viernes, 24 de septiembre de 2021

UN DESCANSO EN EL FRENTE OCCIDENTAL

 Estaba repasando sus notas y apuntes, disfrutaba con la búsqueda de la coherencia y de la belleza del idioma, así que, aquella tarea, que para otros podía resultar tediosa, para él suponía un refugio en medio del desastre, el caos y el dolor de la guerra. Sin embargo, no por ello descuidaba sus obligaciones para con sus compañeros de armas. No perdía de vista a su compañía, y permanecía atento a la conversación de aquellos muchachos, hijos de la campiña inglesa, en los que había encontrado todas las virtudes que él apreciaba en un buen camarada y que se necesitaban para la defensa de su país, de sus gentes y paisajes. Sabía que ellos confiaban en él, y no les iba a defraudar, pero, sobre todo, estaba seguro que esos soldados iban a arriesgarlo todo por su compañía, por su teniente, por su tierra y por su rey. Se sentía realmente orgulloso de compartir la suerte de aquellos soldados, que por fin, podían disfrutar de unas horas de tranquilidad, después del tan atronador como mortífero cañoneo alemán.


Dulces recuerdos del hogar, de la familia, de novias y esposas se entremezclaban con canciones groseras, rudos chistes e historias de lugares exóticos a los que ellos nunca habían viajado, y, desgraciadamente, nunca iban a viajar. Cuando la conversación versaba sobre las increíbles riquezas que atesoraban los Emperadores de la China, el soldado de primera Miller pidió a sus compañeros que escucharan una historia, que le había contado un primo segundo de su padre que había estado destinado en Hong Kong, sobre los conocimientos tan extraordinarios que tenían las gentes de aquel país:


“Después de seguir fielmente las enseñanzas de su anciano maestro, el más brillante de sus aprendices le dijo: Maestro, ya nos has enseñado todo lo que hay que saber sobre el noble arte de la caza del dragón, pero, dado que los dragones no existen, ¿qué podemos hacer con lo que nos has enseñado? El anciano miró a su discípulo con afecto y una chispa de sarcasmo en los ojos, y le respondió: Siempre podrás adiestrar a otros en el noble arte de la caza del dragón.”


En cuanto Miller terminó su relato casi todos los soldados rieron con sonoras carcajadas, algunos permanecieron desconcertados, y otros barruntaron que en las palabras de aquel cuento se escondía más sabiduría de lo que parecía. Justo entonces, su oficial; el teniente John Ronald Reuel Tolkien sonrió porque sentía la mayor felicidad que había experimentado desde que su llegada al frente, miró al soldado de primera Miller, y después al resto de la compañía, mientras afirmaba con total seguridad: “Los dragones existen”.



sábado, 18 de septiembre de 2021

LA DECISIÓN

El relato que aparece en esta entrada es una versión corregida y aumentada de un cuento, que presenté a un concurso organizado por la revista literaria Zenda sobre cuentos de Navidad. El enfoque que le dí no era realmente navideño, pero quería dedicarlo a la figura de la Sagrada Familia de la que tenemos menos información: San José, el discreto, valiente, fiable y esposo de Nuestra Señora, y justo, devoto y fiel creyente en Dios. 


José no pronuncia una sola palabra en todo el evangelio, pero estoy seguro de que participó activa y amorosamente en la educación de Jesús. Sin duda lo amó y cuidó como si hubiera sido su hijo biológico, por usar el término actual. Sin olvidar que, antes de que le fuera revelado el origen del estado de  María, José decidió no cumplir rigurosamente la ley de su pueblo, para proteger la vida de su esposa y la del bebé que esperaba María. 


Me parece muy posible que Jesús, como intentamos hacer todos con las enseñanzas de nuestros respectivos padres, utilizara las enseñanzas de su padre adoptivo durante el anuncio de la Buena Nueva de su Padre. De hecho, la genealogía de José es fundamental para que Jesús naciera en Belén; la ciudad de David, aunque no encuentre alojamiento en la misma, a pesar de que María está a punto de dar a luz. 


Durante los meses del confinamiento de 2020, del ERTE, y la enfermedad a la que se enfrentó mi esposa durante el verano del año pasado, el ejemplo de San José, junto al de mi propio padre, me sirvió como modelo para afrontar esas situaciones con discreción, valor y amor. En el pasado Adviento, gracias a la invitación de mi hermano congregante y amigo Pedro Martín y a la iniciativa de nuestro hermano cofrade y amigo Tomás González, tuve la enorme fortuna de poder compartir lo que me ayudaron dichos modelos en la Oración Cofrade de la Coordinadora Diocesana de Cofradías de Salamanca. 


