jueves, 6 de octubre de 2022

LOS ANILLOS DE PODER, MIS DUDAS Y ESPERANZAS SOBRE LA SERIE DE AMAZON

 


No deja de ser triste que haya que comenzar aclarando que una opinión sobre un producto no es un acto ni de odio, ni de estima hacia los que participan en el mismo, ni hacia el resto de las personas que opinen sobre dicho producto. Pero estos son los tiempos que nos ha tocado vivir. Las emociones lo dominan todo.  Pese a que se supone que la gestión de las emociones es uno de los grandes logros de la sociedad occidental, da la impresión que son las emociones quienes gestionan a la propia sociedad.



Además el adaptador es el creador de su propia obra, por lo que puede tomarse cuantas licencias artísticas desee, siempre y cuando sean coherentes con su propia obra y no impida su identificación con la obra original. En este otro caso, no estaríamos hablando de una adaptación, sino de una obra inspirada en otra, o de la creación de una obra ambientada en el contexto de otra, que pueden dar lugar a auténticas joyas. Coppola no fue fiel, entre otras razones por motivos personales, a la novela de Conrad, pero Apocalypse Now es una obra maestra de la historia del cine que además presenta la idea subyacente en El corazón de las tinieblas la ilimitada capacidad humana para realizar actos horribles si alguien se considera a sí mismo legitimado para hacerlo.

Tampoco es necesario que en la adaptación se explique aquello que parezca que no entiende en la obra original Howard Hawks no aclara los detalles de la trama de El sueño eterno, que en la novela de Raymond Chandler no se explicaban, entre otros motivos, porque el propio novelista confiesa que él tampoco sabía lo que había sucedido. Sin embargo, los lectores de la novela y los espectadores de la película disfrutamos de la calidad de ambas, sin necesidad de que nos expliquen su trama, y por lo tanto de saber todo lo que ha pasado.

Otro artista diferente al creador de la obra puede aportar argumentos y tramas que no existieran en la obra original, o que hasta contradigan lo que se narraba en aquella. Una de las películas que más disfruté en mi adolescencia, y que aún me gusta mucho, es El secreto de la pirámide,  el desafortunado título español de Young Sherlock Holmes. Barry Levinson y Chris Columbus se inventan una primera aventura de Holmes y Watson en sus tiempos de estudiantes que contradice la forma en que Arthur Conan Doyle narraba cómo ambos se conocían, siendo ya adultos. Esta película es lo que se suele denominar un fanfiction. Sin embargo, cualquier lector de Doyle reconocerá a Sherlock Holmes en el personaje que interpreta Rowe, incluso en aquellos rasgos de su carácter que puedan parecer diferentes a los conocidos. También es cierto, que el Watson que interpreta Cox es más similar al de las películas de la Fox y de la Hammer realizadas en los años 30 y 50 del siglo XX. Como toda la cinta de Levinson destila y confiesa un enorme respeto a Doyle y a su personaje, también en sus otras representaciones audiovisuales, es perfectamente disfrutable tanto por los que se acerquen por primera vez al detective asesor, como por los que se conocen de memoria todas la aventuras de los inquilinos del 221B de Baker Street. Lo mismo, pero en términos aún más elogiosos, cabe decir de la serie de la BBC creada por Moffat y Gattis, y protagonizada por Benedict Cumberbatch y Martin Freeman.

Por otro lado, no creo que sea cierto el tópico que afirma que el libro siempre es mejor que la película que lo adapta. Howard Hawks y Ernest Hemingway ya lo demostraron, cuando invitado por el propio escritor, Hawks llevó a la gran pantalla Tener y no tener. O volviendo a Coppola, pese a que la novela de Mario Puzo es mucho mejor de lo que la crítica suele decir, es mejor El Padrino cinematográfico que el literario. También me gusta más Blade runner de Ridley Scott que ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Phillip K. Dick.

Así pues, podemos decir que el adaptador de una obra tiene un margen casi infinito de maniobra para llevar su visión de la obra original a las pantallas. Asimismo, podemos decir que es totalmente lícito (artísticamente hablando, claro) crear historias con los personajes y el contexto de una obra a la que se desea rendir un respetuoso y sincero homenaje. Por ejemplo, no creo que me equivoque si afirmo que cualquier lector, fan o estudioso de Tolkien ha intentado crear, por medio de cualquiera de las artes, una obra ambientada, inspirada o dedicada a la obra de J.R.R. Tolkien, y que hemos disfrutado leyendo, contemplando o escuchando estas obras realizadas por otros apasionados del profesor.

Por todo ello, es totalmente entendible el deseo de Jeff Bezos de realizar su propio fanfiction ambientado en el legendarium con el que Tolkien deseaba dotar a su país; Inglaterra de una mitología que al nacer de los idiomas que él inventó, contaba con un verdadero aliento, pneuma,  vital. Aunque me temo que justo ahí podemos encontrar algunos de los motivos por los que la serie está creando dudas entre muchos lectores habituales de Tolkien: Amazon no ha tenido en cuenta la concepción filológica y mitológica de la obra de Tolkien. Pero realmente no es necesario hacerlo. Jackson tampoco incluyó dichos aspectos en su adaptación de El Señor de los Anillos y las películas triunfaron tanto entre el público, como entre la crítica. Los lectores más asiduos de la obra de Tolkien también disfrutaron, y siguen disfrutando, de estas películas, a pesar de echar de menos a algún personaje, y buena parte de la cosmovisión que Tolkien presentaba en su obra.

Entonces ¿qué ha sucedido con la serie de Amazon? Si no se han incumplido las “reglas” de la adaptación de una obra literaria, y si el propio Jeff Bezos se confiesa lector y admirador de la obra de Tolkien, ¿por qué ha suscitado tantas críticas?

Podemos en primer lugar, recordar las reticencias que tenía Tolkien hacia las posibles adaptaciones a su obra. Una opinión totalmente compartida por su hijo.  Temía que la fuerza de las imágenes en una pantalla pudiera sustituir o anular aquellas que cada lector recreara en su imaginación mientras lee. Además, Tolkien era consciente de que la naturaleza especial de su novela, y de todo su legendarium dificultaba más aún de lo habitual la adaptación de su obra literaria a las pantallas.

Corroborando los temores de los Tolkien, encontramos en las películas de Jackson otro de los motivos del desapego hacia la serie de Amazon. Las películas de Jackson han implantado en el imaginario colectivo el aspecto de la Tierra Media y de sus habitantes. Tolkien tiene cientos de millones de lectores por todo el mundo, pero lógicamente son muchísimas más las personas cuya única referencia a la Tierra Media son las películas de Jackson. Es lo mismo que sucede con la imagen popular de Sherlock Holmes, Drácula…, a partir de ahí, salvo que interviniera un director del talento de Coppola (o alguien que tuviera la talla artística de John Ford o Howard Hawks) va a ser muy difícil apartarse de la imagen jacksoniana de la Tierra Media.

Es cierto que el equipo de Amazon ha afirmado que no quieren seguir los pasos de Jackson, pero una de las primeras decisiones fue rodar en Nueva Zelanda. Podían haber decidido rodar en la campiña inglesa, o en los Alpes suizos, que son dos de las pocas referencias geográficas que podemos entresacar de los escritos de Tolkien. Pero se rueda en Nueva Zelanda, porque para mucha gente la Tierra Media está en Nueva Zelanda como se puede ver en muchas campañas publicitarias.

