miércoles, 13 de octubre de 2021

CASTELLANO DE LORENZO SILVA, UNA NOVELA QUE INVITA A REFLEXIONAR

     Entre los regalos de mi cincuenta cumpleaños se hallaba el libro Castellano de Lorenzo Silva, que deseaba leer desde que me enteré de su publicación. En  primer lugar, porque Lorenzo Silva es uno de mis autores favoritos.  Castellano es el vigésimo cuarto libro de Silva que he leído desde que, gracias a una recomendación de Círculo de Lectores, descubrí a Bevilacqua y Chamorro en El alquimista impaciente, y en todas sus obras he disfrutado tanto  de su estilo literario, como del fondo y trasfondo de las mismas. 

En segundo lugar, la revuelta comunera es un episodio de nuestra historia tan interesante como desconocido en la cultura popular. Claro está, que estamos hablando de Historia de España y no contamos con un departamento industrial de agit-prop como Hollywood, ni con un apoyo institucional como en el Reino Unido o Francia. Desgraciadamente, tampoco contamos con el interés de buena parte de la población que se conforma o bien con aquello que sustente los mitos de su zona y que supongan un interés turístico o bien con interpretaciones históricas de escasa base científica pero apoyadas por postulados políticos desde la derecha a la izquierda, tanto local, como nacional y ampliamente difundidas por los medios de comunicación audiovisual.


Además, estamos en el año en que se conmemora el quinto centenario de la derrota de los capitanes comuneros en Villalar, efeméride que da lugar cada 23 de abril, a la celebración anual del día de Castilla y León y cuyo seguimiento el presente año ha sido nulo en, por ejemplo, los telediarios de TVE. En realidad la escasez general de eventos sobre esta conmemoración no ha sido ninguna sorpresa, y no sólo por las dificultades impuestas por la pandemia que ha trastocado nuestras vidas en el último año y medio.


La gesta de Juan Sebastián Elcano culminando la primera circunnavegación a la Tierra tampoco ha recibido la atención que tal logro hubiera merecido. Aunque peor aún, fue el caso del pronunciamiento de Riego. Aquel hito que supuso la renovación de las esperanzas liberales en toda Europa, tras la Restauración absolutista concertada en el Congreso de Viena, tuvo un eco mediático, al menos en lo que yo conozco, total y absolutamente inexistente. Tampoco se destacó como hubiera sido debido, el octavo centenario de la fundación de la Universidad de Salamanca. La Universidad donde me titulé fue una de las pioneras en toda Europa y la primera que ostentó dicho nombre de Universidad. Junto a los actos, que en su día, organizó la propia Universidad de Salamanca y el Colegio Público Padre Manjón, creo que merece la pena destacar la novela de Luis García Jambrina El manuscrito de fuego, donde este autor rinde homenaje a la Universidad salmantina se y además, en el contexto de la rebelión comunera y de la contundente represión que ejerció el Emperador sobre los que osaron recordarle que el primer deber del Rey de Castilla era cumplir las leyes del reino, ya fueran instituciones, ciudades o personas.


Creo que todo lo anterior concuerda con las intenciones que Lorenzo Silva presenta en el inicio del libro, y, que, sin lugar a dudas logra llevar a cabo a lo largo del mismo. Silva manifiesta que, como madrileño que es, su “tradición” es castellana, pero que, como madrileño y castellano que es, esta tradición, esa “identidad” se encontraba muy diluida. Pero sobre todo, y más grave aún, era muy desconocida, cuando no despreciada, por muchos que han convertido sus propias identidades en el único eje de sus vidas y de sus acciones políticas. Debido a ello, Lorenzo Silva se propuso averigüar y presentarnos qué significaba ser castellano, alejándose de los tópicos tan manidos, como erróneos y acercándose al devenir histórico de Castilla y sus gentes.


Por ello, me parece muy acertada la estructura narrativa que ha elegido Lorenzo Silva para esta novela. Él mismo ha comentado que se ha encontrado con lectores que se han extrañado de la estructura de la novela o que, directamente, han dudado de que Castellano fuera una novela. Si bien es cierto que no presenta la estructura narrativa de la mayoría de las novelas, no por ello deja de serlo. De hecho, ya contamos con ejemplos anteriores de novelas con una estructura similar a la de Castellano, como pueden ser algunas de las novelas de Jorge Semprún, especialmente aquellas en las que narra su dramática experiencia en los campos de concentración nazis, o también las novelas de Javier Cercas que, además, han cosechado un merecido éxito entre la crítica y en el público.


En la novela, Lorenzo Silva va alternando un capítulo donde desarrolla sus reflexiones personales extraídas de la presentación de diferentes personajes y hechos históricos y obras de la literatura de Castilla, así como del paisaje y del paisanaje castellanos, con otro capítulo en el que noveliza, con un estilo más cercano a la crónica, que a la novela histórica en voga repleta de pretensiones hiperrealistas. Personalmente, agradezco la elección de Lorenzo Silva en el tono que ha empleado en la novela. En su relato de la rebelión comunera Silva no oculta sus simpatías por los comuneros pero su elegante y precisa narrativa permite que la novela refleje verosímilmente los hechos. Todo ello, sin que el escritor tenga que renunciar a la faceta más creativa y artística de su tarea mediante la inclusión de las necesarias licencias literarias que aportan la belleza al relato para que el lector disfrute de la novela.


