viernes, 11 de febrero de 2022

LAS ALAS DEL BALROG


J. R. R. Tolkien solía afirmar que la invención de lenguas era su vicio secreto, aunque fuera un secreto muy conocido. El vicio, que tampoco es secreto, de sus lectores consiste en debatir perennemente, y sin la posibilidad de hallar una solución, sobre varios de los detalles del legendarium que Tolkien describe somera y ambiguamente. Uno de los asuntos más recurrentemente debatido es, sin lugar a dudas, el referido a la posibilidad de que los Balrogs tuvieran, o no, alas. Tanto es así, que en la Sociedad Tolkien Española usamos los términos conalista y sinalista para definir nuestras posiciones personales al respecto. No puedo evitar mi satisfacción por que se haya extendido por toda la STE el término que acuñé en un debate totalmente informal en el seno del Smial Montaraz de la propia STE, en el que, lógicamente, yo defendía la opción conalista.

Sin embargo, es totalmente cierto que se trata de un asunto al que no podemos dar una respuesta definitiva, ya que, ni el propio J.R.R. Tolkien ni su hijo Christopher nos dejaron ninguna descripción de los Balrgos en que se señale, sin ninguna duda, si eran criaturas aladas o no. Además, si algún día se resolviera este asunto, nos veríamos privados del placer de debatir en torno al mismo, de la forma concienzuda, y rigurosa, pero divertida y amistosa en que lo hacemos. Ojalá estas formas se trasladaran a todos los debates, tanto en el seno de la STE, como en la vida social y política.

Dicho esto, voy a mostrar los argumentos, extraídos de la obra de Tolkien, en especial de El Señor de los Anillos y de El Silmarillion, en los que apoyo mi postura conalista. No puedo afirmar que dichos argumentos sean las pruebas definitivas de que los Balrogs tuvieran alas, pero espero, al menos, animar a que el debate continúe y con el mayor número posible de aportaciones.

Los Balrogs eran Maiar, el grupo más numeroso de entre los Ainür, los espíritus sagrados surgidos del pensamiento de Eru Ilúvatar. Los Maiar prestaban servicio a los Valar que eran los Ainür reconocidos como los Poderes a quienes Eru encomendó la finalización y salvaguarda de Arda y de sus criaturas. Varios Maiar desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de la historia de la Tierra Media. Melian protegía el Reino de Doriath frente al poder de todo un Vala como era Melkor. Sauron fue el lugarteniente del primer Señor Oscuro, y llegó a convertirse él mismo en Señor Oscuro. Uinen era la protectora de los marineros ante la furia de su esposo, el también Maia, Ossë que durante un tiempo sirvió a Melkor. También eran Maiar los miembros de la orden de los Istari: Gandalf, Saruman, Radagast y los dos magos azules. Arien era la Maia que dirigía la nave del Sol y Tilion era el que dirigía al de la Luna, en sus respectivos viajes por el firmamento.

Los Maiar que se convirtieron en los Balrgos se pusieron al servicio de Melkor en su rebelión contra Eru, y contra el resto de los Valar. Como los Maiar son seres espirituales necesitaban tomar una forma corpórea para intervenir en Arda. La forma que dichos Maiar adquirieron les supuso el nombre de Demonios de Poder, que es el significado de la palabra sindarin Balrog o de la quenya Valaraukar. A diferencia de los orcos, trasgos, trolls, e incluso de los Nâzgul, los Maiar que siguieron a Melkor, y por lo tanto los Balrogs, mantuvieron su capacidad de discernimiento, voluntad y libertad de decisión. Eran servidores voluntarios y conscientes de Melkor. Los Balrogs respondieron a llamada de socorro de su Señor, al que llevaban esperando varias edades, para protegerle de Ungoliant, quizás otra Maia corrompida por la codicia, pero que no reconocía a nadie como su Señor, ni siquiera a su “aliado” Morgoth.

Cuando, poco después, Fëanor quemó los barcos Teleri tras desembarcar en Beleriand, las llamas de las naves fueron vistas por los Noldor que fueron abandonados al otro lado del mar, pero también por las huestes de Morgoth. A pesar de enfrentarse a un enemigo que los superaba en número, Fëanor y los suyos estaban derrotando a los orcos de Morgoth. Cegado por su ansia de venganza y dominado por la ira, Fëanor avanzó sin esperar al grueso de su ejército, hasta que junto a unos pocos compañeros se vio rodeado por varios Balrogs a los que se enfrentaron sin dudar. A pesar de todo el dolor causado por la locura ególatra de Fëanor hay que reconocerle que fueron necesarios varios Balrogs, entre ellos su líder Gothmog para abatir, herido de muerte, al hacedor de los Silmarills.

Los Balrogs participaron también en el ataque a Gondolin. Echtelion de la Fuente se batió con Gothmog en un combate que terminó con la muerte de ambos. Protegiendo la evacuación de los supervivientes de Gondolin, Glorfindel entabló frente a otro Balrog un combate a muerte que produjo la caída de ambos por un precipicio abismal.

Después el viaje de Eärendil y Elwing a Valinor, los Valar enviaron a sus ejércitos a luchar contra las huestes de Morgoth en Beleriand. Durante la Guerra de la Cólera, la mayoría de los Balrogs fueron destruidos, salvo unos pocos “que se escondieron en cuevas inaccesibles, en las raíces de la Tierra”

Uno de esos Balrogs, que conocemos como el Daño de Durin o el Balrog de Moria, se enfrentó a Gandalf en el puente de Khazad-Dum. Tolkien nos ofrece, a través del Daño de Durin, la descripción más exhaustiva, aunque en realidad es muy somera, de los Balrogs. La mayoría de los argumentos que se esgrimen en el sempiterno debate sobre las alas del Balrog proceden de dicha descripción.

Aunque los anillos que Sauron entregó a los enanos no lograron doblegar su voluntad, les incrementó el deseo por el oro y las gemas. Cavaron más y más profundamente en sus minas de Khazad-Dum hasta que se encontraron con el Balrog que destruyó su Reino. Por eso, cuando Legolas reconoce en esa criatura que les persigue a un Balrog (quizás por algo que se cuenta en una de las primeras versiones de La Caída de Gondolin), Gimli sabe que se trata del Daño de Durin. Gandalf, por su parte, también sabe que ese enemigo es un Balrog, un Maia como él mismo, pero reconoce que está muy cansado para enfrentarse a él. Los Istari tenían vetado el uso pleno des sus poderes en la Tierra Media, por eso Gandalf luchó contra el Balrog en inferioridad de condiciones.

Tolkien nos presenta así la escena: “El enemigo se detuvo de nuevo, enfrentándolo, y la sombra que lo envolvía se abrió a los dos lados, como dos vastas alas”. Esta frase parece dar la razón a los sinalistas. En buena lógica cabe pensar que si aquello que se despliega era “como dos alas” no serían alas, sino que algo que se parece, que recuerda a las alas. Es más lo que se despliega es una sombra, no es ninguna materia tangible que pudiera conformar las alas del Balrog. Visto así, esta frase nos indica que el Balrog carece de alas, sin embargo, al igual que no todo el oro reluce, no todas las alas son como esperamos que sean.

Unos párrafos más abajo, Tolkien relata como el Balrog se prepara para el duelo contra Gandalf: “El balrog avanzó lentamente hasta el puente y se enderezó hasta alcanzar una gran estatura y extendiendo las alas de muro a muro…” Si usamos de nuevo la lógica, podemos afirmar que si el Balrog extiende las alas es debido a la sencilla razón de que, efectivamente, tiene alas, y que las puede extender a voluntad. En este caso, está claro que su objetivo no es volar, sino amedrentar a aquel anciano “gris y encorvado” que se le enfrentaba. Sin embargo, no podemos quitarnos de encima la sombra de la duda que provoca la primera frase citada.