Por otro lado, la serie de Amazon incurre en el mismo error que Jackson al adaptar El hobbit. Un libro que como todo buen cuento de hadas es una lectura para niños inteligentes y para adultos que no hayan perdido la capacidad de asombro, pero de un tamaño notablemente inferior que El Señor de los Anillos, pero que se llevó al cine en forma de trilogí fílmica.

Así pues, Jackson tuvo que alargar la trama del original, e incluir personajes y subtramas que no estaban presentes en el libro, tanto para aportar metraje, como para responder a una supuesta demanda del público: la necesidad de presenciar una historia de amor imposible. Efectivamente, me refiero a la historia de la elfa Tauriel y el enano Kili. No entro a juzgar el aporte narrativo de esta subtrama, ni la interpretación de los actores, pero es un recurso que pretende enmendar la plana al escritor. La adaptación se va a alejando cada vez más del original y por el camino va perdiendo la esencia de la obra literaria.

En el mismo sentido, Jackson ya había cambiado el carácter de la mayoría de los personajes de El Señor de los Anillos. Gimli es poco más que un bufón, Legolas nos recuerda a un surfero californiano, los cuatro hobbits parecen niños, y no por su tamaño físico, Aragorn es un pusilánime, Boromir parece un yonki de la guerra. A otros personajes como Éowyn y Faramir se les privó de la grandeza y profundidad psicológica que tienen en la novela. Hay muchos más ejemplos, pero por resumir se puede decir que todos los personajes parecen menos inteligentes y menos valientes en las películas que en la novela.

Estos cambios (a peor) en el carácter de los personajes puede deberse a hacerlos más “simpáticos” y más fácilmente entendibles por el gran público. En mi opinión, eso es maltratar a los personajes y menospreciar al público. Sin embargo, muchas grandes producciones actúan así, como sucede en la serie de Amazon, que a pesar de negarlo, sigue más los pasos de Jackson que los de Tolkien, tanto en lo estético no en lo argumental, al introducir tramas tan ajenas al legendarium,  como lo fueron en su día los midiclorianos a la Fuerza del universo de Star Wars, acabando con toda la mística y el misterio que, acertadamente, se había sugerido en la trilogía clásica de La Guerra de las galaxias. Así, también parece haber un intento de evitar el misterio de lo trascendental en la serie de Amazon. 

También se ha cambiado el carácter de  muchos personajes: Galadriel, Celebrimbor, Elrond o Gil-Galad tan sólo comparten el nombre con los personajes originales. Y, como de costumbre, se les presenta, menos sabios, menos inteligentes, menos fuertes, menos valientes, etc… 

En el legendarium Galadriel lucha, y lidera a otros en la lucha con habilidad y sabiduría, pero su poder es mucho más amplio del que se puede derivar de saber esgrimir una espada. De hecho, para Tolkien los que solo basan su poder  en la espada no son realmente poderosos. No quiero entrar a analizar a la Galadriel de la serie, pero no pudo pasar por alto dos detalles que no me gustaron nada. Nadie puede tocarle el cabello a Galadriel, y nadie de entre los Hijos de Eru duda de la palabra de Galadriel.

Asimismo, se han introducido personajes que no aparecían en las obras de Tolkien. Sin embargo, he de decir que tanto el elfo Arondir, como la enana Disa, su esposo Durin, y el uruk Adar me parecen los personajes más carismáticos e interesantes de la serie.  En cambio la pareja humana de Arondir, Bromwyn no me trasmite nada, quizás porque parece que su personaje tiene como función que el público estadounidense se sienta identificado con los campesinos de las Tierras del Sur. Algo parecido me sucede con Númenor, la veo con más referencias a los EE UU que a la Oesternessë literaria, hasta hay adolescentes camino de su centro de estudio que hablan de la posibilidad de tener una cita. De hecho, en muchas ocasiones la serie parece querer acomodarse a los gustos del público estadounidense.

Sin embargo lo más descorazonador es ver que han obviado la verdadera razón por la que los númenoreanos se apartaron de los valar y convirtieron su afecto por los elfos en desprecio. No se muestra cómo comienzan temer a la muerte y a percibir la longevidad de los elfos como un privilegio injusto del que se priva a los humanos porque tienen prohibido viajar hacia el Oeste, a Valinor, aunque no sea tal el motivo de su mortalidad; porque de nuevo se nota que en la serie se pretende obviar todo lo referido a la Trascendencia. En cambio, aparecen unos trabajadores númenoreanos indignados porque los incansables trabajadores élficos les iban a quitar sus puestos de trabajo. Dejando aparte que los elfos viajaban a Númenor de visita turística y poco más, ni los eldar ni los númenoreanos tenían ningún problema para garantizarse el sustento, y el trabajo que pudieran realizar era más un placer que una carga.

Es cierto que toda obra artística es hija de su tiempo. Independientemente de cuando esté ambientada; cabe recordar que el legendarium se desarrolla en un antiquísimo pasado mítico que se inicia en el principio de los tiempos; una obra siempre va a reflejar parcial o totalmente las vicisitudes de la sociedad que la vio nacer. Esto sucede claramente en Los Anillos de Poder, pero no estoy aludiendo a la elfofobia númenoreana, ni a otros asuntos de los que se ha hablado continuamente, y que si están bien hilados e integrados en la historia que se quiere contar no constituyen ningún problema. Lo que quiero exponer es el paso  definitivo que da la serie para apartarse de la obra de Tokien y que responde a una de las características de nuestra sociedad posmoderna y materialista: la ausencia de la Trascendencia en la vida, actos y motivaciones de los personajes y de las personas. No me refiero solo a la Fe católica que profesaba Tolkien, o a cualquier otra religión, sino también a una visión menos materialista o utilitarista de la vida, y con una influencia mayor de lo metafísico en el mundo tangible, que es consustancial a los buenos cuentos de hadas.

Como buena mitología que es, la obra de Tolkien gira en torno a las grandes cuestiones que desde siempre se ha planteado la Humanidad: el sentido de la vida y de la muerte, la ética en las relaciones entre las personas y los pueblos, o con el resto de las criaturas con las que compartimos nuestro hogar, e incluso como nos tratamos a nuestro propio hogar: la Tierra. En el legendarium la inmortalidad élfica y la mortalidad humana, así como la libertad que confiere esta última, subyacen en la inmensa mayoría de los conflictos que desafían a los Hijos de Eru. En la serie, tan sólo Adar, el uruk, se plantea estas cuestiones y las asume como sus motivaciones. Es lo que le convierte en un personaje interesante y carismático.

La ausencia de la Trascendencia se traduce, también, en la visión que Los Anillos de Poder nos ofrece  de Valinor, como el hogar de los elfos, aunque en realidad fuera el de los valar. Los eldar fueron invitados por los valar a vivir con ellos, y de entre ellos los noldor volvieron a la Tierra Media, pero no para perseguir a Sauron. Sin embargo, puede que fuera muy arriesgado desarrollar una trama sobre el pecado en una serie, si se va a emitir por televisión. Como Valinor, según la serie, es el hogar de los elfos y no hubo ningún pecado contra los valar ni contra los elfos teleri, es el Rey de los noldor, Gil-Galad, quien otorga la gracia de viajar a Valinor. Aunque, tal viaje parece muy diferente de ser una gracia, ya que se asemeja más a la preparación de unas víctimas propiciatorias de un sacrificio, que a la vida en el Reino Bendecido.