Por todo ello quiero aprovechar mi 50 cumpleaños para intentar este pequeño homenaje y agradecimiento a San José, en el año que le está dedicando la Iglesia con motivo del 150º aniversario de que fuera declarado patrón de la Iglesia, como grandísimo ejemplo que es para todos los que compartimos las imperfecciones propias del ser humano. 




La decisión


“Si abandonas esta casa y te vas a trabajar para ellos, yo dejaré de tener un hijo y tú dejarás de tener un padre.” 


Después de llevarse las manos a la barba, Jacob se dio la vuelta confirmando el fin del parentesco con su hijo menor. Su esposa e hijas guardaban silencio, no les estaba permitido intervenir. Tan sólo, Cleofás, cuya posición de primogénito le permitía mirar a su padre, expresó sutilmente su disgusto, porque no podía contradecir la palabra del anciano. Su hermano pequeño era su debilidad y le dolió la tajante sentencia: a José no se le permitiría volver nunca más al hogar de sus antepasados. 


José, en cambio, no alteró la expresión de su rostro. Estaba decidido, la ciudad de Belén no le ofrecía ningún futuro y debía marcharse. Él no estaba obligado a soportar el mismo yugo  que pesaba sobre su hermano por ser el primogénito de un descendiente de David; rechazar cualquier trato con los impuros gentiles, aunque de ello dependiera la subsistencia propia o la de su familia .


Había oído que en Galilea los idumeos y los romanos estaban levantando una ciudad lejos de la levantisca Jerusalén y que había trabajo abundante para jóvenes fuertes, y hábiles constructores. Además, como se decía en Judea: "nada bueno puede salir de Galilea", así que era fácil imaginar que los contratistas preferirían a un trabajador de cualquier origen, antes que a un galileo. 


Llevándose tan solo una túnica y un manto, se ciñó y, sin poder mirar atrás, cruzó la puerta del hogar paterno. Caminó todo lo rápido que pudo, para abandonar Belén lo antes posible.


No era la primera vez que salía de su ciudad natal, había visitado Jerusalén en las fiestas señaladas por su Fe, pero jamás había realizado un viaje tan largo en solitario y tan lleno de incertidumbres; para llegar a Galilea debía atravesar Samaría y en ambas regiones sería considerado extranjero. Es más, para sus nuevos vecinos, iba a ser un extranjero proveniente de la orgullosa Judea, lo cual no era una perspectiva en absoluto halagüeña. 


Sin embargo, en ese preciso instante, una voz que parecía llegar desde todas partes le habló directamente a lo más profundo de su ser. No pudo entender bien el mensaje, pero esa voz aprobaba su marcha a Galilea y le animaba a seguir adelante. Desde ese momento, su decisión había entrado en los planes de Dios. 



jueves, 9 de septiembre de 2021

Por aquellos ojos

 No conseguía dormir desde que regresó de la última misión que cumplió en Afganistán. Se despertaba sobresaltado varias veces cada noche, y eso, en las ocasiones en que lograba conciliar el sueño relativamente pronto. Tan sólo se sumía en un sueño profundo y reparador unos momentos antes de que llegara la hora de despertarse. El sonido del despertador, a pesar de reproducir su canción favorita: Halelujah de Leonard Cohen, daba paso a un despertar incompleto y desanimado que le hacía sentirse fatigado desde el inicio de cada nuevo día.


Las primeras semanas lo achacó al cansancio acumulado durante el servicio, o al drástico cambio que suponía la vuelta a casa, la vuelta a la normalidad. Pero ¿acaso “normalidad” significa algo? A pesar de los esfuerzos de su familia y amigos, no lograba apartar la desazón y la angustia de sus pensamientos. Estaba en casa, pero aún quedaban muchos amigos allí, en Herat; empezando por sus compañeros del Regimiento de Ingenieros de Salamanca, que seguían sorprendiendo a los afganos cuando veían a las militares españolas cumpliendo con su deber exactamente igual que los hombres, tanto con el fusil, como con la pala.


La guerra, pues tal era la situación de Afganistán, había creado lazos de amistad muy fuertes entre las tropas destinadas allí. No en vano, sus vidas y el éxito de la misión dependía de la confianza en los demás compañeros, de su adiestramiento y del cumplimiento de las precauciones correspondientes. 


También tenía amigos entre el resto de los militares de la ISAF que habían servido o aún permanecían en Afganistán. Salvo contadas excepciones, todos ellos se habían sentido conmovidos por la situación del pueblo afgano. A pesar de que no era raro sufrir el hostigamiento de milicianos simpatizantes con los talibanes, la mayoría de las tropas internacionales que trabajaban más estrechamente con los afganos sentían un sincero aprecio por aquella gente cuyo pasado era terrible, su presente difícil y su futuro incierto y temible.