Debemos recabar más información que nos permita resolver este empate técnico. Es el momento de escuchar a los testigos presenciales del combate entre Gandalf y el Daño de Durin. Voy a comenzar por el segundo testimonio que podemos encontrar en El Señor de los Anillos, que nos lo brinda Gimli, hijo de Glóin. Aunque su testimonio pueda parecer sólido, hay que recordar que los enanos no se dejan influir por nadie, así que, lo que Gimili afirma es, sin lugar a dudas, cierto. Después de abandonar Lothlorien lo que quedaba de la Comundiad del Anillo desciende en barcas por el río Anduin. En un momento dado, son atacados por orcos que les disparan desde las orillas, y desde el cielo por una criatura alada que es vitoreada por los orcos. Legolas, usando el arco que había recibido en Lothlórien, dispara y derriba a tan terrible criatura, aunque reconoce que no sabe a quién ha disparado. Gimli afirma que él tampoco, pero dice que esa criatura alada “Me recordaba demasiado a la sombra de Moria… a la sombra del Balrog” Frodo es el único que se atreve a decir que no se trataba de un Balrog y tiene razón. Sin embargo, si esa criatura alada le ha recordado a Gimli al Balrog, es lógico pensar que ha sido por las alas de la criatura que Legolas ha abatido. Pero nos volvemos a encontrar con al sombra de la duda sobrevolando nuestro debate.

Mas, ¿y si fuera justo esa sombra la pista que necesitamos para emitir una opinión fundada sobre las alas del Balrog? Aragorn, hijo de Arathorn, tiene algo muy importante que decirnos. Cuando la Comunidad del Anillo es recibida por los Señores de Lothlórien, Celeborn se asombra de que solo sean ocho, echando en falta a Gandalf. En ese momento Aragorn les informa de la triste noticia de que Gandalf había caído en Moria. Dada la gravedad de la perdida; Celeborn solicita que les cuente como sucedió. Aragorn toma la palabra y les narar todo lo que aconteció desde que intentaron el paso de Caradhras, hasta que llegaron a Moria, y cómo después en el puente de Khazad-Dum se encontraron con “Un mal del mundo antiguo me pareció, algo que nunca había visto antes. Era a la vez una sombra y una llama, poderosa y terrible”.

Las descripciones de los Balrogs incluyen al fuego y la sombra como sus características principales, de hecho en Moria, Gandalf ha oído que los orcos repiten continuamente la palabra ghash, fuego. Así que podemos formular la hipótesis de que en el momento en que los Balrgos tuvieron que tomar una forma corpórea, esta estuviera formada con fuego, y con la sombra que sus llamas proyectaba. Es decir, la materia del cuerpo de los Balrogs no sería “carne y hueso” sino que “fuego y sombra”. En tal caso, puede ser lógico deducir que la sombra que se despliega a los dos lados del Balrog son, de hecho, sus alas. Tan solo, hay que tener en cuenta que nos son unas alas, al igual que todo su cuerpo, como las que estamos acostumbrados a ver en las aves, o las que sabemos que tenían algunos reptiles prehistóricos, o los dragones o los ángeles caídos que comparten con los Balrogs la condición de demonios.

Todo esto sólo explica mi postura favorable al conalismo, pero no creo que pueda cerrar el debate sobre las alas del Balrog. En realidad, solo contamos con nuestras propias interpretaciones de las someras descripciones que Tolkien ofrece sobre los Balrogs, así que sólo podemos movernos en el campo de las hipótesis. Sin embargo, creo que esto es una verdadera suerte, porque así podemos continuar debatiendo y debatiendo hasta el día de la Dagor Dagorath.


 



martes, 25 de enero de 2022

IN FABULIS

 

     



Hacia el final del documental realizado con motivo del vigésimo aniversario del estreno de la primera de las películas que adaptan las novelas de J. K. Rowling sobre Harry Potter varios de los actores apuntan un par de ideas que son fundamentales  en cualquier expresión artística, pero quizás aún más en la literatura, en el cine y en otras artes audiovisuales. El hecho de que los actores mencionen esas dos ideas apunta hacia, que tanto J. K. Rowling al escribir las novelas, como los diferentes cineastas que realizaron las películas llevaron a cabo obras de indudable calidad. Es más que posible que buena parte de, tanto la crítica y de la academia literaria, como de la crítica cinematográfica no estén de acuerdo con esta afirmación. Además es muy posible, que encuentren motivos sólidos basándose en argumentos temáticos y estilísticos, es decir de fondo y forma, para no estar de acuerdo con mi afirmación anterior.

Sin embargo, creo que reducir una obra literaria o cinematográfica a una cuestión estilística, puede llegar a ser tan limitado como la reducción de una poesía a una cuestión matemáticamente mensurable, como denunciaba el profesor Keating en El Club de los Poetas Muertos. Por supuesto, que una obra literaria debe estar muy bien escrita, con un elegante, hermoso y preciso uso del lenguaje, porque si no es así, no podemos calificarla de obra literaria. Pero por el mismo motivo, no se le puede negar la calidad a obras que, por ejemplo, se aparten de las estructuras narrativas en boga, por preferir otras consideradas arcaicas. Igualmente, puede suceder con el cine, una buena película debe contar con un buen guion, estar bien dirigida, interpretada, montada, etc…, pero una buena película no pierde un ápice de calidad por no ser un mero ejercicio de estilo, repleto de imágenes preciosistas, pero vacías de argumento y de pulso narrativo. Sin embargo, ya es casi un tópico que la crítica no considera a la “literatura popular” como susceptible de ofrecer obras de calidad literaria. Quizás, muchos olvidan que El Quijote fue una obra popular (tanto por su éxito, como por su público) ya en su tiempo, o que populares fueron incluso las obras de Lope de Vega, Calderón de la Barca, Shakespeare o Molière.

Sobre los argumentos temáticos o de fondo de las obras, desde parte de la crítica se suele presuponer que ciertos géneros populares, como por ejemplo la novela negra, o la de fantasía o de ciencia ficción no pueden plasmar en sus tramas temas elevados que reflejen los problemas de la sociedad y las angustias vitales de las personas que viven, gregaria o solitariamente, en esa sociedad. Afortunadamente, la novela negra está consiguiendo demostrar que sus relatos son profundas disecciones de la sociedad, que incluyen tanto precisos análisis de las mismas, como certeras denuncias de sus problemas y de las propias causas de dichos problemas.

En el caso del género de la fantasía, por emplear el término más común, cabe la posibilidad de que, cuando la obra es de calidad, haya pocos géneros más apropiados para tratar de aquello que nos hace humanos y que, por lo tanto condiciona nuestras vidas: el amor, la libertad, la muerte, la amistad, el honor, el deber,  el raciocinio, la amistad, el sacrificio, la relación con otros, con la Naturaleza, con la Trascendencia. Es más, creo este género, y reitero que en el caso de las obras de calidad, tiene mayor capacidad de ofrecer al lector  aquello que haga que éste opine lo mismo que señalaban los actores de las películas de Harry Potter: “es una obra que cambia la vida al lector, espectador, etc…” y es una obra que ofrece refugio, consuelo, consejo y aliento para desenvolverse en la vida real, especialmente para aquellos que no es fácil integrarse en una sociedad que sólo valora el éxito material, y una imagen que no puede apartarse del  canon de belleza de moda, etc…”

Claro está que cualquier obra, de  cualquier género y de cualquier arte puede suscitar estos sentimientos en su público, o que lo haga de una forma parcial, gradual o total. Como igualmente es muy habitual que dichos sentimientos sean suscitados en un mismo lector, por una misma obra de manera muy diferente, en diferentes etapas de su vida.

