta hoy mismo, ha aprendido a manejar todos los útiles de escritura que ha inventado la Humanidad. 


-Muchas gracias, mi señor.

-Es cierto Qatuqabu, nadie maneja el arte de la escritura como tú.


Los pajes itinerantes son los que conocéis vosotros y todo el mundo. Viajan por los cinco continentes recogiendo las cartas de los niños, bueno y las de los mayores también, organizan y participan en las cabalgatas y nos acompañan en el reparto de los regalos durante cada noche del 5 al 6 de Enero. Aunque contamos con muchos pajes itinerantes en nuestras plantillas, en bastantes ocasiones, también nos ayudan los pajes residentes. A ellos también los conocéis de sobra, son vuestra madre y vuestro padre.


Todas las madres y todos los padres colaboran con nosotros en el reparto de regalos, aunque desgraciadamente, no siempre pueden ayudarnos todo lo que desearían para que sus hijos reciban todos los regalos que se merecen. Ni nosotros mismos podemos llevar a todas las casas todos los regalos. Cuando los poderosos de vuestro mundo actúan sin Fe, ni Esperanza ni Amor, no podemos cumplir todos los deseos de los niños y sus familias.


Como sabéis hay una terrible guerra en Ucrania y temíamos que no podríamos organizar el reparto de regalos allí. Sin embargo, gracias a los pajes residentes de Ucrania y a la solidaridad de muchas personas, como, por ejemplo, varias cofradías salmantinas, entre ellas la vuestra, podremos repartir algunos regalos. Serán muchos menos de los que los niños y las niñas de Ucrania se merecen, pero ojalá pronto podamos llevarles todos los regalos, y sobre todo que puedan vivir en paz.


También es horrible lo que están sufriendo las niñas en Irán y Afganistán. Son dos países que están muy cerca de mi hogar, y a los que viajé muchas veces cuando era joven. Aunque los gobernantes de estos dos países dicen que ellos también rezan al Dios de Abraham, actúan como si no tuvieran Fe en Dios. Nadie puede decir que ama a Dios, si prohíbe que las niñas vayan al colegio, al instituto o a la universidad, o si cuando ya son adultas les impide ser personas y ser libres, como tampoco nadie puede bombardear colegios y hospitales y luego decir que ama a Dios. Al final, han sido más de dos palabras para contaros lo de los pajes, pero también tenemos que acordarnos de los que sufren la guerra y las injusticias.


Antes de terminar la carta, quiero contaros algo personal que sé que os causa mucha curiosidad: ¿por qué vuestro padre siempre os dice que él y yo somos amigos?, porque es así. Hace muchos años para vuestro padre, pero pocos para mí, él participó en una función de su parroquia en Sestao, en la que se representaba como Melchor, Baltasar y yo llegamos a Belén, y encontramos a Jesús para ofrecerle nuestros presentes y nuestro amor y devoción. En esa función, vuestro padre interpretaba al rey Gaspar, es decir a mí mismo. Quería preparar muy bien el papel, así que se puso en contacto conmigo para conocer mejor mi vida, mi personalidad, mis gestos, etc… Nos reunimos muchas veces y charlamos de lo divino y de lo humano, ya sabéis lo que le gusta hablar, por lo que nos hicimos muy buenos amigos y mantenemos el contacto habitualmente, sobre todo en Navidad. Sabed, además, que a vuestro padre le hizo mucha ilusión hacer de mí, del rey Gaspar, y que a mí me hizo mucha ilusión ayudarle a preparar el papel.


Ya ha llegado el momento de despedirnos hasta el año que viene. Melchor, Baltasar, todos los pajes y yo deseamos que os gusten mucho los regalos, que los disfrutéis, que los disfrutéis en familia, que compartáis los buenos momentos con vuestra madre y vuestro padre, con el resto de la familia, con vuestros amigos, que seáis muy felices y que tengáis mucha ilusión siempre. Si vosotros sois felices, si hay muchos niños, jóvenes, adultos, ancianos que son felices y tienen ilusión, el mundo será un lugar mejor para todos.




Muchos besos y abrazos de vuestros amigos los Reyes Magos:


MELCHOR, GASPAR Y BALTASAR


y también de vuestro amigo el escriba:


QATUQABU








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