Silva logra todo ello sin alardes imaginativos que desvirtúen la realidad  de los hechos narrados y sin entrar en el superfluo detallismo en la ambientación histórica de la trama del que se abusa en muchas novelas históricas, pero que ni aporta precisión al relato de los hechos, ni facilita su comprensión. La narrativa de Lorenzo Silva produce en el lector el mismo efecto que producía la de Miguel Delibes; la sencillez y la claridad no están reñidas ni con la belleza y la emoción en la literatura, ni con la precisión en la descripción de Castilla y sus gentes.


Entrando ya en el fondo de la novela, me gustaría aportar una idea a los capítulos centrados en la revuelta comunera: el carácter “ciudadano” de la misma. Fueron las principales ciudades de Castilla quienes se levantaron contra las cargas injustas e ilegales que el rey quería imponer. Castilla no era un reino absolutista, el Rey no podía imponer su voluntad ni a los nobles (aunque éstos lo hicieran a sus vasallos), ni a las ciudades que es lo que más nos interesa en este caso. Los habitantes de las ciudades gozaban de algunos derechos y libertades inusuales por aquella época, en toda Europa. En ese contexto urbano, el clero más cultivado, la baja nobleza urbana y una más que incipiente burguesía comercial podían haber dotado a Castilla de los mimbres necesarios para alcanzar un desarrollo económico basado en el conocimiento, el comercio, y por qué no, en la industria equiparable al que admiramos en el Norte de Italia, la cuenca del Rin, Inglaterra o el mismo Flandes, pero la derrota de la causa comunera y la posterior represión de Carlos I impidieron que tal posible desarrollo pudiera tener lugar.


La represión que ejerció el emperador supuso el inicio de la “desurbanización” de Castilla, y un gran perjuicio para el dinamismo social y económico de las ciudades castellanas, con la excepción de Burgos por motivos que Silva explica perfectamente en la novela. Como también es ajustada la queja del autor hacia esa opinión, que si bien cada vez es menos habitual, aún se resiste a desaparecer, que critica a los comuneros por dejarse llevar por ideas e influencias extranjeras. Dejando aparte que no hay nada intrínsecamente malo en adoptar ideas extranjeras cuando éstas son buenas; en el caso de los comuneros sus ideas habían surgido y habían sido propuestas en las ciudades castellanas por los sectores más cultivados y mejor formados del clero, basándose en  su Fe católica y en la de la filosofía clásica. Sin embargo, de nuevo, la represión imperial provocó la mengua constante de este fenómeno hasta su casi total desaparición, con unas consecuencias culturales, científicas, económicas y sociales que hemos arrastrado durante siglos en España. 


Por otro lado, los capítulos en los que Silva evoca otros acontecimientos, personajes y paisajes, no sólo le permiten al autor mostrarnos su concepción de lo que caracteriza a Castilla y a sus gentes, sino que también le aportan al lector más elementos para entender dicha tierra, mientras se van refutando los números tópicos que durante siglos se han vertido sobre Castilla, incluso por parte de aquellos que pretendían  mostrar manifestar su cariño y admiración hacia la misma.


Destaca, entre otros hechos, el que Castilla naciera como un territorio de frontera y de mestizaje. Los descendientes de la  población que vivía allí desde antes de la llegada de los romanos, que se fundió con éstos, después con los visigodos y no abandonó sus valles tras la invasión árabe, se unieron, desde los últimos años del siglo VIII, a gentes que llegaron de la cornisa cantábrica, y, más tarde, del resto de Europa, al mismo tiempo que incorporan población musulmana según avanza su expansión hacia el Sur. En este aspecto, me gustaría destacar la importancia, que en mi opinión, se merece la fusión entre aquella población con los vascones, llegados desde los valles limítrofes por el Norte a su territorio. La lengua de los vascones, que ya había sido influida por el latín, influyó, a su vez, en que aquella primera lengua castellana se apartara definitivamente del latín. 


Asimismo, Silva nos recuerda que en su avance hacia el Sur, Castilla y su lengua asimilaron muchos y muy significativos elementos árabes para dar lugar a la lengua que hablamos hoy en día unos 500 millones de hispanohablantes, como primera lengua. Cifra a la que debemos sumar el gran número de personas que aprenden español como segunda lengua, (siendo la ciudad de Salamanca un referente mundial para su aprendizaje) convirtiendo al español en la tercera lengua más hablada actualmente en el mundo. No cabe duda,además, de que el prestigio de la lengua española tiene siglos de historia gracias a los grandes clásicos de nuestra literatura que son leídos y estudiados en todo el mundo. En este aspecto es significativo que el protagonista de la novela cumbre de la literatura  mundial  sea un hidalgo y caballero castellano: El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. Como también es significativo que Miguel de Cervantes propusiera que el autor del “manuscrito encontrado” que otorga verosimilitud a su novela, hubiera sido obra de Cide Hamete Benengeli escritor “arábigo y manchego”, circunstancias que no habrían extrañado a  nadie en tiempos de Cervantes.