A pesar de que he comenzado citando el documental realizado sobre las películas de Harry Potter, el objetivo de este artículo no es defender la calidad de los libros de J. K. Rowling y de las películas que los adaptan, o, al menos, no es ni su único, ni su principal objetivo. Lo que pretendo es una reivindicación del género de la fantasía de calidad, que no es ni alta fantasía, ni baja, ni fantasía adulta, ni infantil, ni mucho menos fantasía medieval (¿qué eso de la fantasía medieval?), simplemente es fantasía de calidad. Aunque, quizás el término más ajustado sea el de cuentos de hadas, en el sentido que tiene en la literatura británica. Figuras como C.S. Lewis o G. K. Chesterton reflexionaron y escribieron sobre este concepto de cuento de hadas y J. R. R. Tolkien lo explicó y definió maravillosamente en su ensayo titulado precisamente Sobre los Cuentos de Hadas. 

Esta noción de cuento de hadas está muy lejos de la visión hollywoodiense de los cuentos de hadas que ha calado en el imaginario colectivo de la mano de Disney y de otras muchas compañías. Muchas de sus producciones son auténticas joyas artísticas, pero muchas otras no son más que una desvirtuación de los cuentos de hadas. Esto sucede porque, en estos casos, el happy ending  suele derivar de la intervención de un deus ex machina, o de las cualidades extraordinarias de los personajes, mientras que como Chesterton explica en Ortodoxia  no es necesario que los personajes cuenten con características extraordinarias o que presenten una desmedida confianza en sus propias capacidades, y si cuentan con ellas, no bastan por sí mismas para alcanzar la eucatástrofe que es el final feliz que corresponde a los cuentos de hadas según señala Tolkien en su ensayo ya citado.

El hecho de que el protagonista ni presente unas cualidades extraordinarias, ni una absoluta confianza en sí mismo es uno de los motivos por los que los cuentos de hadas ofrecen refugio, consuelo y consejo a las personas que tienen problemas para encajar en la sociedad. La concepción social del éxito personal  como algo basado en lo puramente material, la popularidad, el canon de belleza de moda, etc. dificulta enormemente la vida de las personas tímidas y retraídas, o con escasas destrezas sociales, o que tengan problemas de atención, o con su imagen personal. Lo mismo se puede decir de aquellas personas, a veces son las mismas que acabo de mencionar, que tienen aficiones, gustos y dedicaciones hacia actividades de escasa repercusión masiva, como las ciencias, las humanidades, la religión, las artes, la lectura, los deportes minoritarios, el disfrute tranquilo de la Naturaleza, etcétera. Los cuentos de hadas ofrecen la posibilidad de que leer un relato en el que se comprueba que "Hay una semilla de coraje oculta (a menudo profundamente, es cierto) en el corazón del más gordo y tímido de los hobbits, esperando a que algún peligro desesperado y último la haga germinar" (Tolkien, El Señor de los Anillos, vol. I, Barcelona, 198513, p. 197). De esta manera, una persona con las dificultades mencionadas más arriba puede descubrir que tiene su lugar en el mundo aunque alcanzarlo no sea ni fácil, ni rápido; como da a entender la sociedad, que parece imbuida del pensamiento mágico irracional que injustamente se atribuye a los cuentos de hadas. Al contrario, encontrar un lugar en el mundo es un camino muy difícil y muy largo, que se debe emprender con los valores de los personajes de los cuentos de hadas: la constancia, el sentido del deber, la lealtad, el amor, el esfuerzo, el espíritu de sacrificio, la esperanza, la Fe, y que en realidad no dejamos de recorrer en ningún momento de nuestra vida.

Este difícil e interminable camino está íntimamente relacionado con el consuelo que ofrecen los cuentos de hadas a través de la eucatástrofe que Tolkien define como el “repentino y gozoso giro (pues ninguno de ellos tiene un auténtico final)”. Tolkien continúa explicando que ese gozo no se deriva de la evasión, porque los cuentos de hadas no rechazan la posibilidad del fracaso o de la tristeza, pero por medio de “una gracia súbita y milagrosa (…) rechazan (tras numerosas pruebas si así lo deseáis) la derrota final”.

Creo que no debemos confundir la “gracia súbita y milagrosa” con el uso de un deus ex machina para resolver una trama que parece irresoluble, tal como se empleaba en el teatro de la Antigüedad grecorromana  por medio de la intervención directa de un dios, o en la actualidad por medio un acontecimiento que facilita un desenlace positivo, pero que rompe con la lógica interna del relato. En mi opinión, el giro de la eucatástrofe en un cuento de hadas obedece a una respuesta positiva, y muy probablemente, indirecta, de la Providencia al empeño, valor, lealtad, misericordia, constancia, sacrificio, confianza, amor, etc… de los protagonistas. Es decir, no cabe la posibilidad de que las águilas de Manwe portaran el Anillo único y lo arrojaran al fuego del  Monte del Destino. Sin la compasión, los esfuerzos y los sacrificios de los miembros de la Comunidad del Anillo y de otros muchos personajes de la novela no hubiera pasado lo que pasó para que el Anillo fuera destruido, ya que era totalmente imposible que la voluntad de cualquier habitante de la Tierra Media se impusiera a la voluntad del Anillo. 

Además, esos esfuerzos y sacrificios no deben confundirse con una búsqueda del sufrimiento propio y ajeno con el mero objetivo de sufrir o causar sufrimiento a otros.  Esa actitud sería, no sólo un esfuerzo baldío, del que no se derivaría ninguna solución verdadera, sino que también una impiedad, ante la que la Providencia no ofrecería su respuesta positiva. Los sacrificios y renuncias que realizan los personajes nacen del Amor a sus semejantes, para salvaguardar justo aquello que aman, a sí mismos en la medida de lo posible, y sin dejar de ofrecer su compasión a aquellos a los que se enfrentan.

Por todo ello, los cuentos de hadas no son literatura de evasión, en el sentido despectivo, y no siempre con justicia, que a veces se utiliza, porque, seamos sinceros, no hay nada malo en que, de vez en cuando, leamos un libro o veamos una película que no sea más que un mero entretenimiento, es más, creo que hacerlo es bastante necesario y saludable. Volviendo a los cuentos de hadas, el consuelo y consejo que éstos ofrecen es aplicable a la realidad de cada lector, quien lo descubre según avanza en su lectura. No sólo es diferente para cada persona, sino que también es diferente para la misma persona cada vez que lee un cuento de hadas. De hecho, es otra de las características de una obra de calidad, que siendo siempre el mismo relato, cada vez que lo leemos nos dice algo diferente.

Encontrar el consuelo de los cuentos de hadas es un descubrimiento personal, pero que puede ser realizado junto a otras personas, ya que estamos ante un género literario que invita a ser leído para uno mismo, pero también a leerlo para otros, o escuchar la lectura de otros. Es más, aunque se lea para uno mismo, hay algunas obras, que como, por ejemplo, aconseja Eduardo Segura hacer con El Señor de los Anillos, conviene leer en voz alta, porque así resuenan en su plenitud, y calan más profundamente en el lector.