Por todo lo expuesto, creo que está claro que la serie Los Anillos de Poder no es una adaptación de las obras de Tolkien, sino que es un fanfiction inspirado en el legendarium. Por supuesto, que no hay nada negativo en ello. Ya lo he dicho antes, se puede disfrutar de un fanfiction bien realizado, sea o no sea fiel a la obra original. Aunque para ello, Amazon debe esforzarse más en apartarse de las películas de Jackson, en centrarse menos en el público estadounidense y en permitir que el misterio de la Trascendencia aparezca en la serie. Asimismo, la propia publicidad de Amazon se había creado un problema cuando anunció la serie como una adaptación que además iba a completar todo aquello que el profesor no pudo terminar, algo así como una edición revisada y aumentada. De ahí, la desconfianza que ha suscitado la serie entre muchos lectores se Tolkien. La pretensión de "completar" al profesor no es fácilmente entendible, y el riesgo de que el gran público asuma como parte de la obra de Tolkien, episodios que son creación de otros autores es bastante real.

No quiero acabar sin comentar una pregunta que se nos plantea recurrentemente a los que no estamos entusiasmados por la serie: entonces ¿por qué sigues viendo Los Anillos de Poder? Los humanos mortales, y esto también se puede encontrar en el legendarium tolkieniano, no somos perfectos y tendemos a ser contradictorios. Las personas que son absolutamente coherentes en su vida o son santos, si su coherencia está guiada por el Amor, o muy peligrosos si su coherencia se debe a una obstinación irreflexiva. Por otro lado, tengo una gran curiosidad intelectual, es decir, que me gusta saber más y más de todo aquello que me llama la atención, así que es normal que me interese la visión que puedan tener otros sobre la obra de Tolkien. En relación con esto, también está la ilusión. Aunque nos baste con los libros, no cabe duda de que a cualquier lector apasionado por la obra de Tolkien le hace una gran ilusión que ese universo sea representado en otros medios. Finalmente, puedo señalar a la esperanza como motivo para ver Los Anillos del Poder.

La esperanza es otro de los grandes temas que aparecen en el legendarium, Estel, esperanza es el nombre que Aragorn recibe durante el tiempo que vivió en Rivendel, la casa de Elrond. Así pues, que un producto esté relacionado con la obra de Tolkien ya alienta la esperanza del lector, oyente o espectador. También hay aspectos en la serie que me permiten mantener cierta esperanza en que, si no todos, algunos personajes reflejen lo que subyace en el legendarium. Como he comentado antes, Arondir, Disa y Durin (y el resto de los enanos) y Adar, el uruk como él mismo se define, ofrecen al espectador aspectos importantes directamente relacionados con las obras del Profesor. También mantengo la esperanza en la serie, porque sé que entre las personas que han colaborado en la misma, con diferentes responsabilidades e implicaciones hay quien ha puesto todo su cariño y conocimiento en que Los Anillos del Poder siendo, lícitamente, una producción de una empresa y realizada con los gustos e intereses de dicha empresa, honre y evoque el el espíritu que brotaba de la realidad filológica y mitológica que reside en toda la obra de John Ronald Reuel Tolkien.




jueves, 28 de julio de 2022

Éowyn de Rohan

 

Hacía mucho tiempo que me apetecía dedicar una entrada del blog a uno de mis personajes favoritos de El Señor de los Anillos y de todo el legendarium tolkienianio: Éowyn de Rohan. No sólo es uno de mis personajes favoritos, sino que Eowyn es uno de los personajes más apreciados por la mayoría de los lectores de Tolkien. Hay varias razones que explican su aprecio por parte del público, entre otras las que siguen. Por un lado, Éowyn es uno de los personajes con los que cualquiera puede identificarse más fácilmente. Es cierto que es una princesa, pero no es una princesa waltdisneyana, en un cuento de hadas, pero ESDLA no es cuento de hadas hollywodiense, sino que es un cuento de hadas que sigue las normas y estilo de los cuentos de hadas tradicionales que devinieron en los mitos fundacionales de cada pueblo y en el germen de toda la literatura, así que es muy fácil ver representados nuestros sentimientos y anhelos en los pensamientos y actos de Éowyn.

Por otro lado, gracias a su valor, pericia militar, y amor por sus seres queridos eliminó al más poderoso de los servidores de Sauron. Esta hazaña ha situado a Éowyn en el debate sobre la escasez de personajes femeninos en el legendarium. Es innegable que hay pocos personajes femeninos, pero los que aparecen tienen personalidad y cualidades tales que los hacen personajes más trascendentales para el desarrollo y desenlace de la trama, que la mayoría de los personajes masculinos de la obra, y de la mayoría de los de la Historia de la Literatura. No olvidemos que el poder Melian defiende el reino de Doriath mejor que las armas de Thingol, que Lúthien rescata a Beren, que Andreth es la única humana capaz de mantener un pulso intelectual con los elfos Noldor, de entre los que destaca Galadriel en poder y sabiduría, aún en el ocaso de su pueblo, o que la invocación a la Valië Elbereth fortalece el ánimo de los elfos y de otros pueblos libre de la Tierra Media más y mejor que la invocación a cualquiera del resto de los Valar, ni, por la supuesto que la propia Éowyn mató al Rey Brujo, a quien ningún hombre estaba capacitado para matar.

Sin embargo, el atractivo y la grandeza de Éowyn no obedecen solo a su habilidad con las armas, ya que me parece demasiado simplista confiar la importancia de un personaje femenino (o masculino) a su habilidad y determinación guerreras, porque como dice el maestro Yoda: “la guerra no le hace a uno grandioso”, sino que también a la fuerza de su carácter. Dicha fuerza es el reflejo de una inteligencia y de una personalidad multidimensional que le permite contemplar y entender la complejidad del mundo mucho mejor que el resto de los personajes mortales de la novela, salvo con la excepción de dos, en los que encontró una inteligencia y altura de miras como las que ella poseía.

Encontramos a Éowyn en el Castillo Dorado de su tío,  Théoden Rey de Rohan. Ella está, vestida de blanco, de pie, detrás del Trono del Rey, cuyo aspecto es el de un anciano al final de sus días, con la voluntad tan quebrada como el cuerpo por el dolor de la muerte de su hijo y de la, aparente, traición de su sobrino. Gríma, Lengua de Serpiente, que se encuentra sentado a los pies del Rey, pero al servicio de Saruman, ha envenenado el ánimo de Théoden, porque codicia a la Blanca Dama de Rohan.

Sin embargo, Éowyn mantiene su fuerza y vigor templados como el acero, que eran la última protección del Rey ante el poder de Saruman. Así la vio Aragorn, tan hermosa y fría, como fuerte y firme, cuando deja a solas a su tío con Gandalf. Pero no sólo Aragorn se fijó en Éowyn reconociendo su ánimo resuelto y decidido. La andrajosa vestidura de Aragorn no fue obstáculo para que Éowyn percibiera en él la nobleza, sabiduría y el poder que le conferían su linaje y sus propios méritos. Un poco más tarde, cuando ya recuperado, Théoden ha decidido que Rohan luchará contra Saruman hasta la muerte, y debido a la posibilidad de la misma, el rey comparte con sus invitados una copa de vino que Éowyn va ofreciéndoles. En el momento en que Éowyn llega a donde está Aragorn, nos quedan claros los sentimientos de la Dama de Rohan hacia el Heredero de Isildur, que la admira, pero que no la ama.