Absolutamente interrelacionado con el mestizaje nos encontramos con el “espíritu de la Frontera”. El mismo espíritu que Hollywood ha ensalzado como uno de los valores de EE UU, ya se daba en Castilla siglos antes de la conquista del Lejano Oeste (concepto que en la geografía española sería perfectamente aplicable a varias de las provincias de la España vaciada y alejada artificialmente de los centros de poder del país). Lorenzo Silva nos señala como ejemplo de este “espíritu de la Frontera” a Rodrigo Díaz de Vivar, quien, por otra parte, también puede ser calificado como un “hombre hecho a sí mismo” al que ninguna dificultad altera su carácter fuerte y decidido, pero sereno. Rodrigo Díaz de Vivar también es un hito de la lengua y literatura castellanas, desde que un poeta anónimo compusiera El Cantar de Mio Cid, una de las obras mayores de la épica europea. El autor del Cantar nos relata algunas de las más importantes gestas del Cid de una manera tan bella y vívida que las imágenes surgen en la mente del lector, como si estuviera viendo un western de John Ford o Howard Hawks, por cerrar el círculo de la Frontera retratada por Hollywood. Además aquel poeta nos regaló en un conocidísimo verso, pronunciando por la burgaleses que ven partir al Cid al destierro, un resumen de la Historia de Castilla y de toda España: “¡Dios, qué buen vassalo! ¡Si oviesse buen señor!”.


Ese espíritu de la Frontera imprimió al modo de ser castellano algunos rasgos como el valor, la lealtad sin caer en la sumisión, el sentido del deber y cierto igualitarismo al que podían aspirar aquellos que demostraran poseer los valores anteriores. Este carácter y las ideas, basadas en la Fe católica,  que defendía el clero más ilustrado se reflejaron después, en la conquista del Nuevo Mundo y en la organización de los virreinatos ultramarinos.  


A diferencia de lo que sucedía en otros imperios europeos, no se constituyeron colonias al servicio de la metrópoli, sino que se crearon virreinatos, como los que existían en los reinos peninsulares, de hecho, la propia Castilla fue gobernada por un Virrey en varias ocasiones. La Ley afirmaba que los indios eran súbditos de la Corona de la misma forma que los castellanos, y las élites indígenas tenían acceso a títulos de nobleza y grandeza de España, al igual que las élites peninsulares. Si bien es cierto, como nos recuerda Lorenzo Silva que no en vano ejerció como abogado, que los incumplimientos de la Ley fueron continuos y habituales, tanto en la América española, como en los reinos peninsulares. Pero, es reseñable, que ninguna otra nación contempló en sus leyes la equiparación de sus súbditos ultramarinos con sus súbditos europeos. Es más, otros países evitaron por todos los medios posibles el mestizaje y los matrimonios entre los europeos y los pobladores indígenas, mientras que en el caso español los matrimonios mixtos fueron totalmente habituales, como habían sido en España.


Por todo lo anterior, el libro de Lorenzo Silva es una obra más que recomendable. Literariamente su prosa logra transmitir al lector los sentimientos del autor con sencillez, belleza e inteligencia como es habitual en las novelas de Lorenzo Silva, que como he dicho más arriba, nos recuerda a la perfecta prosa de Miguel Delibes. Además estamos ante un libro cuya lectura no presenta dificultades artificiales, pero que estimula al lector, como ha hecho conmigo, a reflexionar sobre lo que narra, tanto en torno a la revuelta comunera, como en el resto de los temas que trata. Castellano es un libro muy necesario para conocer y entender mejor a toda esa parte de España que a lo largo de la historia se llamó Castilla, y también para conocer y entender mejor al resto de España. Además, como expresión artística del espíritu y de la inteligencia humana que es, esta novela nos conmueve y nos ayuda a conocernos y entendernos mejor a cada uno de nosotros como seres humanos y como sociedad.


Finalmente quería indicar que, además de la satisfacción que me ha producido la lectura de Castellano, la alegría que me he llevado al ver el nombre de mi amigo Enrique Berzal entre las citas de agradecimientos del autor de la novela.




viernes, 24 de septiembre de 2021

UN DESCANSO EN EL FRENTE OCCIDENTAL

 Estaba repasando sus notas y apuntes, disfrutaba con la búsqueda de la coherencia y de la belleza del idioma, así que, aquella tarea, que para otros podía resultar tediosa, para él suponía un refugio en medio del desastre, el caos y el dolor de la guerra. Sin embargo, no por ello descuidaba sus obligaciones para con sus compañeros de armas. No perdía de vista a su compañía, y permanecía atento a la conversación de aquellos muchachos, hijos de la campiña inglesa, en los que había encontrado todas las virtudes que él apreciaba en un buen camarada y que se necesitaban para la defensa de su país, de sus gentes y paisajes. Sabía que ellos confiaban en él, y no les iba a defraudar, pero, sobre todo, estaba seguro que esos soldados iban a arriesgarlo todo por su compañía, por su teniente, por su tierra y por su rey. Se sentía realmente orgulloso de compartir la suerte de aquellos soldados, que por fin, podían disfrutar de unas horas de tranquilidad, después del tan atronador como mortífero cañoneo alemán.