Todo esto va en contra de la corriente de nuestro mundo actual. Vivimos en una sociedad llena de personas apresuradas y atiborradas de futilidades que corren con el vano objetivo de “ganar” más tiempo para atiborrarse más, con más futilidades, que alimenten su espejismo de creer que no están “perdiendo” ni un solo segundo de su tiempo, cuando, en realidad, ya han entregado todo su tiempo a los "hombres de gris" a los que se enfrentaba Momo en la novela de Michael Ende. Igualmente, nuestra sociedad pretende ofrecer la libertad frente a cualquier injerencia a la voluntad de cada individuo, rompiendo con el pasado, dudando del conocimiento científico y del humanístico, alejándose de Dios, desconfiando del apego amoroso a la familia y a los amigos, mientras que, en realidad, se han abandonado todas las herramientas que tiene el ser humano para enfrentarse a la vida, y a las crisis que la jalonan, para caer en manos de manipuladores que ofrecen soluciones fáciles y rápidas, y por lo tanto falsas, pero que además, exigen el sacrificio del alma y la razón humanas, como harían los peores hechiceros de los cuentos. De ahí, que no sólo la crítica académica, sino que también, la sociedad suele mirar por encima del hombro al género, a sus autores y lectores. 

Sin embargo esas personas tímidas que no son las más populares, que pierden el tiempo con aficiones sin enjundia según la "ética" del éxito material, que honran valores aparentemente “trasnochados” como el amor, la amistad, la lealtad, el honor, el respeto, la misericordia, la esperanza, la celebración de la vida, el disfrute de las cosas sencillas, que aman los libros, son las personas que disfrutan de la belleza del bosque, de la luz de cada mañana y de la oscuridad de cada noche, de compartir la vida con la pareja, con los hijos, que tienen la capacidad de emocionarse con un poema o una canción, les encanta comer y beber, y compartir todo lo que les hace felices con sus amigos En realidad, los raros deberían ser los que no saben valorar la belleza, la vida, las canciones, los cuentos, la comida, la bebida, y sobre todo la amistad y el amor. 



 


jueves, 6 de enero de 2022

HA LLEGADO UNA CARTA DE LOS REYES MAGOS

 En el Monte Ararat, junto al Arca de Noé, a 4 de Enero de 2022.

Nuestros queridos L____ y A____: 

Este año os escribimos los tres juntos, porque en nuestros países la situación es aún más difícil que en España. Hay mucha gente enferma porque no se ha podido vacunar, nosotros venimos de países pobres que además sufren la desgracia de la guerra. Ya no podemos intervenir directamente en los diferentes gobiernos del mundo, porque todos los gobernantes han olvidado que ellos también fueron niños y ya no nos escriben para pedirnos regalos de generosidad, Amor, Fe y Esperanza. Así que hemos pensado que lo mejor es escribir solo una carta a cada familia con niños que nos piden  esos regalos de Amor, Fe y Esperanza, como hacéis vosotros, para tener papel de sobra para destinarlo a las escuelas de los países más pobres y que los niños de estos países también puedan pedirnos regalos.

Nos está ayudando a escribir esta carta, un paje de Gaspar que se llama Qatuqabu y que había trabajado de secretario y escriba para la princesa poeta Enheduanna. Por eso, la carta está escrita desde un ordenador: Qatuqabu sabe manejar eso que vosotros llamáis tablets desde que trabajó para la princesa Enheduanna transcribiendo sus poemas en tablillas de arcilla, poco después de que inventaran la escritura. Ya veis, ¡Qatuqabu es un pro! 

Así que, aquí estamos los tres, en la cima del monte Ararat, que es donde quedamos cada año para ir a vuestras casas. Aquí tiene Melchor su Palacio Invisible, y como es el mayor de los tres es más fácil que Gaspar y yo (no os lo había dicho soy yo, Baltasar quien está dictando la carta a Qatuqabu) vengamos aquí a recoger a Melchor. El Palacio Invisible de Melchor está construido con madera del Arca que usó Noé durante el diluvio, que se volvió invisible cuando pasó por debajo del Arco Iris. El monte Ararat es tan alto, que desde aquí Melchor ve toda Europa, Asia y África, y si sube a la Torre más alta de su Palacio, que tiene forma de rama de olivo gigante, también ve toda América y Oceanía, por eso sabe si los niños os portáis bien cada año. Subido a la Torre de la Rama de Olivo fue como Melchor vio los primeros destellos de la Estrella que anunciaba el nacimiento de Jesús y en seguida se puso en marcha a Babilonia, como teníamos acordado hacer los tres, en cuanto tuviéramos noticias de la Estrella. 

El Palacio Invisible de Gaspar está  construido con bloques de barro cocido, él no sabe que vosotros llamáis ladrillos a los bloques de barro cocido se pasa la vida mirando al cielo nocturno y no se entera mucho de las palabras nuevas. De hecho, su Palacio Invisible es el antiguo zigurat de Babilonia desde el que vimos los tres juntos la Estrella que anunciaba el Nacimiento de Jesús.  El mismo ángel que nos avisó de que no volviéramos por el palacio de Herodes, también nos dijo que Dios había vuelto invisible el zigurat para que Herodes no pudiera localizarlo y no tuviera forma de calcular la situación de la Estrella, triangulando la posición del zigurat, su altura, el arco del ángulo de observación la velocidad de los astros…

Melchor y Gaspar me han lanzado la mirada de “Baltasar, no les hables de mates que están de vacaciones”, pero es que yo soy un, ¿cómo decís vosotros? friki, eso friki de las ciencias, de las mates, de las naturales, de las sociales, me encanta leer y aprender sobre todos los temas posibles, y aprendo mucho y rápido, no por nada soy descendiente de Salomón el rey Sabio y de la reina de Saba, que era más inteligente y sabia que el propio Salomón. La reina de Saba era tan sabia, que cuando vuestros padres eran niños decían “el que sabe, Saba” Mi Palacio Invisible está tallado en la roca. Lo mandó construir Menelik I, el hijo de Salomón y Saba que fue el primer rey de Etiopía, para proteger el Arca de la Alianza. Israel tuvo muchos problemas desde la muerte de Salomón, se dividió en dos, y fue invadida por babilonios (Gaspar aún no había nacido), persas, griegos, romanos… Aunque, en su día, muchos le criticaron, Menelik tuvo una gran idea al trasladar el Arca a Lalibela. Como los reyes de Etiopía éramos los guardianes del Arca, estábamos preparados para celebrar el nacimiento del Mesias, pero he de reconocer que yo no me esperaba la forma en que me enteré de que Jesús estaba a punto de nacer y de que debía ir a Babilonia a reunirme con Melchor y Gaspar. Mi Palacio, donde se guarda el Arca se volvió Invisible con Arca y todo, tan sólo y mis pajes podíamos verlo. 