Ante la inminente partida de Théoden y de Éomer, el Rey inviste a Eowyn como Señora de Rohan. No sólo porque ella sea un miembro de la Casa de Eorl, sino que también porque está plenamente capacitada para cuidar y gobernar al pueblo de Rohan. Háma le señala a su Rey que Éowyn tiene las virtudes necesarias para ejercer el gobierno: valor y generosidad y que al contar con el amor de su pueblo, será gustosamente aceptada y obedecida por los eorlingas. A pesar de la tristeza de Éowyn por la marcha de su tío, de su hermano y de Aragorn, que éste finge no haber notado, Tolkien nos retrata a Éowyn en toda su majestad: "Allá en lo alto de la escalera, de pie, sola delante de las puertas, estaba Éowyn, las manos apoyadas en la empuñadura de la espada clavada ante ella en el suelo. Ataviada ya con la cota de malla, resplandecía como la plata a la luz del Sol." 3, VI: 163.

Mientras se desataba la batalla en el Abismo de Helm y en Isengard, Éowyn ha cumplido la misión que su Rey le había encomendado. Ha dirigido a su pueblo hasta el Sagrario, donde estarán a salvo de las amenazas y ataques del enemigo. Allí llegará también Aragorn, al frente de la Compañía Gris, para dirigirse al Sendero de los Muertos. La conversación con Aragorn le certifica a Éowyn que no puede esperar contar con el amor del Heredero de Isildur. Quizás, ella se haya dado cuenta que su admiración y simpatía por Aragorn son reales, mas que su amor por él, bien podía haber sido una puerta que buscaba su espíritu inconformista y consciente de su propia valía como persona, para escapar del destino diseñado para ella por ser mujer. En ese momento, Éowyn decide tomar las riendas de su propia vida. Sin embargo, Aragorn le recuerda que son pocas las personas que de verdad pueden vivir la vida según sus deseos, y menos aún aquellas que puedan hacerlo, teniendo un deber para con su pueblo. A lo que Éowyn le responde que está cansada de esperar a que otros luchen por ella. Está cansada de esperar en el hogar, por ser mujer, que otros mueran por ella, y acabar inmolada en su hogar, en vez de haber aprovechado la oportunidad de morir luchando por aquellos a los que ama. No teme al dolor ni a la muerte, tan solo teme a vivir en una jaula, aunque ésta fuera dorada, hasta que el tiempo le haga olvidar sus anhelos de gloria, hasta que el tiempo le lleve a aceptar no ser ella misma, sino la persona que otros esperan que sea. Éowyn no permitirá que esto le suceda, aunque para ello tenga que abandonar el cuidado de su pueblo.

Asumiendo la identidad falsa de Dernhelm, Éowyn se une a la hueste de Rohan que parte a socorrer a la sitiada ciudad de Minas Tirith. Sin que el hobbit la reconozca bajo el casco, se lleva a Merry, consigo porque entiende, mejor que nadie, el deseo del mediano de luchar, de morir, si fuera necesario para defender todo aquello que ama, en vez de esperar y sufrir temiendo la muerte de sus amigos y la derrota de los Pueblos Libres ante el Señor Oscuro. Sin embargo, Éowyn está abandonando a su pueblo. Los que permanecen en la retaguardia ya no tienen una Señora que les guíe y les proteja, y que organice la última defensa en el caso de que los rohirrim sean derrotados ante los muros de Minas Tirith. Más aún, está faltando a la confianza que su tío ha depositado en ella para que en el caso de que tanto Théoden, como Éomer mueran en la guerra, la corona de Rohan sea asumida por una persona de la Casa de Eorl, que tenga una valía reconocida y que sea aceptada por todo el pueblo de Rohan.

A pesar de ello, y debido a que Éowyn no actuó guiada por el egoísmo, sino por el amor a sus seres queridos y a su pueblo, y a que no dudó en arriesgar sus posibilidades de reinar, e incluso su propia vida, su inclusión clandestina entre los rohirrim, y su participación en la Batalla de los Campos del Pelennor será decisiva para la victoria de los Pueblos Libres, la salvaguarda del honor de su Rey, la gloria de su pueblo y el cumplimiento de la profecía de Glorfindel; ningún hombre podrá acabar con el Rey Brujo. Éowyn mató al más poderoso de los servidores de Sauron, con valor, decisión, fuerza e inteligencia, ya que el jefe de los Nazgûl no se esperaba la respuesta de su oponente: "¡Es que no soy ningún hombre viviente! Lo que tus ojos ven es una mujer. Soy Éowyn hija de Éomund." 5, VI: 15, y Éowyn aprovechó la ambigüedad propia de cualquier profecía y la soberbia de su enemigo, para que el cuello del Rey Brujo probara la destreza de su mano empuñando el acero.

Sin embargo, nadie sale indemne de un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con un nazgûl, y menos aún, si se trata de su capitán: el Rey Brujo de Angmar. Éowyn recibió sendas heridas en los brazos. El que sostenía el escudo presentaba una herida visible y curable por parte de los sanadores gondorianos, pero el brazo que empuñaba la espada quedó afectado por negro espíritu del nazgûl. A lo que se añadía una tristeza desesperanzada que embarga el ánimo de Éowyn. Aragorn pensaba que esta tristeza tenía un origen muy lejano en el tiempo, hasta que Éomer le señaló el verdadero motivo. Aunque Éowyn había sufrido por las acechanzas de Lengua de Serpiente y por el hechizo del Rey, la terrible tristeza de Éowyn se produjo al cruzar sus ojos con los del Heredero de Isildur. Aragorn reconoce que ya lo sabía, y que se sentía avergonzado de no poder corresponder al amor de Éowyn. Por ello, Aragorn espera poder curar el cuerpo de la Dama de Rohan, porque "las manos del rey son manos que curan" pero la cura para el espíritu  de Éowyn está fuera del alcance de sus manos.

Efectivamente el cuerpo de Éowyn sanaba y recuperaba su vigor, pero ella no sentía deseos de vivir. Había perdido la esperanza de la felicidad y más allá de los muros de Minas Tirith continuaba la guerra de la casi nadie esperaba un desenlace favorable para Gondor y Rohan. Éowyn deseaba la muerte, y la muerte era lo que esperaba a los Pueblos Libre, así, que la Dama solicitó a sus cuidadores que la permitieran marchar de nuevo a la guerra. Ellos le remiten a la autoridad del Senescal de Gondor, que al igual que ella, es otro valeroso y capaz guerrero que también ha sido herido combatiendo contra el Capitán de los Nazgûl, y que asimismo lleva una gran tristeza en su corazón: Faramir hijo de Denethor.

Tal como aparece representado en las películas de Peter Jackson, el enamoramiento entre Faramir y Éowyn puede parecer forzado para ofrecer un final feliz hollywoodiense a estos dos personajes, pero, en la novela Tolkien nos ofrece un precioso y coherente relato de cómo nace el amor entre dos personas que compartían inquietudes y anhelos que no eran comprendidos por sus allegados.

Tanto Éowyn, como Faramir han sufrido la pérdida de seres amados, y ambos han sufrido por ver que su amor noera correspondido como ellos esperaban y de quien ellos más lo esperaban; en el caso de Éowyn por parte de Aragorn, y en el caso de Faramir por parte de su padre. Los dos son hermanos de grandes y reconocidos guerreros. Ambos, a su vez, han demostrado su valía en la batalla, muy por encima de la inmensa mayoría de su gente, y ambos fueron heridos gravemente combatiendo al más poderoso siervo de Sauron aunque sólo Éowyn fue capaz de derrotarlo. Por causa de esas heridas, ambos fueron curados por las manos de Aragorn, y se conocieron durante su convalecencia en las Casas de Curación.

