jueves, 23 de diciembre de 2021

Nacimiento en Belén

 

Esta próxima noche recordamos el nacimiento de un Niño, del Hijo de Dios, la Encarnación del propio Dios en forma humana. Si en el Génesis, Dios otorgaba a la Humanidad compartir su propia Imagen y Semejanza, para que participáramos de su Divinidad, ahora es Dios quien participa de nuestra humanidad.


Jesús nace tan indefenso como cualquier otro niño. Pero además, nace en una cueva usada como establo, situada fuera de la ciudad, es decir fuera de la sociedad que ha negado la hospitalidad debida a sus padres a pesar de la evidente cercanía del parto. A lo que se añade que será temido y odiado por el gobernante de su país, desde que Herodes tiene noticias de su Nacimiento. 


Nace de una Madre pobre y joven, cuya vida ha cambiado repentina, radical y absolutamente. Por pocos y modestos que fueran los planes que tuviera sobre su reciente matrimonio, éstos han sido trastocados para siempre. María no entiende lo que está pasando, ¿cómo puede ser que un ángel del Señor la salude a ella? Además, el ángel le está anunciando que va a ser madre, cuando era algo imposible y ya se le tuvo que venir todo el mundo encima, cuando el ángel le dice que no sólo iba a ser madre, sino que iba a ser la Madre del Hijo de Dios. Con unos dieciséis años, María tuvo la Fe y el valor para discernir que estaba en la Gracia de Dios y aceptar humilde, pero conscientemente el cumplimiento de Su Palabra, asumiendo la mayor responsabilidad que jamás tuvo una persona en la Historia, y los peligros a que se iba a enfrentar. No muchos días después, su prima Isabel la felicitó por haber creído que para Dios todo es posible, porque gracias a su Fe, a su Esperanza y a su Amor iba a nacer el Salvador.


María acababa de desposarse con José. Ese hombre al que no oímos hablar en ningún momento. Puede que fuera un forastero en Nazareth, donde no tiene a nadie más que a su esposa a la que ama sinceramente. Es un sencillo trabajador al que quizás una mala situación económica le llevó a abandonar Belén de Judea, para ir a una aldea perdida de Galilea, región que estaba peor considerada por los judíos, pero donde el poder romano está construyendo ciudades lejos de la convulsa Judea y por ello, hay trabajo para un buen y honrado carpintero. Tiene que tragarse todos los reparos de su nación: trabajar para los paganos que ocupaban su país. Puede que el resto de su familia y paisanos le desprecie por ello y de ahí que nadie les dió cobijo cuando tuvo que volver a Belén, por causa del decreto del censo tributario imperial.


José está dolido porque siente que ha recibido un duro golpe de su esposa, pero no la denunciará, como era la costumbre y la Ley de su nación, porque ama a María. No quiere que ella sufra el horrible castigo que las crueles leyes de su tiempo habrían inflingido a su esposa. Dios se lo recompensará. El ángel de Dios le dirá, mientras duerme, que el Señor también está con él y que le ha elegido para amar, cuidar y educar a su Hijo. Siguiendo el ejemplo de su esposa, José acepta honrado y agradecido el encargo de Dios.


María y José eran una pareja humilde, con más problemas y preocupaciones que futuro, y que muy probablemente no gozaron de la aprobación de sus paisanos. Recibieron el mayor Don de Dios, que ellos aceptaron con todas las consecuencias, afianzados en la Fe, el Amor y la Esperanza en Dios, en su Hijo y en el amor que se profesaban mutuamente.


Así, Jesús, Dios hecho hombre, nació en una familia pobre, a la que nadie quiso acoger en su casa. Pero en aquel establo de las afueras de Belén, Jesús vino al mundo rodeado del amor de María y de José, que solo estuvieron acompañados por los animales y algunos pastores tan humildes como ellos, pero que no dudaron en reconocer que estaban contemplando a su Salvador.


Ojalá sepamos seguir el ejemplo que nos ofrecen María y José para aceptar y cuidar en nuestras vidas la Palabra de Dios que se hace carne esta noche. 