Creo que es el momento de ir terminando la carta, os he contado estas cosas sobre nuestros Palacios Invisibles, porque vuestro padre le dijo a su amigo Gaspar -algún día os contaré la historia de cómo vuestro padre se hizo amigo de Gaspar- que A____ quería que os contáramos algo de nosotros. Pero no podemos despedirnos sin desear que os gusten los regalos que os hemos llevado a casa, pero sobre todo, que se cumplan los deseos de la carta de A____, que tengáis muy buen año, y que por fin se acabe esta pandemia que tanto está haciendo sufrir a tantas personas. Dadles recuerdos a mamá y papá de nuestra parte que aunque ya sean mayores, no nos olvidamos de ellos. Y tampoco nos olvidamos de vuestra yaya R___ ni de la abuela T___, ni del abuelo J___, dadles también recuerdos de nuestra parte. Dadles recuerdos y un abrazo muy fuerte a vuestros tíos I___ y M___ y al primo J__, que también le visitaremos antes de que salga el Sol el día 6. Como también visitaremos a E____ y a I___, pero podéis darles recuerdos de nuestra parte igualmente para ellos y, por supuesto, para sus padres: I___ e I____

Muchos besos para vosotros dos, de vuestros Reyes Magos:


MELCHOR               GASPAR               BALTASAR


y también de  QATUQABU



jueves, 23 de diciembre de 2021

Nacimiento en Belén

 

Esta próxima noche recordamos el nacimiento de un Niño, del Hijo de Dios, la Encarnación del propio Dios en forma humana. Si en el Génesis, Dios otorgaba a la Humanidad compartir su propia Imagen y Semejanza, para que participáramos de su Divinidad, ahora es Dios quien participa de nuestra humanidad.


Jesús nace tan indefenso como cualquier otro niño. Pero además, nace en una cueva usada como establo, situada fuera de la ciudad, es decir fuera de la sociedad que ha negado la hospitalidad debida a sus padres a pesar de la evidente cercanía del parto. A lo que se añade que será temido y odiado por el gobernante de su país, desde que Herodes tiene noticias de su Nacimiento. 


Nace de una Madre pobre y joven, cuya vida ha cambiado repentina, radical y absolutamente. Por pocos y modestos que fueran los planes que tuviera sobre su reciente matrimonio, éstos han sido trastocados para siempre. María no entiende lo que está pasando, ¿cómo puede ser que un ángel del Señor la salude a ella? Además, el ángel le está anunciando que va a ser madre, cuando era algo imposible y ya se le tuvo que venir todo el mundo encima, cuando el ángel le dice que no sólo iba a ser madre, sino que iba a ser la Madre del Hijo de Dios. Con unos dieciséis años, María tuvo la Fe y el valor para discernir que estaba en la Gracia de Dios y aceptar humilde, pero conscientemente el cumplimiento de Su Palabra, asumiendo la mayor responsabilidad que jamás tuvo una persona en la Historia, y los peligros a que se iba a enfrentar. No muchos días después, su prima Isabel la felicitó por haber creído que para Dios todo es posible, porque gracias a su Fe, a su Esperanza y a su Amor iba a nacer el Salvador.


María acababa de desposarse con José. Ese hombre al que no oímos hablar en ningún momento. Puede que fuera un forastero en Nazareth, donde no tiene a nadie más que a su esposa a la que ama sinceramente. Es un sencillo trabajador al que quizás una mala situación económica le llevó a abandonar Belén de Judea, para ir a una aldea perdida de Galilea, región que estaba peor considerada por los judíos, pero donde el poder romano está construyendo ciudades lejos de la convulsa Judea y por ello, hay trabajo para un buen y honrado carpintero. Tiene que tragarse todos los reparos de su nación: trabajar para los paganos que ocupaban su país. Puede que el resto de su familia y paisanos le desprecie por ello y de ahí que nadie les dió cobijo cuando tuvo que volver a Belén, por causa del decreto del censo tributario imperial.


José está dolido porque siente que ha recibido un duro golpe de su esposa, pero no la denunciará, como era la costumbre y la Ley de su nación, porque ama a María. No quiere que ella sufra el horrible castigo que las crueles leyes de su tiempo habrían inflingido a su esposa. Dios se lo recompensará. El ángel de Dios le dirá, mientras duerme, que el Señor también está con él y que le ha elegido para amar, cuidar y educar a su Hijo. Siguiendo el ejemplo de su esposa, José acepta honrado y agradecido el encargo de Dios.


María y José eran una pareja humilde, con más problemas y preocupaciones que futuro, y que muy probablemente no gozaron de la aprobación de sus paisanos. Recibieron el mayor Don de Dios, que ellos aceptaron con todas las consecuencias, afianzados en la Fe, el Amor y la Esperanza en Dios, en su Hijo y en el amor que se profesaban mutuamente.


Así, Jesús, Dios hecho hombre, nació en una familia pobre, a la que nadie quiso acoger en su casa. Pero en aquel establo de las afueras de Belén, Jesús vino al mundo rodeado del amor de María y de José, que solo estuvieron acompañados por los animales y algunos pastores tan humildes como ellos, pero que no dudaron en reconocer que estaban contemplando a su Salvador.


Ojalá sepamos seguir el ejemplo que nos ofrecen María y José para aceptar y cuidar en nuestras vidas la Palabra de Dios que se hace carne esta noche. 


¡FELIZ NAVIDAD! 


martes, 21 de diciembre de 2021

EL VILLANCICO


Siempre le causaba una sensación particular de alivio, e incertidumbre; cerrar la puerta de su despacho hasta el próximo año, aunque tan sólo faltaran diez días para el inicio del año 2022. Además, no pudo reprimir su habitual cabeceo entre abatido y displicente al leer el rótulo con su nombre junto a la puerta de su despacho:


Asier F. Gorrotxategi

Lecturer in Spanish Language and Linguistics. 


Ni podía entender que en EE UU, y más aún, en una institución como la Emory University de Atlanta, Georgia, no comprendieran que Fernández fuera su primer apellido, ni podía acostumbrarse a ello. Él era el hijo de José Fernández y de Asun Gorrotxategi, por lo tanto su nombre era Asier Fernández Gorrotxategi. Pero no hubo manera; desde que llegó a EE UU, su primer apellido se transformó en un segundo nombre representado por la letra F. Al menos, le quedaba la inocente maldad de disfrutar con los apuros que sufrían  los “gringos” para pronunciar su apellido materno. Lo que se había reído su ama cuando Asier se lo contaba, hasta que se iba haciendo evidente que Asun estaba perdiendo la capacidad de reír. La situación de la pandemia no sólo agravó aún más la enfermedad, sino que además, dificultó la realización de las pruebas necesarias para un correcto diagnóstico, desde el que abordar la terapia, que aunque solo ralentizase el deterioro, que su ama precisaba.

A principios de febrero  Amaia, su hermana melliza,  le contó los resultados de las últimas pruebas por videoconferencia.

-Asier, los médicos dicen que el alzheimer de ama es más agudo de lo que pensábamos. No falta mucho para que no sepa quién es ella misma.

Tardó unos instantes en decir algo. Conocía de sobra las respuestas a todas las preguntas que tenía y no quería que su hermana tuviera que pasar el trago de contárselo, pero tampoco quería que Amaia no escuchara más que el silencio de su mellizo. 

-¿Y tú,  y aita...?

-Nunca he visto a aita tan jodido. Asier, tú sabes cómo es, fuerte como acero para los barcos… -Amaia no pudo continuar.

El zumbido de su móvil le devolvió a la puerta del despacho. Era un mensaje de Margaret, que en un español perfecto, le confirmaba que ya había concertado con la compañía, la hora en que un taxi les recogería para llevarlos a los tres al Aeropuerto de Atlanta. También le decía, entre varios emoticonos de guiños y risas que Joey se estaba poniendo muy cansino con que por fin podría mostrar a izeko Amaia que ya dominaba los rudimentos del euskera.

La escena que le había descrito su esposa, le hizo sonreir. Joey estaba muy emocionado con la posibilidad de volver a España, después de casi dos años de pandemia, para pasar la Navidad en Barakaldo. A sus ocho años, Joey entendía el estado en que se encontraba amama Asun, pero nada puede con la ilusión de un niño en Navidad. Ni siquiera, que su madre le diga que es un cansino. Margaret había descubierto esa palabra en la repetición de un programa navideño de humor de una televisión española y, al momento, la aplicó a su hijo. 