No cabe duda que Éowyn y Faramir tienen mucho en común, pero tienen algo más en común, y, en mi opinión, más importante que lo ya mencionado. Las palabras de Faramir, enamorado de Éowyn desde la primera vez que la ve y habla con ella, se encuentran con la barrera de la tristeza y de la desesperanza de la Dama de Rohan. Pero en un proceso mutuo y personal, que les lleva a cada uno a descubrir el interior del otro, y parte de su propio interior, de una forma relativamente similar al que desarrollan Elizabeth Bennet y Darcy en "Orgullo y Prejuicio" de Jane Austen; el enamoramiento de Faramir se consolida en amor verdadero, y el desdén de Éowyn se transforma también amor verdadero, incluso antes de que ellos se den cuenta. "Y mientras esperaban, las manos de los dos se encontraron y se unieron, aunque ellos no lo sabían. Y así siguieron, esperando sin saber qué esperaban." 6,V:42. Porque ambos son personas con una visión del mundo y de la vida mucho más amplia que el resto, son más inteligentes y sensibles que los demás. Faramir perdona la vida a Gollum, jugándose la suya propia, porque confía en Frodo, a pesar de que la situación aconsejaría no hacerlo, y Éowyn no dejó de cuidar y proteger a su tío cuando se encontraba bajo la influencia de Saruman, ni permitió que dejaran atrás a Merry sin que éste pudiera acudir a auxiliar a sus amigos.

Por otro lado, ambos han albergado siempre un anhelo por ir más allá, de lo que por su status se esperaba de ellos. Faramir es un soldado, pero también es un hombre de libros y ciencia, aunque su familia no entienda que encuentre placer en el conocimiento. Éowyn es la más alta Dama de la Corte de Rohan, pero también es un soldado porque quiere y sabe que puede hacer algo más que esperar en la Corte, y su familia tampoco entiende su deseo por luchar, por no estarse quieta. Así pues, llegado el momento, ambos reconocieron su mutuo amor, despojados de los condicionantes externos que habían soportado hasta entonces. Por eso mismo, Éowyn descubre que, como señalaba Yoda y también el propio Faramir, la guerra no hace grandioso a nadie, ya sea hombre o mujer, sino que la grandeza está en un corazón noble al servicio de los demás. Desde entonces, Éowyn decide dirigir sus esfuerzos a la ciencia de la curación.

Tan sólo restaba dar público conocimiento a su compromiso. La forma en que Tolkien nos presenta este anuncio es, probablemente, el momento que hace de Éowyn uno de los personajes femeninos más importantes y trascendentales de la historia de la literatura. Éomer tiene el honor de llevar a cabo dicho anuncio. "¡Faramir, senescal de Gondor y príncipe de Ithilien pide la mano de Éowyn dama de Rohan y ella se la concede de buen grado!" 6, VI,30. Como ya sucediera en las Casas de Curación, Faramir ha pedido su consentimiento a la propia Éowyn, y es ella misma, no ningún varón que la tutorice como era lo habitual en los cuentos de hadas, en las novelas de época y… en la realidad, quien le concede su mano a Faramir.

Éowyn ha escogido la profesión que ella ha querido y ha decidido compartir su vida con el hombre que ella ama libre y voluntariamente. Efectivamente, Éowyn es la dueña de su propia vida.







sábado, 25 de junio de 2022

LÁGRIMAS EN LA LLUVIA

Este cuento fue publicado en Estel, Revista de la Sociedad Tolkien Española, n⁰ 95, verano 2021, pp. 36-37.

Me gustaría agradecer al Consejo editorial de Estel que lo seleccionaran para ser pblicado


Todos los días empleaba varias horas en afilar la hoja de su vieja espada y a tensar su arco minuciosa pero, cansinamente. Dedicaba a sus viejas armas más tiempo del necesario, porque el mantenimiento de las mismas era una de las pocas actividades en que podía ocupar su vacío tiempo. Sin embargo, conservaba un arma a la que no prestaba ningún cuidado, ni siquiera deseaba mirarla. Las cicatrices de su cuerpo le recordaban claramente la inutilidad que había presentado aquella cota de malla en el campo de batalla. 


La imagen de la batalla volvió a su mente con la velocidad de un relámpago. Rememoraba, cada vez con más frecuencia y con un creciente poso de amargura, aquellas olvidadas guerras que desgastaron sus armas y su cuerpo. En esas ocasiones, la hiel de sus recuerdos le provocaba una vergonzosa aversión a la idea de matar. Siempre, había creído recordar con satisfacción sus victorias o el temor de los enemigos ante su presencia, pero ahora dudaba de sus sentimientos, si podía llamarlos así. Había nacido para la lucha, y sabía que la guerra estaba escrita en su destino y en el del mundo, pero ya no le parecía un cometido gratificante. El recuerdo de sus compañeros de armas tampoco lograba mejorar su ánimo. Muchos no habían sido verdaderos camaradas y todos ellos habían muertos hacía ya muchos años. El mismo tiempo, que él llevaba oculto para el mundo. Sabía que su tiempo había pasado y que no quedaba ningún lugar para él fuera de su cubil, su madriguera, como él la llamaba con ironía. 


Su madriguera era una covachuela oscura que había encontrado años atrás, antes de que con el paso del tiempo, aquél fuera un lugar tan apartado, que ni él mismo podía recordar el nombre del país donde se encontraba, y no sólo porque el aspecto del mundo hubiera cambiado de nuevo. Barruntaba que la Tierra Media también se había olvidado de él. A pesar de los rumores, que había oído a aquellos raros y extraños viajeros a quienes en ocasiones acechaba furtivamente desde su guarida con la sola intención de asustarlos, sabía perfectamente que la memoria de aquella chusma era tan frágil como su voluntad y tan cambiante como el viento de invierno. O quizás, el mundo pretendía olvidar todo aquello que había pasado, aunque él lo recordara tan vívidamente. Sin embargo, le sorprendió lo poco que le afectaba ese olvido y que le daba igual la razón de ese olvido: peor para el mundo, solía pensar. Si no son capaces de recordar aquel tiempo pasado, si alguno de ellos no dedica sus empeños y su vida a recuperar aquellas esquivas historias ocultas tras el velo del tiempo; Otro, que nunca olvida, les obligará a hacer memoria con sufrimiento, miedo y dolor. 


Pero, en realidad, la suerte de la Tierra Media y de sus habitantes no le quitaba el sueño. Sus preocupaciones y miedos eran otros muy distintos. Su angustia estaba dentro de él y afloraba cada vez que cerraba los ojos. Durante la última guerra, había oído a los prisioneros contarse unos a otros que cuando dormían, el miedo les torturaba, y los demonios les emponzoñaban el alma. No lo entendió cuando lo oyó, pero ahora lo entendía perfectamente, aunque, ni sabía qué era el alma, ni, mucho menos, fuera ningún demonio el causante de su miedo. De eso estaba seguro, porque, a diferencia de aquellos desgraciados enemigos, él conocía a los demonios. 


Cuando cerraba los ojos, con la vana intención de dormir, aquel terrorífico sonido retumbaba por doquier. El mismo terror que lo paralizó en la batalla durante aquel malhadado día, volvía a atenazar todos y cada uno de sus músculos y a oprimir su ánimo. Mientras que, a pesar de cerrarlos con todas sus fuerzas, el espectáculo que le mostraban sus ojos era más horrible aún. Allí estaban otra vez, con acero brillante en las manos y furia refulgente en los ojos, avanzando veloces hacia su posición mientras el suelo temblaba y su respiración se aceleraba, pero ni sus manos ni sus pies realizaban el más mínimo movimiento. 