¡FELIZ NAVIDAD! 


martes, 21 de diciembre de 2021

EL VILLANCICO


Siempre le causaba una sensación particular de alivio, e incertidumbre; cerrar la puerta de su despacho hasta el próximo año, aunque tan sólo faltaran diez días para el inicio del año 2022. Además, no pudo reprimir su habitual cabeceo entre abatido y displicente al leer el rótulo con su nombre junto a la puerta de su despacho:


Asier F. Gorrotxategi

Lecturer in Spanish Language and Linguistics. 


Ni podía entender que en EE UU, y más aún, en una institución como la Emory University de Atlanta, Georgia, no comprendieran que Fernández fuera su primer apellido, ni podía acostumbrarse a ello. Él era el hijo de José Fernández y de Asun Gorrotxategi, por lo tanto su nombre era Asier Fernández Gorrotxategi. Pero no hubo manera; desde que llegó a EE UU, su primer apellido se transformó en un segundo nombre representado por la letra F. Al menos, le quedaba la inocente maldad de disfrutar con los apuros que sufrían  los “gringos” para pronunciar su apellido materno. Lo que se había reído su ama cuando Asier se lo contaba, hasta que se iba haciendo evidente que Asun estaba perdiendo la capacidad de reír. La situación de la pandemia no sólo agravó aún más la enfermedad, sino que además, dificultó la realización de las pruebas necesarias para un correcto diagnóstico, desde el que abordar la terapia, que aunque solo ralentizase el deterioro, que su ama precisaba.

A principios de febrero  Amaia, su hermana melliza,  le contó los resultados de las últimas pruebas por videoconferencia.

-Asier, los médicos dicen que el alzheimer de ama es más agudo de lo que pensábamos. No falta mucho para que no sepa quién es ella misma.

Tardó unos instantes en decir algo. Conocía de sobra las respuestas a todas las preguntas que tenía y no quería que su hermana tuviera que pasar el trago de contárselo, pero tampoco quería que Amaia no escuchara más que el silencio de su mellizo. 

-¿Y tú,  y aita...?

-Nunca he visto a aita tan jodido. Asier, tú sabes cómo es, fuerte como acero para los barcos… -Amaia no pudo continuar.

El zumbido de su móvil le devolvió a la puerta del despacho. Era un mensaje de Margaret, que en un español perfecto, le confirmaba que ya había concertado con la compañía, la hora en que un taxi les recogería para llevarlos a los tres al Aeropuerto de Atlanta. También le decía, entre varios emoticonos de guiños y risas que Joey se estaba poniendo muy cansino con que por fin podría mostrar a izeko Amaia que ya dominaba los rudimentos del euskera.

La escena que le había descrito su esposa, le hizo sonreir. Joey estaba muy emocionado con la posibilidad de volver a España, después de casi dos años de pandemia, para pasar la Navidad en Barakaldo. A sus ocho años, Joey entendía el estado en que se encontraba amama Asun, pero nada puede con la ilusión de un niño en Navidad. Ni siquiera, que su madre le diga que es un cansino. Margaret había descubierto esa palabra en la repetición de un programa navideño de humor de una televisión española y, al momento, la aplicó a su hijo. 

Se despertaron con el aviso de que su avión estaba a punto de aterrizar en Madrid. A pesar de las emociones y de las preocupaciones que bullían en ellos tres, habían conseguido dormir la mayor parte del vuelo, así que se encontraban relativamente frescos y descansados. Aprovecharon el tiempo de espera en Barajas hasta poder tomar su vuelo a Loiu, para estirar algo las piernas, canjear sus dólares por euros para comprar mascarillas y telefonear a Amaia, que ya había llegado a Loiu para recogerlos, porque sabía lo que su mellizo le iba a pedir.

-De verdad, Amaia, no te preocupes, que no estamos cansados del viaje.

-Aita, los tíos y Manu nos esperan en Bista Ederra, la Residencia de ama, qué tu familia te conoce muy bien y ya nos imaginábamos que queríais ir lo antes posible a verla.

Una hora después, estaban ya en el coche de Amaia, camino de la Residencia.