A él le había conmovido especialmente el relato que, en silencio, le narraban cada día unos ojos dolorosamente enmarcados por un niqab. Aquellos ojos presentaban tanto una belleza de un verde intenso, como una mortificante y profunda herida. Durante los escasos segundos que su vehículo tardaba diariamente en pasar junto al puesto ambulante donde aquella heratí vendía pistachos a las tropas de la ISAF, podía leer en sus ojos todo el sufrimiento del pueblo afgano causado por décadas de guerras y toda el daño infligido a las mujeres afganas por esas guerras y el régimen tiránico de los talibanes. 


Al igual que el resto de la dotación del vehículo, estaba convencido de que la única respuesta que podían ofrecer al relato de la vendedora de pistachos era no dar por cumplida su misión, la misión de toda la ISAF, la misión de todos los gobiernos de los países que participaban en la misma, la misión de sus respectivas sociedades, hasta que las mujeres afganas no tuvieran la oportunidad de aspirar a mucho más que a subsistir con la venta ambulante de pistachos, encerradas en aquella prisión de tejido y... con una más que probable situación de sometimiento humillante en sus casas. 


Por eso, una insoportable y devastadora sensación de frustración y fracaso se apoderó de su ánimo un día de agosto de 2.021, cuando vio la fotografía de la portada del periódico. Junto al muro del aeropuerto de Kabul, en medio de un numeroso grupo de civiles indefensos, los brazos de la vendedora de pistachos levantaban dos criaturas; una niña y un niño, en un intento desesperado para que algún occidental los llevara lo más lejos posible de Afganistán, mientras que las ametralladoras de varias camionetas repletas de talibanes apuntaban hacia aquel desamparado grupo. 


miércoles, 25 de agosto de 2021

LA LUCHA ENTRE PARIENTES DE GONDOR: TOLKIEN DENUNCIA EL CRIMEN Y PECADO DEL RACISMO

 Es sabido que Tolkien escribió su legendarium de la Tierra Media para que hubiera un lugar y una época íntimamente relacionados, con nuestro mundo real donde los personajes hablaran las lenguas que el profesor inventó según sus gustos filológicos y estéticos. Además, Tolkien deseaba dotar a su país: Inglaterra, de una mitología nacional equiparable a la clásica grecorromana o a la nórdica, con el conjunto de cuentos, novelas, cronologías, genealogías, mapas, etcétera que conforman el legendarium, Así pues, como gran obra literaria y mitológica que es el legendarium trata de los grandes temas que preocupan a la Humanidad desde que ésta tomó conciencia de sí misma. No sólo trata de esos temas, sino que también interpela al lector sobre ellos, porque si no lograra conmover tanto la mente, como el espíritu del lector, no podríamos calificarla ni como gran obra literaria, ni tampoco como mitología.


La relación de los humanos con la Trascendencia, con la Tierra y sus criaturas vivientes y con otros humanos son algunos de estos grandes temas que resuenan en las páginas de la obra de Tolkien, incluso en aquellas páginas dedicadas a los tiempos anteriores al nacimiento de los Segundos Hijos de Eru. El Don que Eru tenía reservado a los humanos influyó en los sucesos previos al despertar de la Humanidad, aunque los protagonistas de aquellos tiempos antiguos no fueran conscientes de ello. Por supuesto, desde la aparición de los hombres, el Don de Eru será el eje sobre el que giren todas las acciones de los humanos, ya sean actos heróicos, generosos, buenos, y honorables,  ya sean actos cobardes, egoístas, malvados y mezquinos.


En el presente artículo me centraré en alguno de los actos cobardes, egoístas, malvados y mezquinos como los que desembocaron en una guerra civil en el Reino de Gondor. Si cualquier guerra es una gran desgracia para los pueblos que la padecen, una guerra civil incrementa la gravedad de esa desgracia y provoca la ruina humana, social, económica y  moral de los que la sufren. En una guerra civil se desvelan los peores aspectos de la maldad que puede albergar el ser humano. La causa de la Lucha entre Parientes de Gondor se encontraba en una de esas facetas horribles de los humanos: el racismo.


Más de diez siglos después de la fundación de los reinos númenoreanos en el exilio, el Reino de Gondor alcanzó la cúspide de su poder y desarrollo durante el reinado de Hyarmendacil, pero sus descendientes inmediatos no se preocuparon de proteger activamente su Reino. Fue el bisnieto de Hyarmendacil, el rey Minalcar quien se dio cuenta de la necesidad de fortalecer las defensas y cimientos del Reino, porque si Gondor seguía debilitándose, sería atacado tarde o temprano. Además, Minalcar no se fiaba plenamente de las intenciones de los Hombres del Norte, a pesar del parentesco, que aunque lejano, tenían los norteños con los dunedain. 