Dulces recuerdos del hogar, de la familia, de novias y esposas se entremezclaban con canciones groseras, rudos chistes e historias de lugares exóticos a los que ellos nunca habían viajado, y, desgraciadamente, nunca iban a viajar. Cuando la conversación versaba sobre las increíbles riquezas que atesoraban los Emperadores de la China, el soldado de primera Miller pidió a sus compañeros que escucharan una historia, que le había contado un primo segundo de su padre que había estado destinado en Hong Kong, sobre los conocimientos tan extraordinarios que tenían las gentes de aquel país:


“Después de seguir fielmente las enseñanzas de su anciano maestro, el más brillante de sus aprendices le dijo: Maestro, ya nos has enseñado todo lo que hay que saber sobre el noble arte de la caza del dragón, pero, dado que los dragones no existen, ¿qué podemos hacer con lo que nos has enseñado? El anciano miró a su discípulo con afecto y una chispa de sarcasmo en los ojos, y le respondió: Siempre podrás adiestrar a otros en el noble arte de la caza del dragón.”


En cuanto Miller terminó su relato casi todos los soldados rieron con sonoras carcajadas, algunos permanecieron desconcertados, y otros barruntaron que en las palabras de aquel cuento se escondía más sabiduría de lo que parecía. Justo entonces, su oficial; el teniente John Ronald Reuel Tolkien sonrió porque sentía la mayor felicidad que había experimentado desde que su llegada al frente, miró al soldado de primera Miller, y después al resto de la compañía, mientras afirmaba con total seguridad: “Los dragones existen”.



sábado, 18 de septiembre de 2021

LA DECISIÓN

El relato que aparece en esta entrada es una versión corregida y aumentada de un cuento, que presenté a un concurso organizado por la revista literaria Zenda sobre cuentos de Navidad. El enfoque que le dí no era realmente navideño, pero quería dedicarlo a la figura de la Sagrada Familia de la que tenemos menos información: San José, el discreto, valiente, fiable y esposo de Nuestra Señora, y justo, devoto y fiel creyente en Dios. 


José no pronuncia una sola palabra en todo el evangelio, pero estoy seguro de que participó activa y amorosamente en la educación de Jesús. Sin duda lo amó y cuidó como si hubiera sido su hijo biológico, por usar el término actual. Sin olvidar que, antes de que le fuera revelado el origen del estado de  María, José decidió no cumplir rigurosamente la ley de su pueblo, para proteger la vida de su esposa y la del bebé que esperaba María. 


Me parece muy posible que Jesús, como intentamos hacer todos con las enseñanzas de nuestros respectivos padres, utilizara las enseñanzas de su padre adoptivo durante el anuncio de la Buena Nueva de su Padre. De hecho, la genealogía de José es fundamental para que Jesús naciera en Belén; la ciudad de David, aunque no encuentre alojamiento en la misma, a pesar de que María está a punto de dar a luz. 


Durante los meses del confinamiento de 2020, del ERTE, y la enfermedad a la que se enfrentó mi esposa durante el verano del año pasado, el ejemplo de San José, junto al de mi propio padre, me sirvió como modelo para afrontar esas situaciones con discreción, valor y amor. En el pasado Adviento, gracias a la invitación de mi hermano congregante y amigo Pedro Martín y a la iniciativa de nuestro hermano cofrade y amigo Tomás González, tuve la enorme fortuna de poder compartir lo que me ayudaron dichos modelos en la Oración Cofrade de la Coordinadora Diocesana de Cofradías de Salamanca. 


Por todo ello quiero aprovechar mi 50 cumpleaños para intentar este pequeño homenaje y agradecimiento a San José, en el año que le está dedicando la Iglesia con motivo del 150º aniversario de que fuera declarado patrón de la Iglesia, como grandísimo ejemplo que es para todos los que compartimos las imperfecciones propias del ser humano. 




La decisión


“Si abandonas esta casa y te vas a trabajar para ellos, yo dejaré de tener un hijo y tú dejarás de tener un padre.” 


Después de llevarse las manos a la barba, Jacob se dio la vuelta confirmando el fin del parentesco con su hijo menor. Su esposa e hijas guardaban silencio, no les estaba permitido intervenir. Tan sólo, Cleofás, cuya posición de primogénito le permitía mirar a su padre, expresó sutilmente su disgusto, porque no podía contradecir la palabra del anciano. Su hermano pequeño era su debilidad y le dolió la tajante sentencia: a José no se le permitiría volver nunca más al hogar de sus antepasados. 


José, en cambio, no alteró la expresión de su rostro. Estaba decidido, la ciudad de Belén no le ofrecía ningún futuro y debía marcharse. Él no estaba obligado a soportar el mismo yugo  que pesaba sobre su hermano por ser el primogénito de un descendiente de David; rechazar cualquier trato con los impuros gentiles, aunque de ello dependiera la subsistencia propia o la de su familia .


Había oído que en Galilea los idumeos y los romanos estaban levantando una ciudad lejos de la levantisca Jerusalén y que había trabajo abundante para jóvenes fuertes, y hábiles constructores. Además, como se decía en Judea: "nada bueno puede salir de Galilea", así que era fácil imaginar que los contratistas preferirían a un trabajador de cualquier origen, antes que a un galileo. 


Llevándose tan solo una túnica y un manto, se ciñó y, sin poder mirar atrás, cruzó la puerta del hogar paterno. Caminó todo lo rápido que pudo, para abandonar Belén lo antes posible.