Su terror no disminuyó con el paso de los días, las estaciones y los años, al contrario, cada vez era peor. Con el discurrir del tiempo, el miedo y la vergüenza alumbraron y alimentaron su deseo por el tan ansiado, como evitado, momento en que la muerte lo liberase del miedo que el último orco de la Tierra Media sentía cada vez que, en sus pesadillas, oía el sonido del cuerno de Rohan. 


domingo, 5 de junio de 2022

LA CASITA DE CHOCOLATE


 


Un tweet de Laura Michel sobre la extrema sensibilidad de la sociedad me dio la idea para esta entrada inspirada en La casita de chocolate.

https://twitter.com/Aisling_/status/1531454713631281153?t=qFkMT-NRNW24uTWQIpgYBw&s=19 


A todos nos han contado o leído alguna vez, incluso muchos ya lo hemos contado o leído a nuestros hijos el cuento de Hansel y Gretel, también conocido como La casita de chocolate. Una de las muchas versiones que hay del cuento es la siguiente.


Un leñador viudo se ha casado en segundas nupcias con una mujer que no ama a los hijos que el leñador tuvo con su primera esposa. La segunda mujer aprovecha que la familia entra en una situación de penuria económica para sugerir al leñador que abandone a sus hijos en el bosque, y así tener dos bocas menos que alimentar. Éste accede a tan inhumana petición, pero que puede que se diera en la realidad, durante algunas hambrunas que se sufrieron en Europa central como por ejemplo durante la Guerra de los Treinta Años. Después de varios intentos desbaratados por el ingenio de los niños, finalmente el leñador y su mujer consiguen abandonar a Hansel y Gretel en el bosque. Muertos de miedo y hambre, los niños ven una casa, a al que se dirigen en busca de auxilio.  Se encuentran con la agradable sorpresa de que la casa está construida a base de chocolate, mazapán y otros dulces que los niños devoran con ansiedad. Además, la casa está habitada por una amable anciana que les ofrece quedarse allí a vivir. La agradable sorpresa se desvanece cuando descubren que la anciana no es sino una bruja que los está cebando para comérselos. Hansel será el primero que acabe en el horno de la bruja, pero gracias a la inteligencia, valor y determinación de Gretel salva la vida, la bruja muere y los dos niños encuentran un tesoro que había acumulado la hechicera. Hansel y Gretel, con los bolsillos llenos de joyas, vuelven a su casa, donde se encuentran a su padre que ha enviudado por segunda vez, y se encuentra abatido por el dolor y el remordimiento de haber abandonado a sus hijos.


Este cuento nos puede servir para analizar una de las características de la sociedad actual, que, aunque no resulte tan cruel como el abandono infantil y el canibalismo retratados en el cuento,  repercute negativamente en todos nosotros y en especial en los más jóvenes de la sociedad, con lo cual también es una amenaza para el futuro. Cada vez más, se puede comprobar que se nos ofrecen “casitas de chocolate” a todos, pero en especial a aquellos que pueden ser más vulnerables ante tal ofrecimiento: niños y jóvenes. Estas casitas de chocolate pueden consistir en un entretenimiento fácil y cómodo, ya sea a través de ciertas redes sociales, o de canciones clónicas de usar y tirar, o de algunos creadores cuyo único mérito responde a descubrir el Mediterráneo cada quince minutos ¡y anunciarlo gritando!, o de programas que equiparan las relaciones de pareja a un mercado de ganado.


Al igual que en el caso de los dulces del cuento este entretenimiento ofrece una satisfacción inmediata, pero también provoca consecuencias negativas para sus consumidores,  que se agravan porque en la casita de chocolate se pierde el contacto con lo que hay fuera, familia, amigos verdaderos, tradición cultural y científica, deporte, naturaleza… No es un ocio activo, ni creativo, ni favorecedor del desarrollo de la  propia personalidad, ni de criterios propios derivados del conocimiento y la reflexión. Al contrario, se promueve la pasividad tanto física como mental, junto al adocenamiento y el seguidismo a figuras y actitudes insustanciales, y superficiales cuando no, directamente nocivas.


Otras consecuencia consiste en la irracional, y falsa percepción de un estado de seguridad total. Se ha eliminado cualquier referencia, tanto al Mal (y a un juicio moral sobre el mismo), como al peligro en los relatos difundidos en el interior de la casita de chocolate. Tan solo aparece el Mal en aquellas situaciones indudablemente ajenas a la realidad, y siempre es derrotado. Sin embargo, se han dejado fuera de la casita de chocolate los relatos reales en que aparece el Mal, y si aparece, ya sea mediante una ficción que pudiera confundirse con la realidad, o mediante alguna referencia indirecta a la realidad carecen de cualquier juicio moral.


De esta manera, buena parte de la sociedad actual presenta serias dificultades para afrontar cualquier disgusto, inconveniente o conflicto. Solo se reacciona mediante la negación de la realidad, la ira, la ofensa continua, o el abatimiento. En la casita de chocolate no existe la consciencia de que en la vida también hay momentos muy amargos, como tampoco hay modelos para abordar el enfrentamiento a los conflictos. Menos aún se puede encontrar la intuición de que la lucha es necesaria siempre, pero que no garantiza el éxito. Si a esto añadimos la inexistencia de un juicio moral, el panorama empeora, ya que el criterio de actuación queda reducido a la apetencia y diversión de cada individuo, sin tener en cuenta el perjuicio que se pueda causar a otros o a sí mismo. Es más, en algunos casos, llega a darse la circunstancia de que hay personas incapaces de entender que su comportamiento es éticamente malo, y no me estoy refiriendo a quienes sufren alguna enfermedad mental. Todo esto deja la puerta abierta a la llegada de la bruja, que, como veremos más abajo, en la casita de chocolate hay, efectivamente, una bruja esperando comerse, no ya sus cuerpos, sino sus voluntades.


Como les sucedía a Hansel y Gretel muchas personas son cebadas en la casita de chocolate. En este caso para conseguir personas muy endebles, enfadadas, y carentes de cualquier capacidad de compromiso y sacrificio. Tan solo falta un paso para preparar el asado, sazonar el ego de los que están en la casita de chocolate. Ya hemos visto que el criterio moral es la apetencia y la diversión del individuo, así que el siguiente escalón es propagar la idea de que los deseos propios tienen la categoría de derechos fundamentales, que no deben ser cuestionados bajo ningún concepto, ni por ninguna autoridad.