Minalcar lanzó una guerra, preventiva se diría hoy en día, contra los Hombres del Este, que además le sirvió para comprobar la fidelidad de Vidugavia, caudillo de los norteños, para con el Reino de Gondor. Después de esta guerra el rey de Gondor adoptó el nombre de Rómendacil y Vidugavia se tituló a sí mismo Rey de Rhovanion. Los lazos de amistad entre Rhovanion y Gondor se afianzaron hasta el punto de que el hijo del Rey de Gondor convivió con Vidugavia y su familia. Durante esta convivencia el príncipe gondoriano se enamoró de la hija de Vidugavia, con la que contrajo matrimonio.


Llamado por su padre a participar en los consejos del Reino, Valacar volvió a Gondor acompañado de su esposa e hijo Vinitharya, acompañados  los tres de un grupo de nobles norteños. Aunque en Gondor, Valacar le dio a su hijo el nombre de Eldacar, algunos aristócratas gondorianos no ocultaron su descontento con la posibilidad de que el hijo de una extranjera llegara a ser Rey de Gondor. Aducían que si Eldacar alcanzaba el trono, la longevidad de los reyes de Gondor y la grandeza del Reino declinarían a causa de la “impureza” de la sangre de Eldacar.

Los rebeldes esgrimían el racista argumento de que la limpieza de sangre númenoreana era fundamental para mantener la majestad de sus reyes y el poderío de Gondor. Sin embargo, olvidaban o pretendían olvidar que la decadencia de Gondor se había iniciado un par de siglos antes y que había sido causada por los propios gondorianos, de manera similar a como le sucedió a Númenor. Además Eldacar fue un hombre que aunó en su persona las mejores características de Gondor y de los Hombres del Norte, así que su capacidad era superior a la del pretendiente a la corona Castamir.


Castamir apoyado por el grueso de la armada se rebeló contra su Rey. Tras una sangrienta guerra, en la que los que pretendían salvaguardar las esencias de Gondor, arrasaron la ciudad de Osgiliath, Castamir se adueñó del trono, y más que un rey fue un tirano cruel para Gondor.


Diez años después, Eldacar logró recuperar su trono con la ayuda de los Hombres del Norte. A partir de ese momento hubo más uniones y descendencia entre la gente de Gondor y la del Norte. A pesar de lo que pensaban los defensores de la pureza de la sangre, no se aceleró el declive de Gondor por dichas uniones. Para la lenta pero continua e inexorable decadencia de Gondor “la causa era sin duda la Tierra Media misma, y la lenta retirada de los dones númenoreanos después de la caída del País de la Estrella” como se nos informa en Los Pueblos de la Tierra Media.


Es decir, Tolkien nos muestra la falacia de la presunta superioridad de los pueblos sin mezcla, sino que, por el contrario, la Casa Real de Gondor recupera parte de su vigor perdido al unirse con familias norteñas. Además, se señala en el relato que quien se engreía por su pureza de sangre se convierte en un tirano cruel. Finalmente, pero no menos importante, en esa interpelación que toda gran obra literaria hace al lector, La Lucha entre Parientes nos advierte de que la decadencia de Gondor, sus problemas, así como buena parte de los males que sufre la Humanidad en la “saga realidad” se deben  a nuestras faltas, a nuestros pecados que diríamos los creyentes. La duda desesperanzada ante la vida y la muerte (el temor al Don de Eru que sufrieron en Númenor y Gondor) y ante la libertad responsable que nuestra mortalidad conlleva, la codicia por los bienes materiales y el desprecio a otros seres humanos son la causa de muchos de los terribles dramas e injusticias que sufre nuestro mundo actual.


miércoles, 11 de agosto de 2021

EL GRAN RELATO

 “Es cierto que algunos pocos, muy pocos de entre los nuestros dudan de que sucediera tal como aún se cuenta, tal como lo seguimos contando nosotros cada noche que no hay Luna. Esos, que piensan más de lo que trabajan, dicen que han pasado muchas generaciones y que algunos hechos se fueron perdiendo de boca a boca, y que otros fueron añadidos por la imaginación o el entusiasmo de los sucesivos narradores. Hasta se atreven a dudar del nombre de nuestros primeros padres, o de que sus hazañas fueran realmente heroicas. Incluso, llegan a decir que Aquellos que Merecen el Olvido no lo merecían, y que no eran como se describe en el relato, en el Gran Relato. Pero nada de eso importa, porque nosotros sabemos que el Gran Relato es cierto, y que esta tierra es nuestra y que nosotros somos de esta tierra.”