-Los primeros días fueron muy duros, Asier. Veíamos a ama muy tranquila en la Residencia, pero cuando volvíamos a casa… Ya sabes cómo es aita, no se queja nunca, pero se le veía a la legua que estaba destrozado. Yo lo pasé fatal,  menos mal que Manu ha sido mi refugio estos meses. En estas últimas semanas ama va teniendo mejor aspecto, y, bueno, ya sabemos lo que es el alzheimer, pero, parece que va un poco más lento. Nos conoce enseguida, al cabo de unos minutos se le olvida, pero bueno, ese ratito… Me da un poco miedo cuando lleguemos, porque a vosotros, no os ha visto desde hace más de dos años, y encima… las mascarillas, ¡mierda de virus! 

-Lo habíamos pensado también nosotros- dijo Margaret, mientras, venciendo su timidez sureña, apoyaba la mano en el hombro de su cuñada. –Nos hemos estado concienciando estos días de que puede que no nos conozca,  pero quién sabe, a lo mejor…

En torno a la mesa de piedra del jardín de la Residencia se sucedían besos, abrazos, palabras y miradas cariñosas,  lágrimas… Con miedo y esperanza entremezclados José se dirigió a su esposa, que parecía ajena a todo ese alborozo. 

-Mira, Asun, estamos todos, estamos todos, como te prometí. 

La imagen de su marido, con sus hijos y sus cónyuges y con su nieto  reavivó algunos recuerdos en el ánimo de Asun, y con su voz hermosa y afinada por años de coro parroquial, empezó a cantar:

Hator, hator,

mutil etxera (…)

  







miércoles, 15 de diciembre de 2021

Mucho más que un colegio

 Junto a mis padres, y por extensión toda mi familia, mi Fe, y mis amigos, el Colegio de Nª Sª de Begoña de Sestao, popularmente conocido como Los Hermanos o La Salle, fue una de las principales influencias en mi infancia y adolescencia, y que en buena parte me convirtieron en la persona que soy en día.

Un colegio situado en un pueblo obrero como Sestao y que además pertenecía a una fábrica: Altos Hornos de Vizcaya, tenía que un fiel reflejo de dicha realidad. La inmensa mayoría de los alumnos éramos hijos de familias obreras; destacando especialmente los hijos de trabajadores de AHV. Asimismo, la mayoría éramos vascos de primera o, a lo sumo, de segunda generación. Allí estábamos hijos y nietos de gallegos, de riojanos, de castellano y leoneses, de extremeños, de andaluces y de vascos compartiendo nuestra infancia en un ambiente de igualdad. Aprendíamos euskera desde el principio de la EGB, junto a historia y tradiciones vascas, pero también aprendíamos la historia y tradiciones de España, y, en ambos casos con sus luces y sombras, sin olvidar la Historia Universal. La cultura local y la universal, la cultura vasca y la española eran promovidas en el colegio con mucho respeto y cariño y sin aspavientos, ni problemas.

En las instalaciones del colegio también se podía descubrir su origen industrial. Contábamos con un taller y un surtido de herramientas dignas de manos más hábiles que la mías para su manejo. El hermano Carmelo Urionabarrenetxea, que subió a la Casa del Padre hace cuatro años, se asombraba de cómo mi muñeca derecha realizaba prodigios jugando al futbolín, pero era incapaz de cualquier tarea artística o técnica en el taller.  

Pero, creo que el aspecto más destacable de las raíces fabriles del colegio consistía en el orgullo de pertenencia a la clase obrera. Se nos inculcaba que debíamos esforzarnos en llegar lo más alto posible en lo personal, cultural, profesional, etc., pero sin olvidar que éramos hijos de la clase obrera y que nos sintiéramos muy orgullosos de nuestros orígenes. Este orgullo puede ser mayor aún en mi generación, porque nuestros padres y nuestras madres pertenecían a la generación cuyo trabajo produjo el desarrollo económico del País Vasco y de España, al mismo tiempo que protagonizaron el cambio social y político necesario para la democratización del país.