No era la primera vez que salía de su ciudad natal, había visitado Jerusalén en las fiestas señaladas por su Fe, pero jamás había realizado un viaje tan largo en solitario y tan lleno de incertidumbres; para llegar a Galilea debía atravesar Samaría y en ambas regiones sería considerado extranjero. Es más, para sus nuevos vecinos, iba a ser un extranjero proveniente de la orgullosa Judea, lo cual no era una perspectiva en absoluto halagüeña. 


Sin embargo, en ese preciso instante, una voz que parecía llegar desde todas partes le habló directamente a lo más profundo de su ser. No pudo entender bien el mensaje, pero esa voz aprobaba su marcha a Galilea y le animaba a seguir adelante. Desde ese momento, su decisión había entrado en los planes de Dios. 



jueves, 9 de septiembre de 2021

Por aquellos ojos

 No conseguía dormir desde que regresó de la última misión que cumplió en Afganistán. Se despertaba sobresaltado varias veces cada noche, y eso, en las ocasiones en que lograba conciliar el sueño relativamente pronto. Tan sólo se sumía en un sueño profundo y reparador unos momentos antes de que llegara la hora de despertarse. El sonido del despertador, a pesar de reproducir su canción favorita: Halelujah de Leonard Cohen, daba paso a un despertar incompleto y desanimado que le hacía sentirse fatigado desde el inicio de cada nuevo día.


Las primeras semanas lo achacó al cansancio acumulado durante el servicio, o al drástico cambio que suponía la vuelta a casa, la vuelta a la normalidad. Pero ¿acaso “normalidad” significa algo? A pesar de los esfuerzos de su familia y amigos, no lograba apartar la desazón y la angustia de sus pensamientos. Estaba en casa, pero aún quedaban muchos amigos allí, en Herat; empezando por sus compañeros del Regimiento de Ingenieros de Salamanca, que seguían sorprendiendo a los afganos cuando veían a las militares españolas cumpliendo con su deber exactamente igual que los hombres, tanto con el fusil, como con la pala.


La guerra, pues tal era la situación de Afganistán, había creado lazos de amistad muy fuertes entre las tropas destinadas allí. No en vano, sus vidas y el éxito de la misión dependía de la confianza en los demás compañeros, de su adiestramiento y del cumplimiento de las precauciones correspondientes. 


También tenía amigos entre el resto de los militares de la ISAF que habían servido o aún permanecían en Afganistán. Salvo contadas excepciones, todos ellos se habían sentido conmovidos por la situación del pueblo afgano. A pesar de que no era raro sufrir el hostigamiento de milicianos simpatizantes con los talibanes, la mayoría de las tropas internacionales que trabajaban más estrechamente con los afganos sentían un sincero aprecio por aquella gente cuyo pasado era terrible, su presente difícil y su futuro incierto y temible.


A él le había conmovido especialmente el relato que, en silencio, le narraban cada día unos ojos dolorosamente enmarcados por un niqab. Aquellos ojos presentaban tanto una belleza de un verde intenso, como una mortificante y profunda herida. Durante los escasos segundos que su vehículo tardaba diariamente en pasar junto al puesto ambulante donde aquella heratí vendía pistachos a las tropas de la ISAF, podía leer en sus ojos todo el sufrimiento del pueblo afgano causado por décadas de guerras y toda el daño infligido a las mujeres afganas por esas guerras y el régimen tiránico de los talibanes. 


Al igual que el resto de la dotación del vehículo, estaba convencido de que la única respuesta que podían ofrecer al relato de la vendedora de pistachos era no dar por cumplida su misión, la misión de toda la ISAF, la misión de todos los gobiernos de los países que participaban en la misma, la misión de sus respectivas sociedades, hasta que las mujeres afganas no tuvieran la oportunidad de aspirar a mucho más que a subsistir con la venta ambulante de pistachos, encerradas en aquella prisión de tejido y... con una más que probable situación de sometimiento humillante en sus casas. 


Por eso, una insoportable y devastadora sensación de frustración y fracaso se apoderó de su ánimo un día de agosto de 2.021, cuando vio la fotografía de la portada del periódico. Junto al muro del aeropuerto de Kabul, en medio de un numeroso grupo de civiles indefensos, los brazos de la vendedora de pistachos levantaban dos criaturas; una niña y un niño, en un intento desesperado para que algún occidental los llevara lo más lejos posible de Afganistán, mientras que las ametralladoras de varias camionetas repletas de talibanes apuntaban hacia aquel desamparado grupo. 


miércoles, 25 de agosto de 2021

LA LUCHA ENTRE PARIENTES DE GONDOR: TOLKIEN DENUNCIA EL CRIMEN Y PECADO DEL RACISMO

 Es sabido que Tolkien escribió su legendarium de la Tierra Media para que hubiera un lugar y una época íntimamente relacionados, con nuestro mundo real donde los personajes hablaran las lenguas que el profesor inventó según sus gustos filológicos y estéticos. Además, Tolkien deseaba dotar a su país: Inglaterra, de una mitología nacional equiparable a la clásica grecorromana o a la nórdica, con el conjunto de cuentos, novelas, cronologías, genealogías, mapas, etcétera que conforman el legendarium, Así pues, como gran obra literaria y mitológica que es el legendarium trata de los grandes temas que preocupan a la Humanidad desde que ésta tomó conciencia de sí misma. No sólo trata de esos temas, sino que también interpela al lector sobre ellos, porque si no lograra conmover tanto la mente, como el espíritu del lector, no podríamos calificarla ni como gran obra literaria, ni tampoco como mitología.