Respiró profundamente, mientras el eco de aquellos pensamientos se apagaba para dar paso a los recuerdos que formaban parte del Gran Relato que demostraba la grandeza del Pueblo.

Aquellos exploradores, entre los que se encontraban sus antepasados directos, llegaron al Valle después de haber caminado durante varios inviernos, porque en aquel tiempo la única estación que conocían los años era el invierno. Contemplar aquella tierra libre de hielo, donde el agua corría y crecía la vegetación fue un auténtico regalo para sus ojos. Ahí estaba el merecido premio por los sufrimientos padecidos y la esperanza palpable para el futuro del Pueblo, cuya mayor parte caminaba a un día de distancia siguiendo el rastro que le marcaban los exploradores de la avanzadilla.


El más rápido de los exploradores salió corriendo a avisar al Pueblo del hallazgo del Valle. Las buenas noticias insuflaron nuevas fuerzas a todo el pueblo; guerreros, cazadoras, niños y ancianos como si sus pies no sintieran el peso de todos aquellos años de viaje. En unas pocas horas, todo el Pueblo había llegado al Valle, a su Valle.


La hija del Primer Brazo cazó un ciervo que fue la primicia que el Valle ofreció al Pueblo, y por ello, llamaron a su hogar el Valle del Ciervo. Asimismo, la futura Primer Brazo recibió el título de Sustentadora del Pueblo, y desde entonces a ella eleva el Pueblo sus plegarias cuando la caza escasea.


Al cabo de unos días ya estaban perfectamente asentados en su nuevo hogar, en su hogar, su tierra: el Valle del Ciervo. Así que no tuvieron ninguna duda a la hora de enfrentarse a Aquellos que Merecen el Olvido. No podía haber piedad y no la hubo. El Pueblo había sufrido durante demasiado tiempo como para permitir que Aquellos que Merecen el Olvido le negaran su esperanza y su futuro. Todos  murieron, y como es lógico y justo, nadie del Pueblo recuerda ni sus nombres, ni su lengua.


Satisfecho con su recuerdo del Gran Relato, el actual Primer Brazo hundió los dedos en el cuenco lleno de pigmento ocre y después trazó varias líneas en su rostro y brazos. Todos los guerreros y las cazadoras imitaron el gesto que les revistió de la fuerza y el valor de sus antepasados desde hacía tanto tiempo como el mundo es mundo, como el Pueblo vivía en el Valle del Ciervo. Ahora estaban preparados para luchar, para matar a los Recién Llegados, a los Usurpadores del Valle, porque como se contaba en el Gran Relato aquella tierra era del Pueblo y el Pueblo era de aquella tierra desde siempre y así, iba a ser  para siempre.

lunes, 19 de julio de 2021

PATATAS, TABACO Y PÓLVORA. EXCÉNTRICAS AFICIONES DE LOS HOBBITS

         Uno de los debates recurrentes entre los fans de la obra de Tolkien es el concerniente a la hierba de fumar de los medianos, que en El Hobbit es llamada tabaco directamente. Igualmente, la posibilidad de la existencia de la pólvora en las páginas del legendarium también ha hecho correr ríos de tinta, o de megas a través de la red. Lo mismo sucede con las patatas por las que suspira Sam, mientras guisaba los conejos que Smeagol/Gollum había cazado con las manos desnudas. ¿Cómo es posible que los habitantes de la Tierra Media de hace varios miles de años conocieran un producto originario de China y varios más originarios del Nuevo Mundo? Como Tolkien no daba puntadas sin hilo y era exquisitamente cuidadoso con la coherencia interna y externa de su obra, una conclusión bastante generalizada es que ni el tabaco es tabaco, ni las patatas, patatas, ni la pólvora, pólvora porque aún faltan milenios para que ésta llegue a Europa y para que Colón atravesara el océano Atlántico. No obstante, si nos ponemos muy puristas con los asuntos que no encajan en un mal entendido realismo, no podremos disfrutar de ninguna manera de la lectura de la obra de Tolkien.