Sin embargo, la vida, y es bueno que sea así, no siempre discurre por los cauces de nuestros deseos. La frustración es tan natural como el gozo legítimo por la consecución de un éxito, pero sólo cuando se ha tenido la ocasión de haber sido preparado para el éxito y para el fracaso. Si no ha existido tal preparación, por que ha sido impedida por la casita de chocolate, no hay forma de asumir la frustración, y en ese momento entra la bruja en escena. Manipuladores charlatanes populistas de toda laya y condición aparecen para ofrecer soluciones rápidas y sencillas a las dificultades y las frustraciones. Si alguien tiene dificultad para entender los principios de la ciencia, es porque existe una conspiración mundial de científicos que se niegan a usar el lenguaje de la gente y a reconocer “la verdad”. Si para conseguir cualquier objetivo hay que realizar un esfuerzo es culpa de las élites que no permiten que nadie más que ellos tenga éxito en la vida, así que, debería existir un derecho a conseguir lo que cualquiera desee, pero sin esfuerzo. Si hay una crisis económica es culpa de los que acaban de llegar y del abandono de costumbres ancestrales (cuya verdadera fecha de inicio suele ser bastante reciente). Cualquier forma de autoridad es cuestionada porque coarta la libertad del individuo, pero no para esforzarse en progresar individual y socialmente, sino que para hacer todo aquello que apetece, y cuando apetece. Por lo tanto, no debe haber normas morales y éticas, ni leyes, porque el criterio de cada uno es suficiente, hasta que contradice al del líder populista. En ese momento, se convierte en un cerebro lavado al servicio del sistema y es repudiado con la saña de los bolcheviques o de los nazis.


Afortunadamente, Gretel era inteligente y resuelta y logró salvar a su hermano y acabar con la bruja en el cuento. Nuestra sociedad también cuenta con una, o mejor dicho varias Gretels, para liberarse de la casita de chocolate. Hace falta la inteligencia, con que cuenta cualquier persona, algo de valor, resolución y cierta capacidad de sacrificio, pero sin que sea necesario un esfuerzo sobrehumano. Sin tener que buscar muy lejos podemos encontrar el contacto con la familia y con los amigos, la confianza en la ciencia y en la educación, el disfrute de la cultura, del arte como expresión del alma humana y de su esfuerzo por superarse a lo largo de los siglos, al igual que el deporte realizado también como medio de superación y de relación saludable con otras personas, los buenos modales como forma de fomentar el respeto tanto hacia los semejantes, como hacia los diferentes para superar desconfianzas sinsentido, y así alcanzar un compromiso para con el prójimo, la valoración del trabajo bien hecho, el aprecio por la Naturaleza. Es decir, los valores como el esfuerzo, la humildad, la solidaridad, el compromiso, el amor son necesarios para evitar la falsa seducción de la casita de chocolate. Igualmente para los que somos creyentes, la Fe en Dios, la Esperanza en un mundo mejor, pero que puede empezar a construirse en éste, el Amor a Dios y a todas sus criaturas constituyen las más perfectas salvaguardas para librarnos de la bruja y no quedar atrapados definitivamente en la casita de chocolate.

sábado, 28 de mayo de 2022

Una carta de Hogwarts

 


Hogwarts School of Witchcraft and Wizardry

Departament of Foreigner Students

Spanish Speaking Students Branch


Estimado Sr. C_____ R____:


Nos complace comunicarle nuestra felicitación por la celebración de su Primera Comunión en la Parroquia de San Pablo y Santo Tomás Cantuariense de Salamanca, el día 29 de mayo del presente año. Deseamos que pase un día maravilloso lleno de magia, en compañía de su familia y amigos.


Aprovechamos la ocasión para recordarle que tiene su plaza preparada en la Casa de Ravenclaw, tanto on-line, como de forma presencial, y totalmente compatible con el desarrollo de sus estudios reglados en España y de su pertenencia a la citada Parroquia y a la Congregación de Jesús Rescatado y Nuestra Señora de las Angustias.


Atentamente,


Minerva McGonagall                       Frestón de la Cueva                                                         

Directora de Hogwarts                       Supervisor de estudiantes hispano-hablantes



martes, 24 de mayo de 2022

25 de mayo, Día del Orgullo Friki.


 

El 25 de mayo de 1977 se estrenó en algunos cines de EE UU una película en la que no confiaban demasiado ni los estudios cinematográficos ni las distribuidoras, pero que hizo millonario a su director y cambió radicalmente los métodos de financiación y producción de Hollywood y nuestra forma de ver el cine: La Guerra de las Galaxias, como fue titulada en español, o Star Wars en su título original. Hasta cambió nuestro mundo al haber influido en la estrategia que la administración Reagan empleó para poner en jaque a la URSS y que a la postre fue una de las causas del desmoronamiento del bloque soviético.


Sobre los cambios mencionados en la financiación y producción de las películas, George Lucas demostró que la recaudación no tiene por qué ser la principal fuente de ingresos de un filme, incluso aunque la recaudación sea excelente. También demostró tener tanta confianza en su obra, como visión económica en la negociación de sus condiciones salariales con la productora. Lucas renunció a su sueldo por un porcentaje de la taquilla y, sobre todo, de la venta de los productos derivados de la película. Los productores no dudaron en aceptarlo, ya que no se imaginaron que tales ganancias pudieran ser importantes. En poco tiempo George Lucas hubiera podido decir, parafraseando a Amerigo Bonasera: "I believe in Star Wars. Star Wars made my fortune".


La Guerra de las Galaxias cambió nuestra forma de ver el cine al trasladar a “hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana” no la ciencia ficción, porque de ésta apenas hay nada en toda la saga, sino los cuentos de hadas, las aventuras de espada y brujería, el western, la afición de Lucas por la obra de Tolkien y por la cultura guerrera japonesa, y cierta visión de la geopolítica mundial de la primera mitad del siglo XX. En las sucesivas películas, El Imperio contraataca  y El retorno de Jedi, se añadió a la trama un romance y sobre todo un drama familiar para completar una historia que se ha convertido en un clásico de la cultura contemporánea. La hábil mezcla de géneros que realizó George Lucas, además de provocar el enorme éxito comercial de La Guerra de las Galaxias y sus continuaciones, terminó por situar a esta saga en pie de igualdad con las películas tradicionalmente consideradas artísticas, o culturalmente preferibles a una “simple  película de naves espaciales”. No cabe duda de que los equipos artísticos de las películas: directores, guionistas, actores y técnicos: creadores de efectos especiales, diseñadores de vestuario, localizadores etc… y sin olvidarnos de la absolutamente genial partitura de John Williams también son motivos más que fundamentales para explicar el éxito de la saga, pero su análisis no es el objetivo de este artículo. Además dicho análisis ya ha sido realizado múltiples veces en todos los medios de difusión y por parte de quien está mucho más capacitado para ello que yo.


Así pues, la conexión de La Guerra de las Galaxias con todos esos géneros e influencias facilitó que fuera disfrutada tanto como una obra de cultura popular, como una obra heredera de las tradiciones artísticas clásicas de nuestro mundo. En realidad, pese a que en muchas ocasiones se desdeñan las expresiones de la cultura popular, ésta es la base, el origen y el germen de todo el patrimonio cultural y artístico humano en los cinco continentes. La literatura nació de los primeros relatos contados junto al fuego, probablemente del sonido rítmico de alguna percusión, del movimiento también rítmico de los participantes, y ¿por qué no? mientras alguien concebía en su mente la imagen de alguna talla o pintura. Tal es una de las razones por las que el profesor Tolkien afirmaba que los cuentos de hadas no son un género menor, sino que, por el contrario, constituyen la forma más perfecta de la literatura al ofrecer una conexión directa entre el mundo primario (la realidad) y el secundario (la imaginación) respondiendo a los anhelos naturales del alma humana dotada de inteligencia y capacidad creadora, o subcreadora, como diría Tolkien, debido a la íntima relación existente entre la creación divina y la subcreación humana. Además, los cuentos de hadas tratan de los asuntos que afectan más directamente a nuestra naturaleza humana, al mismo tiempo que buscan ofrecer respuestas a las grandes preguntas que sobre el sentido de la existencia se ha planteado la Humanidad desde milenios antes de la invención de la escritura.