La relación de los humanos con la Trascendencia, con la Tierra y sus criaturas vivientes y con otros humanos son algunos de estos grandes temas que resuenan en las páginas de la obra de Tolkien, incluso en aquellas páginas dedicadas a los tiempos anteriores al nacimiento de los Segundos Hijos de Eru. El Don que Eru tenía reservado a los humanos influyó en los sucesos previos al despertar de la Humanidad, aunque los protagonistas de aquellos tiempos antiguos no fueran conscientes de ello. Por supuesto, desde la aparición de los hombres, el Don de Eru será el eje sobre el que giren todas las acciones de los humanos, ya sean actos heróicos, generosos, buenos, y honorables,  ya sean actos cobardes, egoístas, malvados y mezquinos.


En el presente artículo me centraré en alguno de los actos cobardes, egoístas, malvados y mezquinos como los que desembocaron en una guerra civil en el Reino de Gondor. Si cualquier guerra es una gran desgracia para los pueblos que la padecen, una guerra civil incrementa la gravedad de esa desgracia y provoca la ruina humana, social, económica y  moral de los que la sufren. En una guerra civil se desvelan los peores aspectos de la maldad que puede albergar el ser humano. La causa de la Lucha entre Parientes de Gondor se encontraba en una de esas facetas horribles de los humanos: el racismo.


Más de diez siglos después de la fundación de los reinos númenoreanos en el exilio, el Reino de Gondor alcanzó la cúspide de su poder y desarrollo durante el reinado de Hyarmendacil, pero sus descendientes inmediatos no se preocuparon de proteger activamente su Reino. Fue el bisnieto de Hyarmendacil, el rey Minalcar quien se dio cuenta de la necesidad de fortalecer las defensas y cimientos del Reino, porque si Gondor seguía debilitándose, sería atacado tarde o temprano. Además, Minalcar no se fiaba plenamente de las intenciones de los Hombres del Norte, a pesar del parentesco, que aunque lejano, tenían los norteños con los dunedain. 


Minalcar lanzó una guerra, preventiva se diría hoy en día, contra los Hombres del Este, que además le sirvió para comprobar la fidelidad de Vidugavia, caudillo de los norteños, para con el Reino de Gondor. Después de esta guerra el rey de Gondor adoptó el nombre de Rómendacil y Vidugavia se tituló a sí mismo Rey de Rhovanion. Los lazos de amistad entre Rhovanion y Gondor se afianzaron hasta el punto de que el hijo del Rey de Gondor convivió con Vidugavia y su familia. Durante esta convivencia el príncipe gondoriano se enamoró de la hija de Vidugavia, con la que contrajo matrimonio.


Llamado por su padre a participar en los consejos del Reino, Valacar volvió a Gondor acompañado de su esposa e hijo Vinitharya, acompañados  los tres de un grupo de nobles norteños. Aunque en Gondor, Valacar le dio a su hijo el nombre de Eldacar, algunos aristócratas gondorianos no ocultaron su descontento con la posibilidad de que el hijo de una extranjera llegara a ser Rey de Gondor. Aducían que si Eldacar alcanzaba el trono, la longevidad de los reyes de Gondor y la grandeza del Reino declinarían a causa de la “impureza” de la sangre de Eldacar.

Los rebeldes esgrimían el racista argumento de que la limpieza de sangre númenoreana era fundamental para mantener la majestad de sus reyes y el poderío de Gondor. Sin embargo, olvidaban o pretendían olvidar que la decadencia de Gondor se había iniciado un par de siglos antes y que había sido causada por los propios gondorianos, de manera similar a como le sucedió a Númenor. Además Eldacar fue un hombre que aunó en su persona las mejores características de Gondor y de los Hombres del Norte, así que su capacidad era superior a la del pretendiente a la corona Castamir.


Castamir apoyado por el grueso de la armada se rebeló contra su Rey. Tras una sangrienta guerra, en la que los que pretendían salvaguardar las esencias de Gondor, arrasaron la ciudad de Osgiliath, Castamir se adueñó del trono, y más que un rey fue un tirano cruel para Gondor.


Diez años después, Eldacar logró recuperar su trono con la ayuda de los Hombres del Norte. A partir de ese momento hubo más uniones y descendencia entre la gente de Gondor y la del Norte. A pesar de lo que pensaban los defensores de la pureza de la sangre, no se aceleró el declive de Gondor por dichas uniones. Para la lenta pero continua e inexorable decadencia de Gondor “la causa era sin duda la Tierra Media misma, y la lenta retirada de los dones númenoreanos después de la caída del País de la Estrella” como se nos informa en Los Pueblos de la Tierra Media.