Se despertaron con el aviso de que su avión estaba a punto de aterrizar en Madrid. A pesar de las emociones y de las preocupaciones que bullían en ellos tres, habían conseguido dormir la mayor parte del vuelo, así que se encontraban relativamente frescos y descansados. Aprovecharon el tiempo de espera en Barajas hasta poder tomar su vuelo a Loiu, para estirar algo las piernas, canjear sus dólares por euros para comprar mascarillas y telefonear a Amaia, que ya había llegado a Loiu para recogerlos, porque sabía lo que su mellizo le iba a pedir.

-De verdad, Amaia, no te preocupes, que no estamos cansados del viaje.

-Aita, los tíos y Manu nos esperan en Bista Ederra, la Residencia de ama, qué tu familia te conoce muy bien y ya nos imaginábamos que queríais ir lo antes posible a verla.

Una hora después, estaban ya en el coche de Amaia, camino de la Residencia.

-Los primeros días fueron muy duros, Asier. Veíamos a ama muy tranquila en la Residencia, pero cuando volvíamos a casa… Ya sabes cómo es aita, no se queja nunca, pero se le veía a la legua que estaba destrozado. Yo lo pasé fatal,  menos mal que Manu ha sido mi refugio estos meses. En estas últimas semanas ama va teniendo mejor aspecto, y, bueno, ya sabemos lo que es el alzheimer, pero, parece que va un poco más lento. Nos conoce enseguida, al cabo de unos minutos se le olvida, pero bueno, ese ratito… Me da un poco miedo cuando lleguemos, porque a vosotros, no os ha visto desde hace más de dos años, y encima… las mascarillas, ¡mierda de virus! 

-Lo habíamos pensado también nosotros- dijo Margaret, mientras, venciendo su timidez sureña, apoyaba la mano en el hombro de su cuñada. –Nos hemos estado concienciando estos días de que puede que no nos conozca,  pero quién sabe, a lo mejor…

En torno a la mesa de piedra del jardín de la Residencia se sucedían besos, abrazos, palabras y miradas cariñosas,  lágrimas… Con miedo y esperanza entremezclados José se dirigió a su esposa, que parecía ajena a todo ese alborozo. 

-Mira, Asun, estamos todos, estamos todos, como te prometí. 

La imagen de su marido, con sus hijos y sus cónyuges y con su nieto  reavivó algunos recuerdos en el ánimo de Asun, y con su voz hermosa y afinada por años de coro parroquial, empezó a cantar:

Hator, hator,

mutil etxera (…)

  







miércoles, 15 de diciembre de 2021

Mucho más que un colegio

 Junto a mis padres, y por extensión toda mi familia, mi Fe, y mis amigos, el Colegio de Nª Sª de Begoña de Sestao, popularmente conocido como Los Hermanos o La Salle, fue una de las principales influencias en mi infancia y adolescencia, y que en buena parte me convirtieron en la persona que soy en día.

Un colegio situado en un pueblo obrero como Sestao y que además pertenecía a una fábrica: Altos Hornos de Vizcaya, tenía que un fiel reflejo de dicha realidad. La inmensa mayoría de los alumnos éramos hijos de familias obreras; destacando especialmente los hijos de trabajadores de AHV. Asimismo, la mayoría éramos vascos de primera o, a lo sumo, de segunda generación. Allí estábamos hijos y nietos de gallegos, de riojanos, de castellano y leoneses, de extremeños, de andaluces y de vascos compartiendo nuestra infancia en un ambiente de igualdad. Aprendíamos euskera desde el principio de la EGB, junto a historia y tradiciones vascas, pero también aprendíamos la historia y tradiciones de España, y, en ambos casos con sus luces y sombras, sin olvidar la Historia Universal. La cultura local y la universal, la cultura vasca y la española eran promovidas en el colegio con mucho respeto y cariño y sin aspavientos, ni problemas.

En las instalaciones del colegio también se podía descubrir su origen industrial. Contábamos con un taller y un surtido de herramientas dignas de manos más hábiles que la mías para su manejo. El hermano Carmelo Urionabarrenetxea, que subió a la Casa del Padre hace cuatro años, se asombraba de cómo mi muñeca derecha realizaba prodigios jugando al futbolín, pero era incapaz de cualquier tarea artística o técnica en el taller.  

Pero, creo que el aspecto más destacable de las raíces fabriles del colegio consistía en el orgullo de pertenencia a la clase obrera. Se nos inculcaba que debíamos esforzarnos en llegar lo más alto posible en lo personal, cultural, profesional, etc., pero sin olvidar que éramos hijos de la clase obrera y que nos sintiéramos muy orgullosos de nuestros orígenes. Este orgullo puede ser mayor aún en mi generación, porque nuestros padres y nuestras madres pertenecían a la generación cuyo trabajo produjo el desarrollo económico del País Vasco y de España, al mismo tiempo que protagonizaron el cambio social y político necesario para la democratización del país.

Para ayudarnos a poder llegar lo más alto posible, junto a la enseñanza reglada el colegio procuraba que ampliáramos nuestro mundo, que tuviéramos más herramientas por medio de la Religión, la cultura y el deporte, para crecer como personas y poder desenvolvernos en una sociedad muy compleja y exigente.

Tanto en las pequeñas bibliotecas que creábamos en las aulas, como en la Biblioteca del Colegio, cuidada con una encomiable dedicación por el Hermanos Mikel Ameztegi, conocí a Los Cinco de Enid Blyton, al detective sueco Teban Sventon de Ake Holmberg (el noir nórdico comenzó en el campo de la literatura infantil y juvenil). Las novelas de Julio Verne, antes de que se llamara Jules, también cayeron en mis manos por entonces, al igual que las de H. G. Wells y alguna que otra de Isaac Asimov.

Tengo que hacer una mención muy especial para los libros de Alfred Hitchcock y los Tres Investigadores editados por Molino, que disfrutaba con verdadera pasión junto a mis amigos. El siguiente paso fue, lógicamente, leer a Arthur Conan Doyle y a Agatha Christie. La primera vez que leí Estudio en escarlata y Poirot en Egipto fue en ejemplares de la biblioteca del colegio. 

La colección El Barco de Vapor no podía faltar en la Biblioteca del Colegio. Entre ellos me impresionó mucho Charcos en el camino de Alan Parker, el reconocido director de cine. Parker narra la triste y dura experiencia de unos niños londinenses que deben ser evacuados de la ciudad a causa de los bombardeos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Es un tema representado con cierta frecuencia y abordado de diferentes maneras en otras obras más conocidas de la literatura británica, como por ejemplo en El señor de las moscas de William Golding o en El león, la bruja y el armario de C. S. Lewis, pero la menor popularidad de Charcos en el camino no se corresponde ni con su calidad, ni con el impacto que el libro puede causar en un lector que esté a punto de entrar en la adolescencia.