La superación de ese realismo mal entendido nos brinda un argumento en favor de las patatas, del tabaco, de la pólvora, de la escritura, o de la metalurgia que no deberían existir en los tiempos en que se desarrolla la trama: la verosimilitud y coherencia interna de las diferentes mitologías y de los cuentos de hadas. No olvidemos, para entender su obra, que Tolkien deseaba dotar de una mitología propia a Inglaterra y de la importancia que los cuentos de hadas tenían en su concepción de la literatura. En todas las mitologías aparecen objetos y artes que no deberían haber existido en la época en que supuestamente se desarrollan las leyendas, de hecho, en  muchas de ellas se explica el origen de tales objetos, sin necesidad de adecuarse ni a la ciencia ni a la evolución histórica. Sin embargo, dichos objetos y artes existían en la época en que los diferentes pueblos "recopilaron" sus mitologías y por ello nos los encontramos en los mitos y leyendas. 


Como todos los mitos son creaciones humanas y habitualmente muy posteriores al periodo en que se sitúa el mito, y además, los más normal es que aquellos redactores supieran poco sobre aquel periodo, las mitologías no reflejaban la realidad del período del relato, ni tan siquiera eran exactamente realista con el periodo en que vivían sus compositores, esta es una circunstancia habitual en todas las artes. Las  mitologías, en realidad, respondían a la imagen que aquellos pueblos tenían de su pasado, y la que deseaban para su actualidad. Una imagen mediante la cual podían justificarse como pueblo ante sí mismos y con la que pretendían asombrar y sobrecoger a los pueblos extranjeros, que, por supuesto, siempre eran bárbaros. 


Así pues no debe extrañarnos, ni tampoco quebrar la coherencia interna de la obra, el hecho de que los hobbits coman patatas, fumen o disfruten de los fuegos artificiales de Gandalf. En más de una ocasión, el profesor Tolkien afirmó, que salvo por la altura, él se consideraba un hobbit. Además, la forma de vida de los hobbits tiene cierta vocación de declaración de amor por la vida tradicional, aunque bastante idealizada, en la campiña inglesa antes de la Revolución industrial. Por ello, los hobbits tienen gustos y costumbres similares a los de Tolkien. Los hobbits fuman en pipa, como el propio Tolkien hacía con bastante distinción. Asimismo, como hemos dicho en las mitologías se suele dar una explicación, no real por supuesto,a algunas situaciones del presente de los creadores o subcreadores, para usar el término tolkieniano, de la mitología. En el caso del tabaco de los hobbits, en el prólogo de El Señor de los Anillos se nos cuenta que fue traída desde el otro lado del mar por los hombres de Oesternesse, así que Tolkien logra incluir sus gustos entre los de los hobbits y además de darle una explicación acorde con las reglas de las mitologías.


Algo similar podemos decir de las patatas, es indudable que los ingleses consumen muchas patatas que incluso protagoniza algunos de sus platos más populares como el fish and chips o la jacket potato, tan identificables son las patatas con los sabores ingleses, que en algunas regiones de España se denomina patatas fritas a la inglesa a la la forma de freírlas típica de la churrerías. Por lo tanto, es totalmente lógico que a los hobbits les encanten las patatas y que, como Sam, piensen que un guiso sin patatas está incompleto. Sin embargo, sería necesario que en el legendarium apareciera una explicación del origen de las patatas. En la versión de Los hijos de Húrin publicada en los Cuentos inconclusos de Númenor y de la Tierra Media Mîm, el enano mezquino ofrece a Túrin y los proscritos un tubérculo, cuyo nombre no quiere dar, pero que cocinado puede suplir la carencia del pan, y que no es conocido por los elfos salvajes, ni ha sido hallado por los elfos grises, pero que los elfos de más allá del mar podrían conocer, pero son demasiado orgullosos para cavar en su busca. Por lo que,cabe la posibilidad de que las patatas también llegaran de Ultramar a la Tierra Media y durante que durante mucho tiempo no sirvieran de alimento a las “élites”.


Quizás el caso de la pólvora sea diferente. Este invento chino es utilizado por los dos más grandes magos de la Tierra Media, Gandalf y Saruman. Si bien el primero la usa para amenizar las fiestas de los hobbits, el segundo la usa como arma de guerra. De hecho, la degradación de Saruman hacia el Mal, le lleva a convertir cualquier cosa en algo que sirva para destruir la Naturaleza, y a todo aquel que se oponga a su ambición de poder. Tolkien nos presenta así, la idea de que un alma dedicada al bien del prójimo puede encontrar un medio para hacer felices a los demás en cualquier instrumento, mientras que un alma corrompida por la codicia encuentra en cualquier instrumento, una herramienta para causar dolor y oprimir a otros seres vivientes.


martes, 22 de junio de 2021

Una teoría sobre el origen de los orcos.