Es decir, Tolkien nos muestra la falacia de la presunta superioridad de los pueblos sin mezcla, sino que, por el contrario, la Casa Real de Gondor recupera parte de su vigor perdido al unirse con familias norteñas. Además, se señala en el relato que quien se engreía por su pureza de sangre se convierte en un tirano cruel. Finalmente, pero no menos importante, en esa interpelación que toda gran obra literaria hace al lector, La Lucha entre Parientes nos advierte de que la decadencia de Gondor, sus problemas, así como buena parte de los males que sufre la Humanidad en la “saga realidad” se deben  a nuestras faltas, a nuestros pecados que diríamos los creyentes. La duda desesperanzada ante la vida y la muerte (el temor al Don de Eru que sufrieron en Númenor y Gondor) y ante la libertad responsable que nuestra mortalidad conlleva, la codicia por los bienes materiales y el desprecio a otros seres humanos son la causa de muchos de los terribles dramas e injusticias que sufre nuestro mundo actual.


miércoles, 11 de agosto de 2021

EL GRAN RELATO

 “Es cierto que algunos pocos, muy pocos de entre los nuestros dudan de que sucediera tal como aún se cuenta, tal como lo seguimos contando nosotros cada noche que no hay Luna. Esos, que piensan más de lo que trabajan, dicen que han pasado muchas generaciones y que algunos hechos se fueron perdiendo de boca a boca, y que otros fueron añadidos por la imaginación o el entusiasmo de los sucesivos narradores. Hasta se atreven a dudar del nombre de nuestros primeros padres, o de que sus hazañas fueran realmente heroicas. Incluso, llegan a decir que Aquellos que Merecen el Olvido no lo merecían, y que no eran como se describe en el relato, en el Gran Relato. Pero nada de eso importa, porque nosotros sabemos que el Gran Relato es cierto, y que esta tierra es nuestra y que nosotros somos de esta tierra.”


Respiró profundamente, mientras el eco de aquellos pensamientos se apagaba para dar paso a los recuerdos que formaban parte del Gran Relato que demostraba la grandeza del Pueblo.

Aquellos exploradores, entre los que se encontraban sus antepasados directos, llegaron al Valle después de haber caminado durante varios inviernos, porque en aquel tiempo la única estación que conocían los años era el invierno. Contemplar aquella tierra libre de hielo, donde el agua corría y crecía la vegetación fue un auténtico regalo para sus ojos. Ahí estaba el merecido premio por los sufrimientos padecidos y la esperanza palpable para el futuro del Pueblo, cuya mayor parte caminaba a un día de distancia siguiendo el rastro que le marcaban los exploradores de la avanzadilla.


El más rápido de los exploradores salió corriendo a avisar al Pueblo del hallazgo del Valle. Las buenas noticias insuflaron nuevas fuerzas a todo el pueblo; guerreros, cazadoras, niños y ancianos como si sus pies no sintieran el peso de todos aquellos años de viaje. En unas pocas horas, todo el Pueblo había llegado al Valle, a su Valle.


La hija del Primer Brazo cazó un ciervo que fue la primicia que el Valle ofreció al Pueblo, y por ello, llamaron a su hogar el Valle del Ciervo. Asimismo, la futura Primer Brazo recibió el título de Sustentadora del Pueblo, y desde entonces a ella eleva el Pueblo sus plegarias cuando la caza escasea.


Al cabo de unos días ya estaban perfectamente asentados en su nuevo hogar, en su hogar, su tierra: el Valle del Ciervo. Así que no tuvieron ninguna duda a la hora de enfrentarse a Aquellos que Merecen el Olvido. No podía haber piedad y no la hubo. El Pueblo había sufrido durante demasiado tiempo como para permitir que Aquellos que Merecen el Olvido le negaran su esperanza y su futuro. Todos  murieron, y como es lógico y justo, nadie del Pueblo recuerda ni sus nombres, ni su lengua.


Satisfecho con su recuerdo del Gran Relato, el actual Primer Brazo hundió los dedos en el cuenco lleno de pigmento ocre y después trazó varias líneas en su rostro y brazos. Todos los guerreros y las cazadoras imitaron el gesto que les revistió de la fuerza y el valor de sus antepasados desde hacía tanto tiempo como el mundo es mundo, como el Pueblo vivía en el Valle del Ciervo. Ahora estaban preparados para luchar, para matar a los Recién Llegados, a los Usurpadores del Valle, porque como se contaba en el Gran Relato aquella tierra era del Pueblo y el Pueblo era de aquella tierra desde siempre y así, iba a ser  para siempre.

lunes, 19 de julio de 2021

PATATAS, TABACO Y PÓLVORA. EXCÉNTRICAS AFICIONES DE LOS HOBBITS

         Uno de los debates recurrentes entre los fans de la obra de Tolkien es el concerniente a la hierba de fumar de los medianos, que en El Hobbit es llamada tabaco directamente. Igualmente, la posibilidad de la existencia de la pólvora en las páginas del legendarium también ha hecho correr ríos de tinta, o de megas a través de la red. Lo mismo sucede con las patatas por las que suspira Sam, mientras guisaba los conejos que Smeagol/Gollum había cazado con las manos desnudas. ¿Cómo es posible que los habitantes de la Tierra Media de hace varios miles de años conocieran un producto originario de China y varios más originarios del Nuevo Mundo? Como Tolkien no daba puntadas sin hilo y era exquisitamente cuidadoso con la coherencia interna y externa de su obra, una conclusión bastante generalizada es que ni el tabaco es tabaco, ni las patatas, patatas, ni la pólvora, pólvora porque aún faltan milenios para que ésta llegue a Europa y para que Colón atravesara el océano Atlántico. No obstante, si nos ponemos muy puristas con los asuntos que no encajan en un mal entendido realismo, no podremos disfrutar de ninguna manera de la lectura de la obra de Tolkien.