    La motivación a la lectura practicada en el colegio me descubrió a J. R. R. Tolkien. El Hermano José Antonio Rojas, mi tutor en 6º de EGB, era un apasionado de la literatura y el cine, con muy buenas dotes de narrador. Nos solía contar en clase películas y libros que él había visto o estaba leyendo, acompañando su relato con dibujos en la pizarra que eran auténticos storyboards para que pudiéramos sumergirnos en la historia casi como si la estuviéramos leyendo o viendo. En sus clases, por ejemplo, conocí a Momo (¡qué disgusto al enterarme de que su nombre se usa ahora para un monigote asusta-incautos!) a Bastian Baltasar Brux, y a Atreyu. Pero, sobre todo destaca para mí, la narración del Hermano José Antonio de El Señor de los Anillos que me abrió la puerta hacia la Tierra Media, que pude cruzar el curso siguiente cuando un amigo mío me prestó El Silmarillion.

Todos los amantes de la lectura sienten también el deseo, o para ser más exacto la necesidad de escribir. Expresar aquello que alberga nuestro yo más profundo, emular a los escritores que admiramos, responder a la humana necesidad de crear algo que sea bello (aunque no siempre se alcance dicha belleza) son anhelos que todos los lectores tenemos siempre. Las habituales redacciones de la asignatura de Lengua Española que nos impartía el hermano Moisés Arana, que también era el director del colegio, me permitieron cumplir esos anhelos, claro que con los rudimentos de un chaval de 7º. Además contaba con la gratificación de que el hermano Moisés más de una vez me invitara a leer en voz alta mis redacciones, a modo de reconocimiento del interés de las mismas. Creo que, a pesar del tema, a mis compañeros les gustó mucho un relato sobre un ataque realizado por un avión sin insignias, aunque era fácilmente deducible que era soviético, que arrojaba una bomba atómica sobre Sestao para destruir la industria y así desestabilizar la economía española. Eran los tiempos de la Guerra Fría, pero quién podía imaginar entonces que nuestra industria siderúrgica y naval sería desmantelada por el propio capitalismo, o por su versión más descarnada: el neoliberalismo. 

En el complejo de edificios que formaban el colegio y la parroquia había una sala de cine. Era una sala de cine comercial de las que ya no existen, con su pantalla enorme, su patio de butacas no menos grande y sus proyectores de películas de celuloide. En algunas ocasiones el cine estaba a disposición del Colegio, y podíamos ver alguna película en la pantalla grande, pero con lo que disfrutamos de más películas, tanto clásicas como actuales, fue con ese elemento tan ochentero y magnético que era el vídeo. Desde que el colegió adquirió un aparato de vídeo y acondicionó un sala para el visionado de películas, todos los profesores procuraban que sus clases fueran apoyadas por algún vídeo.

Las clases de Ciencias Sociales y de Religión del hermano José Luis Negro, mi tutor de 8º, se convertían en videoforums en los que estudiábamos, por ejemplo, la Guerra de Secesión de los EE UU con El maquinista de la General de Buster Keaton, o la barbarie totalitaria con El gran dictador de Charles Chaplin, o la dura vida de los campesinos con la serie de TVE La barraca.

Con aquellos libros y películas, que disfruté gracias a mi colegio, aprendí que se pueden encontrar enseñanzas para la vida mientras se disfruta del Arte, que para comprender al Mundo y a la Humanidad. que para satisfacer nuestra curiosidad humana y nuestra continua búsqueda de respuestas es necesario apoyarse en los hombros de gigantes, como Miguel Ángel, Velázquez, Picasso, Cervantes, Delibes, Tolkien, Blasco Ibáñez Chaplin, Keaton, Ford, Hawks…. porque estos gigantes hablan directamente a nuestro cerebro, pero sobre todo a nuestra alma. 



viernes, 12 de noviembre de 2021

HACIA EL OESTE

 “Y los que viajaban más lejos todavía, solo trazaban un círculo alrededor de la Tierra para volver fatigados por fin al punto de partida; y decían: 

-Todos los caminos son curvos ahora” (TOLKIEN, JRR, El Silmarillion, Barcelona, Minotauro, 1990 10ª, p. 382)


Estas frases de los párrafos finales de la Akallabêth han propiciado la opinión mayoritaria entre los lectores de la obra de Tolkien de que Arda era un mundo plano hasta que con el hundimiento de Númenor y todos los cataclismos que se produjeron en tal evento, se transformó en el mundo esférico que conocemos, dado que se trata de nuestro propio planeta: la Tierra. El propio Tolkien señaló en su carta 131, que el Viejo Mundo, que finalizó con el hundimiento de Númenor, debido a la  segunda caída de la humanidad, era plano, pero también añadió que se trataba del “mundo primordial de la leyenda” (TOLKIEN, JRR, Cartas, Barcelona, Minotauro, 1993, p. 212). Como veremos la palabra leyenda tiene, en mi opinión, una importancia capital en este asunto. Por ello, creo que las explicaciones de dicha carta no impiden la posibilidad de que Arda nunca hubiera sido plana.

Además, es de sobra conocido el hábito del profesor de corregir y modificar sus textos según el árbol del legendarium crecía y se ramificaba para mantener la coherencia y verosimilitud de todo el conjunto de cuentos que conformaban su mitología.  Todos los aficionados a la obra de Tolkien solemos decir que era muy perfeccionista, pero es que además, me da la impresión de que disfrutaba tanto reflexionando y escribiendo sobre la Tierra Media que siempre encontraba un asunto que matizar, o un argumento que mejorar, dando lugar a las múltiples versiones que Tolkien escribió de sus cuentos, como sucede con las mitologías tradicionales. Gracias a que Christopher Tolkien recopiló, transcribió organizó, analizó y publicó los manuscritos de su padre con rigor profesional y amor filial, tenemos a nuestra disposición los cambios que el profesor incluía en su  obra.

La forma de Arda era un asunto al que, aunque me había llamado la atención, no le había dado mucha importancia. El legendarium de Tolkien es una obra de literatura, por la que, y mediante el recurso del “manuscrito encontrado”, Tolkien se proponía dotar de un corpus de cuentos y leyendas, concebidas desde los idiomas que el profesor inventó según sus gustos estéticos y filológicos, para dotar a Inglaterra de una mitología equiparable en temática y calidad artística a las mitologías consideradas como el germen de la cultura occidental: la egipcia, la semítica, la grecorromana, la nórdica etcétera. Por lo tanto, no era necesario que lo narrado en el legendarium obedeciera ni a la realidad geográfica, ni a las leyes de la física, ni a la evolución lógica de las especies por medio de la selección natural. Comencé a darle más importancia a  esta cuestión en mayo de 2019, cuando la Sociedad Tolkien Española celebró su Convención Anual, Estelcon, en Santa Marta de Tormes, en la que se abría un buen número de espacios y eventos a la visita y participación de admiradores de la obra de Tolkien que no fueran socios. Dado que unos segundos después de llegar a la Convención, el visitante se siente plenamente acogido e invitado a participar con los socios de la STE en la actividad que se desarrolle en ese momento,mi visita junto a mi hijo a la Estelcon fue una experiencia muy grata con gente realmente encantadora. Mientras participábamos en un juego de preguntas y respuestas, uno de los socios allí presentes aludió a una frase del Ainulindalë que apunta a que el mundo era esférico desde el mismo momento en que Eru mostró  a los Ainur la imagen de lo que se había conformado cuando cantaron la música que Eru les había inspirado (El Silmarillion, p.16).