La teoría, o hipótesis, o intuición personal mía que presento a continuación es totalmente especulativa y no la puedo corroborar con textos del profesor. Tan sólo se basa en elucubraciones propias derivadas de múltiples lecturas de la obra de Tolkien, e interpretadas según el contexto social, el desarrollo histórico y el acervo cultural occidental muy influido por el mundial, y sobre todo desde los principios de la Fe católica que era la que profesaba Tolkien y que también profeso yo mismo. También es cierto, que mi amigo y compañero montaraz en la Sociedad Tolkien Española, Pedro Fernández Álvarez Gondowe Endorion me señaló, acertadamente, algunos aspectos en los que mi hipótesis cojea más que los orcos de las películas de Jackson. De hecho, el origen de los orcos forma parte de esa serie de temas de la Tierra Media que no podremos resolver, como también nos sucede con muchos asuntos de la "saga realidad". 


A pesar de ello, como creo que las teorías sobre el origen élfico corrompido o las que apuntan hacia un origen animal de los orcos no acaban de encajar en el legendarium y como además, me parece que mi idea es más acorde con las firmes creencias del profesor, la expongo aventurada, pero humilde y conscientemente. 


“Dicen los sabios de Eressëa que todos los Quendi que cayeron en manos de Melkor, antes de la caída de Utumno, fueron puestos en prisión y por las lentas artes de la crueldad, corrompidos y esclavizados; y así creó Melkor la raza de los Orcos, por envidia y mofa de los Elfos, de los que fueron después los más fieros enemigos.” TOLKIEN, J. R. R, El Silmarillion, Barcelona, Minotauro, 199010, p. 63. 


Tanto por la lectura de El Silmarillion, como por cualquier otro medio todos conocemos esta teoría, que Peter Jackson adjudicó, en su versión cinematográfica, apócrifa y acríticamente a Saruman. Sin embargo opino que no es inevitable deducir que los orcos fueran creados desde elfos  capturados, torturados y corrompidos por Melkor casi desde el momento en que los quendi vieron la luz de las estrellas en Cuiviénen. Hay varios motivos para dudar de esta teoría, el primero nos lo indica el propio Tolkien "Dicen los sabios de Eressëa…". Tolkien escribe el legendarium utilizando la figura del "manuscrito encontrado" y posteriormente traducido y editado por el autor. El "manuscrito encontrado" es un recurso clásico entre los grandes escritores de la literatura occidental, por ejemplo autores tan separados por el tiempo y el espacio como Cervantes, Borges y Umberto Eco lo utilizaron. Pues bien, dado que El Silmarillion es parte de un "manuscrito encontrado" que además se integra en un corpus de cuentos que conforman una mitología para Inglaterra, la teoría del origen élfico corrompido no es más que el mito con el que los afectados por la existencia de los orcos y la maldad de Melkor intentaban explicar el origen de sus enemigos. Es decir, estamos ante una leyenda élfica recogida en el "manuscrito encontrado", pero no es la explicación que el subcreador del legendarium ofrece canónicamente. 


Mi hipótesis consiste en que Melkor utilizó a los elfos secuestrados y torturados como modelo para "crear" a sus criaturas. Del mismo modo que Aulë creó a los enanos, Melkor creó a los orcos. Sin embargo, sólo Eru puede crear verdadera vida pensante, sintiente, completa y libre otorgándole un alma. Así pues, a diferencia de los enanos de Aulë a los que Eru concendió un alma y adoptó como hijos cuando Aulë, humildemente, le pidió perdón a Ilúvatar, los orcos no recibieron ninguna bendición de Eru. Melkor no tenía la más mínima intención de pedir perdón como hizo Aulë, que no creó a los enanos por codicia y para que le sirvieran, sino que los creó por amor a las criaturas vivientes. Melkor, en cambio, creó a los orcos para sus propios fines, para tener servidores y para hacer mofa de la obra de Eru y para oponerse al mismísimo Eru, por lo que los orcos carecieron de alma, de fëa, nunca se les concedió y no pudieron ser libres para optar entre el bien y el mal. De esta manera, siempre fueron criaturas subsidiarias de su "creador", ya fuera Melkor, o más tarde Sauron o Saruman, aunque contaban con una inteligencia que posiblemente fue evolucionando de generación en generación órquica. 

La ausencia de fëa no sólo les impedía ser libres sino que también les apartaba de  la Redención que Eru ofrece siempre a sus Hijos, ya lo sean por creación y ya por adopción. Los hombres que lucharon del lado de Sauron en la Guerra del Anillo fueron perdonados, incluso Faramir nos recuerda que matar otros hombres provoca un sinfín de remordimientos y dudas porque la maldad no es consustancial al ser humano.  También, a Saruman se le ofreció el perdón, incluso Sauron y a Melkor tuvieron en su momento la oportunidad de alcanzar el perdón que rechazaron por orgullo y codicia. En cambio, no se ofreció el perdón a los orcos. 