La superación de ese realismo mal entendido nos brinda un argumento en favor de las patatas, del tabaco, de la pólvora, de la escritura, o de la metalurgia que no deberían existir en los tiempos en que se desarrolla la trama: la verosimilitud y coherencia interna de las diferentes mitologías y de los cuentos de hadas. No olvidemos, para entender su obra, que Tolkien deseaba dotar de una mitología propia a Inglaterra y de la importancia que los cuentos de hadas tenían en su concepción de la literatura. En todas las mitologías aparecen objetos y artes que no deberían haber existido en la época en que supuestamente se desarrollan las leyendas, de hecho, en  muchas de ellas se explica el origen de tales objetos, sin necesidad de adecuarse ni a la ciencia ni a la evolución histórica. Sin embargo, dichos objetos y artes existían en la época en que los diferentes pueblos "recopilaron" sus mitologías y por ello nos los encontramos en los mitos y leyendas. 


Como todos los mitos son creaciones humanas y habitualmente muy posteriores al periodo en que se sitúa el mito, y además, los más normal es que aquellos redactores supieran poco sobre aquel periodo, las mitologías no reflejaban la realidad del período del relato, ni tan siquiera eran exactamente realista con el periodo en que vivían sus compositores, esta es una circunstancia habitual en todas las artes. Las  mitologías, en realidad, respondían a la imagen que aquellos pueblos tenían de su pasado, y la que deseaban para su actualidad. Una imagen mediante la cual podían justificarse como pueblo ante sí mismos y con la que pretendían asombrar y sobrecoger a los pueblos extranjeros, que, por supuesto, siempre eran bárbaros. 


Así pues no debe extrañarnos, ni tampoco quebrar la coherencia interna de la obra, el hecho de que los hobbits coman patatas, fumen o disfruten de los fuegos artificiales de Gandalf. En más de una ocasión, el profesor Tolkien afirmó, que salvo por la altura, él se consideraba un hobbit. Además, la forma de vida de los hobbits tiene cierta vocación de declaración de amor por la vida tradicional, aunque bastante idealizada, en la campiña inglesa antes de la Revolución industrial. Por ello, los hobbits tienen gustos y costumbres similares a los de Tolkien. Los hobbits fuman en pipa, como el propio Tolkien hacía con bastante distinción. Asimismo, como hemos dicho en las mitologías se suele dar una explicación, no real por supuesto,a algunas situaciones del presente de los creadores o subcreadores, para usar el término tolkieniano, de la mitología. En el caso del tabaco de los hobbits, en el prólogo de El Señor de los Anillos se nos cuenta que fue traída desde el otro lado del mar por los hombres de Oesternesse, así que Tolkien logra incluir sus gustos entre los de los hobbits y además de darle una explicación acorde con las reglas de las mitologías.


Algo similar podemos decir de las patatas, es indudable que los ingleses consumen muchas patatas que incluso protagoniza algunos de sus platos más populares como el fish and chips o la jacket potato, tan identificables son las patatas con los sabores ingleses, que en algunas regiones de España se denomina patatas fritas a la inglesa a la la forma de freírlas típica de la churrerías. Por lo tanto, es totalmente lógico que a los hobbits les encanten las patatas y que, como Sam, piensen que un guiso sin patatas está incompleto. Sin embargo, sería necesario que en el legendarium apareciera una explicación del origen de las patatas. En la versión de Los hijos de Húrin publicada en los Cuentos inconclusos de Númenor y de la Tierra Media Mîm, el enano mezquino ofrece a Túrin y los proscritos un tubérculo, cuyo nombre no quiere dar, pero que cocinado puede suplir la carencia del pan, y que no es conocido por los elfos salvajes, ni ha sido hallado por los elfos grises, pero que los elfos de más allá del mar podrían conocer, pero son demasiado orgullosos para cavar en su busca. Por lo que,cabe la posibilidad de que las patatas también llegaran de Ultramar a la Tierra Media y durante que durante mucho tiempo no sirvieran de alimento a las “élites”.


Quizás el caso de la pólvora sea diferente. Este invento chino es utilizado por los dos más grandes magos de la Tierra Media, Gandalf y Saruman. Si bien el primero la usa para amenizar las fiestas de los hobbits, el segundo la usa como arma de guerra. De hecho, la degradación de Saruman hacia el Mal, le lleva a convertir cualquier cosa en algo que sirva para destruir la Naturaleza, y a todo aquel que se oponga a su ambición de poder. Tolkien nos presenta así, la idea de que un alma dedicada al bien del prójimo puede encontrar un medio para hacer felices a los demás en cualquier instrumento, mientras que un alma corrompida por la codicia encuentra en cualquier instrumento, una herramienta para causar dolor y oprimir a otros seres vivientes.


Mi opinión (positiva) sobre La Odisea de Cristopher Nolan

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