Volviendo a La Guerra de las Galaxias, su estreno también influyó en la confirmación de la existencia de aquellos fans que no sólo ven la película y la disfrutan, sino que además, debaten sobre la misma, proponen teorías que la expliquen, coleccionan objetos relacionados con ella, se reúnen y organizan eventos, etc… Me refiero, claro está, al fenómeno friki que celebra, o celebramos su, o nuestro, día el 25 mayo por ser el día en que se estrenó La Guerra de las Galaxias. El fenómeno no nació con esta película, ni siquiera se consolidó entonces. Sin embargo,  el éxito mundial de la película y sus continuaciones El Imperio contraataca y El Retorno del Jedi, junto a la gran habilidad publicitaria de George Lucas, hicieron de la saga Star Wars un fenómeno de masas global que trascendió a otros géneros artísticos y medios de comunicación social, mucho antes de que se acuñara el término “transmedia”. 


Todo lo anterior facilitó el comienzo del fin de la visión tópica sobre los “frikis” como personas raras con gustos extraños. En realidad, estamos hablando de personas con interés y gusto por la literatura, el cine, y las artes, la ciencia, dotadas de sensibilidad e inteligencia, cuyas aficiones no son objetivamente más raras que las de cualesquiera otras personas que también lucen por la calle, o en sus centros de estudio o de trabajo,  las camisetas relacionadas con su afición. Es cierto, que suelen ser personas tímidas o que no suelen desear llamar la atención, que manejan palabras anticuadas, que se emocionan leyendo un libro, o mirando a las estrellas, pero eso no puede ni debe ser calificado como rareza, es más lo raro debería ser haber perdido la capacidad se emocionarse y de sorprenderse. Además, las aficiones de los frikis suelen avivar su creatividad, y es habitual que presenten un talento notable para crear expresiones artísticas  en sus diferentes géneros: literatura, música, artes plásticas, cine, alcanzando algunos el éxito y la fama en algunos de estos campos. Por otro lado, su afición a la ciencia les lleva a dirigir su carrera profesional hacia los  diferentes ámbitos científicos tanto, sociales, como naturales. Incluso su sensibilidad les lleva a adquirir un compromiso social, y participar en ONG de desarrollo, o en asociaciones de defensa de la Naturaleza, o de promoción y divulgación de la cultura y la ciencia.


Es decir, los frikis son, somos, personas con aficiones, conocimientos y sensibilidad que realizan aportaciones positivas a la sociedad, al mismo tiempo que son extremadamente poco conflictivos. Así pues, hay más que motivos suficientes para celebrar con orgullo y humildad, puede parecer paradójico, pero no lo es tanto en la mentalidad friki, nuestro día, aunque se acabe detenido por las tropas de asalto del Imperio galáctico. ¡Feliz día del Orgullo Friki!





viernes, 13 de mayo de 2022

ESTRELLAS


En las profundidades del Gran Océano, justo donde apenas alcanza a llegar la luz del Sol durante el día o de las estrellas y de la Luna durante la noche, alguien luchaba con todas sus fuerzas por elevarse hacia la superficie, y así poder ver a sus hermanas del cielo nocturno. Sabía, por los peces, que las estrellas vivían y viajaban brillantes y luminosas por las inmensidades del firmamento. Como los peces no recuerdan historias ni cuentos, ninguno sabía mucho más sobre las estrellas del cielo, pero Notomy no dudaba de que aquellas estrellas eran más afortunadas que ella que a duras penas se desplazaba por el áspero e inhóspito suelo del lecho marino.

Así, noche tras noche, Notomy concentraba todas sus fuerzas en arquear los brazos para impulsarse hacia la superficie. No importaba que nunca lograra elevarse más que unos centímetros del suelo, para acabar, cayendo otra vez y completamente agotada. Ni le preocupaba que en varias ocasiones había estado a punto de ser devorada por una bestia que la engañó con una luz delante de sus horribles fauces.

Nada de todo ello le importaba ni le atemorizaba porque sentía que su lugar estaba cerca de sus hermanas porque en el fondo del Gran Océano no había estrellas. Había peces que nadaban sin un rumbo aparente, peces que se arrastraban por el lecho, peces que se escondían, pero sobre todo había bestias que devoraban a los peces, como la que había intentado devorar a Notomy en varias ocasiones. Así que, Notomy tenía muy claro que no pertenecía a ese lugar. No era capaz de imaginarse por qué había caído allí desde el firmamento, de hecho, no recordaba haber estado jamás en ningún otro lugar, y eso agravaba la dolorosa angustia que le producía vivir en el fondo del Gran Océano. Se sentía fuera de lugar, rodeada de seres con los que no tenía casi nada en común, que o bien apenas se interesaban por ella, como hacían los peces, o solo se interesaban para devorarla, como hacían las bestias. Todas sus esperanzas se basaban en salir de allí, y unirse a sus hermanas. Era algo más que un asunto de mera supervivencia, era la necesidad de vivir y de sentirse viva y real al mismo tiempo que sentirse parte de un grupo, de una sociedad de iguales. 

Fueron pasando las estaciones mientras Notomy no dejaba de esforzarse por alcanzar la superficie noche tras noche. Hasta que una noche sintió algo extraño al intentar tomar impulso. Tantas veces había examinado el suelo con sus brazos para buscar el mejor lugar desde el que tomar impulso, que era capaz de advertir la más mínima variación del lecho marino que no hubiera sido provocada por un pez que se arrastraba. Aquella marca en el suelo se parecía a las que sus propios brazos dejaban cuando se apoyaban en el suelo para tomar impulso. Asombrada e ilusionada, pero también asustada miró hacia todos, sin saber muy claro qué debía buscar. La arena levantada del fondo había enturbiado el agua, lo que unido a la natural escasez de luz impedía ver e identificar lo que fuera que hubiera dejado esa huella. Sin embargo, el corazón de Notomy reconoció lo que sus ojos no podían ver. 

-¡Estrellas! ¡Sois estrellas y habéis venido desde el firmamento para que me vaya con vosotras! ¡He deseado este momento toda mi vida!

-¿Estrellas? Claro que somos estrellas, pero no hemos venido desde el firmamento. Todas hemos nacido y vivimos en el Gran Océano, como tú. Somos como tú, exactamente como tú.

-Pero ¿y los peces? ¿y las estrellas que brillan en el cielo? Ellos me contaron que todas las estrellas viven y viajan brillantes por el cielo, y que yo tuve que caerme del cielo hace mucho tiempo, y por eso yo quiero salir del Gran Océano para viajar brillando por todo el cielo junto a mis hermanas, con vosotras, pero…

-Las estrellas vivimos en el Gran Océano, éste es nuestro hogar, nuestra vida.

-No puede ser, no puede ser. Las estrellas vivís en el cielo, viajáis por el cielo, brillando por las noches y sois muy felices.

-Hay estrellas en el cielo, en eso tienes razón, pero no son estrellas como nosotras, como tú, porque no están vivas. No hablan, no viajan, no son felices porque no están vivas. Brillan, sí, brillan mucho y son hermosas, pero no están vivas como nosotras, no están vivas como tú. Brillan, pero no viven, fascinan, pero no viven, no lo olvides nunca.








 


Mi opinión (positiva) sobre La Odisea de Cristopher Nolan

  Desde antes de su estreno La Odisea dirigida por Cristopher Nolan ha recibido muchas y duras críticas arguyendo que el trabajo y las decis...