Por otro lado, si los orcos hubieran sido elfos corrompidos, Melkor habría tenido que destruir su fëa para acabar con su voluntad y su libertad de criterio y no creo que torcer tanto la obra de Ilúvatar estuviera al alcance de su poder. Además, Tolkien, como subcreador, se habría visto obligado a narrar que parte de los Hijos de Eru habían sido abandonados en brazos del mal, sin ninguna posibilidad de salvación, y no creo que a Tolkien le hubiera satisfecho semejante circunstancia. Asimismo, la existencia de un enemigo dotado de inteligencia, pero carente de alma le permite al subcreador de la historia relatar la destrucción de dicho enemigo, sin tener que renunciar ni a su criterio moral, ni a su Fe que se asienta en el Amor divino y en la Esperanza en la Salvación.  De esta manera, no hay ningún problema en matar a los orcos, ya que no pertenecen a la Creación de Eru. Si los orcos hubieran sido creados desde animales, su muerte implicaría un problema moral, porque los animales son criaturas de los valar y, por lo tanto, son criaturas de Eru.


Por su carencia de alma, de libertad de elección entre el Bien y el Mal los orcos también podían cumplir en el legendarium una función inspirada en la de las armas industriales que se emplearon en la Gran Guerra y que desgraciadamente, Tolkien, sus amigos y sus enemigos conocieron de primera mano. Los gases tóxicos, los obuses, las alambradas de espino matan sin que intervenga un ser con alma que tenga la mínima capacidad de apiadarse de la víctima, o de sentir ninguna emoción, aunque ésta fuera negativa. Hasta en el caso de las ametralladoras puede ser similar, ya que la distancia que esas armas mantenían entre los combatientes les impedía sentir esas emociones señaladas un poco más arriba. Es la misma idea que subyace en las opiniones sobre el mayor agravante moral que supone matar de lejos, y la nobleza de las armas blancas vertidas, aunque sean personajes de ficción, respectivamente por Diego de Alatriste y Obi wan Kenobi. 


A pesar de todo ello, de que por haber sido creados incompletamente, sin alma, por Melkor, Sauron o Saruman no podían salvarse, también me gustaría indicar que Tolkien no deja de sentir movido por su Fe y ayudado por su formación humanística cierta piedad y consideración hacia los orcos, de la misma manera que también pudo sentirlas hacia los soldados que estaban en la trinchera enfrentada  a la suya. Efectivamente, la conversación que mantienen Shagrat y Gorbag en el capítulo X del libro cuarto de El Señor de los Anillos destila bastante consideración por el miedo de los orcos hacia sus superiores y  hacia los nâzgul, al combate; por su pena por la suerte de otros orcos; por nostalgia por  alguna época anterior a la Guerra del Anillo y por el anhelo por una libertad que está totalmente fuera de su alcance:


“... Si tenemos una oportunidad de escapar tú y yo por nuestra cuenta, con algunos muchachos de confianza, a algún lugar donde haya un botín bueno y fácil de conseguir, y nada de grandes patrones.

-Ah -exclamó Shagrat-, como en las viejas épocas.” TOLKIEN, J. R. R., El Señor de los Anillos II Las Dos Torres, Barcelona, Minotauro, 198511, p. 489.


Incluso cuando los orcos “alistan” en sus filas a Frodo y Sam, Tolkien nos ofrece una imagen conmovedora sobre la situación de los orcos que ejercían de soldados rasos en las huestes del Enemigo, que seguramente es un eco de sus recuerdos del frente en la Gran Guerra:


“Era una banda de la raza más pequeña arrastrados a pelear en las guerras del Señor Oscuro: no querían otra cosa que terminar con aquella marcha forzada y esquivar los latigazos.” TOLKIEN, J. R. R., El Señor de los Anillos. III El Retorno del Rey, Barcelona, Minotauro, 19857, p. 273.


A pesar de mi propia hipótesis, me gustaría finalizar señalando que probablemente nunca podamos estar seguros de la veracidad de ninguna teoría que pretenda aclarar el origen de los orcos en el legendarium de Tolkien, pero  que sea cual sea la hipótesis que podamos presentar sobre esta cuestión, hay cuatro aspectos que no pueden quedar fuera de la posible hipótesis: la Fe católica del profesor, la tradición cultural en que se educó Tolkien que incluía mucho más que las tradiciones culturales europeas, su calidad de filólogo: científico y amante de las lenguas y su experiencia militar de la Primera Guerra Mundial, para no descontextualizar la obra del profesor, ni desconectar nuestra hipótesis de aquélla. 



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