Se suele argumentar que ese “globo” no es Arda, sino que es Eä, el Universo en su totalidad, es decir todo aquello que, según los elfos, formaba parte de la Creación divina. Es realmente difícil saber si el globo es Arda o Eä, pero si queremos formular cualquier hipótesis al respecto, hemos de tener en cuenta, como en casi todos los temas del legendarium que están sujetos a discusión, que El Silmarillion es un conjunto de leyendas élficas. Estas leyendas reflejan la particular interpretación del mundo que tenían los eldar, contada con su particularísimo estilo narrativo, totalmente diferente a los del resto de los pueblos de la Tierra Media. En varias ocasiones, humanos, hobbits y enanos señalan que les resultaba difícil, y hasta molesta la forma de expresarse de los elfos, porque no era raro que sus afirmaciones pudieran significar una cosa y la contraria, a la vez. Así pues, no hay forma de saber si el globo que los Ainur presenciaron era la Tierra o el Universo, como tampoco la hay de ofrecer una interpretación precisa de los últimos párrafos de la Akallabêth. Sin embargo, quiero esbozar una teoría sobre el asunto de la forma de Arda. Soy consciente de que sólo puedo presentar esta teoría como hipótesis porque es totalmente discutible y difícilmente verificable, pero como los lectores de Tolkien disfrutamos mucho reflexionando y debatiendo sobre temas que carecen de una solución definitiva, lanzo aquí mi idea: Arda, la Tierra, siempre fue esférica, tal como sucede en la realidad de nuestro planeta.

Como señalaba más arriba, El Silmarillion recoge leyendas élficas, en las que la narración responde al punto de vista de los propios elfos. Como en toda mitología, lo que se cuenta no se corresponde con la realidad, sino que se deriva de los conocimientos con que contaban los narradores para explicar determinados hechos. Es más, intuyo que en el asunto de la forma de Arda, no importa demasiado el conocimiento real que los elfos tuvieran sobre el particular, ya que a los elfos les era indiferente si la Tierra era esférica o no. Para los eldar no desapareció la posibilidad de navegar a Valinor, incluso si viajaban allí en compañía de miembros de otros pueblos de la Tierra Media. No es una crítica hacia la forma de ser de los elfos, pero no solían preocuparse de todo aquello que no les afectara a ellos, por lo tanto, me parece razonable que no les importara la forma de la Tierra. Como veremos más adelante, era muy probable que el motivo para describir a Arda de una forma u otra fuera meramente de estética literaria. 

Entrando de lleno en lo que se dice en la Akallabêth, es muy significativo que se indique que la “Tierra de Aman ha sido arrebatada” por lo que nadie puede encontrarla en este mundo de oscuridad pero que sigue existiendo en el mundo como fue concebido desde siempre. El pecado Ar-Pharazon, puesto que ha contravenido un mandato divino,  provocó que la presencia de la oscuridad en Arda fuera tal, que impedía a los hombres encontrar el Camino Recto para llegar a Avallone y a Aman. El viaje seguía siendo posible, pero como sabemos, estaba reservado para los elfos y aquellos a quienes los elfos les concedían la gracia de viajar a las Tierras Imperecederas. Por ello, se desataca en el texto, que a partir de entonces tanto por la Ciencia (dado que el contacto con los elfos disminuye, la Humanidad recurre a su propia Ciencia), como por el resultado de los viajes los reyes de los hombres supieron que el mundo es redondo y que los caminos son curvos. Puede que antes de la caída de Númenor los humanos pensaran que el mundo era plano, aunque tuvieran alguna sospecha de su esfericidad (TOLKIEN, JRR, Cuentos inconclusos, Barcelona, Minotauro, 1990, p. 165). Sin embargo, desde que se dedicaron esfuerzos a la observación y experimentación científica, (por medio de la Astronomía y de la Geografía), la inteligencia humana pudo constatar la redondez de la Tierra.

Por todo esto, pienso que los conceptos Camino Recto y Camino Curvo no son conceptos geográficos o astronómicos, sino que son conceptos religiosos. La Tierra de Aman suponía la cercanía física entre los valar, espíritus surgidos del pensamiento de Eru que actúan en su nombre, y los Hijos de Eru, pero como los Segundos Nacidos se rebelaron contra el mandato divino, dicha cercanía física desaparece para los hombres. Desde entonces, la humanidad se enfrentará a un viaje difícil, a un camino curvo para volver a acercarse a la divinidad. Estas dificultades no eran, o mejor dicho no son, insalvables para la Humanidad. En un episodio muy anterior, según la cronología del legendarium, pero que probablemente fuera escrito después que la Akallabêth, Andreth, la mujer sabia, conversa con Finrod quien le dice que Eru nunca permitirá que sus hijos, en este caso los humanos caigan y se pierdan en las sombras para siempre, por lo que Eru intervendrá directamente en Arda para salvar a la Humanidad (TOLKIEN, JRR, “Athrabed Finrod ah Andreth” en El anillo de Morgoth” Barcelona, Minotauro , 1993, pp. 252-289). Claramente, Tolkien aludía en este cuento tanto al nacimiento de Jesús, hecho que él denomina la Eucatástrofe (el "giro repentino y gozoso", en ocasiones fundamentado en "una gracia súbita y milagrosa" que conduce al desenlace esperanzador de los cuentos de hadas) de la historia del Hombre porque esta Eucatástrofe sucede en el mundo real, como a su Resurreción que compone la Eucatástrofe de la Historia de la Encarnación porque supone la Redención de la Humanidad (TOLKIEN, JRR, “Sobre los cuentos de hadas” en Cuentos desde el Reino Peligroso, Barcelona, Minotauro, 2009, p. 313 y 316-317).

Volviendo a la cuestión de la forma de Arda, contamos con un texto de Tolkien en el que el profesor explica que el uso por los poetas del concepto de la Tierra plana debe ser entendido como un recurso estilístico, como una figura retórica: los comentarios que Tolkien preparaba para impartir sus clases, y que fueron incluidos por Christopher en la edición de la traducción que realizó su padre de Beowulf (TOLKIEN, JRR, Beowulf, Barcelona, Minotauro, 2015, p. 203) al inglés actual. Ante la posibilidad de que alguien considerase que el poeta de Beowulf no fuera una persona ilustrada, Tolkien señala que a la altura del año 800 DC. la idea de la Tierra plana ya estaba superada entre las personas cultas, pero que tal imagen seguía contando con una enorme fuerza poética y por ello era un recurso habitual entre los poetas. Tolkien indica que mediante dicho recurso el poeta de Beowulf logró dotar a sus versos de una gran belleza plástica y lírica.

Así pues, me parece lógico pensar que el propio Tolkien pudo recurrir a la imagen de la Tierra plana como figura retórica que aportara belleza lírica a su obra, al mismo tiempo que la vinculaba a la tradición estilística de la poesía y de las mitologías que él admiraba. Incluso, mediante este recurso Tolkien ofrece una explicación acorde con la tradición de las mitologías y con su Fe católica a ciertos asuntos difíciles de entender para el género humano: el sufrimiento, la muerte y la inmortalidad, la Esperanza, la Fe en Dios, etc.

Fuera ya del contexto del legendarium, es decir, en el mundo real me gustaría señalar que en ese mismo texto, Tolkien afirma que sería muy difícil encontrar a alguien en la Europa de su tiempo que pudiera pensar que la Tierra es plana en la realidad física, no en la literatura mitológica. Desgraciadamente, hoy Tolkien no podría decir lo mismo sobre cierto número de habitantes del llamado mundo desarrollado que, y a pesar de contar con un acceso a la Ciencia y la Cultura infinitamente más fácil y generalizado que el que disponían en la Alta Edad Media, niegan irracionalmente que la Tierra sea esférica. 




 


Mi opinión (positiva) sobre La Odisea de Cristopher Nolan

  Desde antes de su estreno La Odisea dirigida por Cristopher Nolan ha recibido muchas y duras críticas arguyendo que el trabajo y las decis...