Para ayudarnos a poder llegar lo más alto posible, junto a la enseñanza reglada el colegio procuraba que ampliáramos nuestro mundo, que tuviéramos más herramientas por medio de la Religión, la cultura y el deporte, para crecer como personas y poder desenvolvernos en una sociedad muy compleja y exigente.

Tanto en las pequeñas bibliotecas que creábamos en las aulas, como en la Biblioteca del Colegio, cuidada con una encomiable dedicación por el Hermanos Mikel Ameztegi, conocí a Los Cinco de Enid Blyton, al detective sueco Teban Sventon de Ake Holmberg (el noir nórdico comenzó en el campo de la literatura infantil y juvenil). Las novelas de Julio Verne, antes de que se llamara Jules, también cayeron en mis manos por entonces, al igual que las de H. G. Wells y alguna que otra de Isaac Asimov.

Tengo que hacer una mención muy especial para los libros de Alfred Hitchcock y los Tres Investigadores editados por Molino, que disfrutaba con verdadera pasión junto a mis amigos. El siguiente paso fue, lógicamente, leer a Arthur Conan Doyle y a Agatha Christie. La primera vez que leí Estudio en escarlata y Poirot en Egipto fue en ejemplares de la biblioteca del colegio. 

La colección El Barco de Vapor no podía faltar en la Biblioteca del Colegio. Entre ellos me impresionó mucho Charcos en el camino de Alan Parker, el reconocido director de cine. Parker narra la triste y dura experiencia de unos niños londinenses que deben ser evacuados de la ciudad a causa de los bombardeos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Es un tema representado con cierta frecuencia y abordado de diferentes maneras en otras obras más conocidas de la literatura británica, como por ejemplo en El señor de las moscas de William Golding o en El león, la bruja y el armario de C. S. Lewis, pero la menor popularidad de Charcos en el camino no se corresponde ni con su calidad, ni con el impacto que el libro puede causar en un lector que esté a punto de entrar en la adolescencia.

    La motivación a la lectura practicada en el colegio me descubrió a J. R. R. Tolkien. El Hermano José Antonio Rojas, mi tutor en 6º de EGB, era un apasionado de la literatura y el cine, con muy buenas dotes de narrador. Nos solía contar en clase películas y libros que él había visto o estaba leyendo, acompañando su relato con dibujos en la pizarra que eran auténticos storyboards para que pudiéramos sumergirnos en la historia casi como si la estuviéramos leyendo o viendo. En sus clases, por ejemplo, conocí a Momo (¡qué disgusto al enterarme de que su nombre se usa ahora para un monigote asusta-incautos!) a Bastian Baltasar Brux, y a Atreyu. Pero, sobre todo destaca para mí, la narración del Hermano José Antonio de El Señor de los Anillos que me abrió la puerta hacia la Tierra Media, que pude cruzar el curso siguiente cuando un amigo mío me prestó El Silmarillion.

Todos los amantes de la lectura sienten también el deseo, o para ser más exacto la necesidad de escribir. Expresar aquello que alberga nuestro yo más profundo, emular a los escritores que admiramos, responder a la humana necesidad de crear algo que sea bello (aunque no siempre se alcance dicha belleza) son anhelos que todos los lectores tenemos siempre. Las habituales redacciones de la asignatura de Lengua Española que nos impartía el hermano Moisés Arana, que también era el director del colegio, me permitieron cumplir esos anhelos, claro que con los rudimentos de un chaval de 7º. Además contaba con la gratificación de que el hermano Moisés más de una vez me invitara a leer en voz alta mis redacciones, a modo de reconocimiento del interés de las mismas. Creo que, a pesar del tema, a mis compañeros les gustó mucho un relato sobre un ataque realizado por un avión sin insignias, aunque era fácilmente deducible que era soviético, que arrojaba una bomba atómica sobre Sestao para destruir la industria y así desestabilizar la economía española. Eran los tiempos de la Guerra Fría, pero quién podía imaginar entonces que nuestra industria siderúrgica y naval sería desmantelada por el propio capitalismo, o por su versión más descarnada: el neoliberalismo. 

En el complejo de edificios que formaban el colegio y la parroquia había una sala de cine. Era una sala de cine comercial de las que ya no existen, con su pantalla enorme, su patio de butacas no menos grande y sus proyectores de películas de celuloide. En algunas ocasiones el cine estaba a disposición del Colegio, y podíamos ver alguna película en la pantalla grande, pero con lo que disfrutamos de más películas, tanto clásicas como actuales, fue con ese elemento tan ochentero y magnético que era el vídeo. Desde que el colegió adquirió un aparato de vídeo y acondicionó un sala para el visionado de películas, todos los profesores procuraban que sus clases fueran apoyadas por algún vídeo.

Las clases de Ciencias Sociales y de Religión del hermano José Luis Negro, mi tutor de 8º, se convertían en videoforums en los que estudiábamos, por ejemplo, la Guerra de Secesión de los EE UU con El maquinista de la General de Buster Keaton, o la barbarie totalitaria con El gran dictador de Charles Chaplin, o la dura vida de los campesinos con la serie de TVE La barraca.

Con aquellos libros y películas, que disfruté gracias a mi colegio, aprendí que se pueden encontrar enseñanzas para la vida mientras se disfruta del Arte, que para comprender al Mundo y a la Humanidad. que para satisfacer nuestra curiosidad humana y nuestra continua búsqueda de respuestas es necesario apoyarse en los hombros de gigantes, como Miguel Ángel, Velázquez, Picasso, Cervantes, Delibes, Tolkien, Blasco Ibáñez Chaplin, Keaton, Ford, Hawks…. porque estos gigantes hablan directamente a nuestro cerebro, pero sobre todo a nuestra alma. 



viernes, 12 de noviembre de 2021

HACIA EL OESTE

 “Y los que viajaban más lejos todavía, solo trazaban un círculo alrededor de la Tierra para volver fatigados por fin al punto de partida; y decían: 

-Todos los caminos son curvos ahora” (TOLKIEN, JRR, El Silmarillion, Barcelona, Minotauro, 1990 10ª, p. 382)


Estas frases de los párrafos finales de la Akallabêth han propiciado la opinión mayoritaria entre los lectores de la obra de Tolkien de que Arda era un mundo plano hasta que con el hundimiento de Númenor y todos los cataclismos que se produjeron en tal evento, se transformó en el mundo esférico que conocemos, dado que se trata de nuestro propio planeta: la Tierra. El propio Tolkien señaló en su carta 131, que el Viejo Mundo, que finalizó con el hundimiento de Númenor, debido a la  segunda caída de la humanidad, era plano, pero también añadió que se trataba del “mundo primordial de la leyenda” (TOLKIEN, JRR, Cartas, Barcelona, Minotauro, 1993, p. 212). Como veremos la palabra leyenda tiene, en mi opinión, una importancia capital en este asunto. Por ello, creo que las explicaciones de dicha carta no impiden la posibilidad de que Arda nunca hubiera sido plana.

Además, es de sobra conocido el hábito del profesor de corregir y modificar sus textos según el árbol del legendarium crecía y se ramificaba para mantener la coherencia y verosimilitud de todo el conjunto de cuentos que conformaban su mitología.  Todos los aficionados a la obra de Tolkien solemos decir que era muy perfeccionista, pero es que además, me da la impresión de que disfrutaba tanto reflexionando y escribiendo sobre la Tierra Media que siempre encontraba un asunto que matizar, o un argumento que mejorar, dando lugar a las múltiples versiones que Tolkien escribió de sus cuentos, como sucede con las mitologías tradicionales. Gracias a que Christopher Tolkien recopiló, transcribió organizó, analizó y publicó los manuscritos de su padre con rigor profesional y amor filial, tenemos a nuestra disposición los cambios que el profesor incluía en su  obra.

La forma de Arda era un asunto al que, aunque me había llamado la atención, no le había dado mucha importancia. El legendarium de Tolkien es una obra de literatura, por la que, y mediante el recurso del “manuscrito encontrado”, Tolkien se proponía dotar de un corpus de cuentos y leyendas, concebidas desde los idiomas que el profesor inventó según sus gustos estéticos y filológicos, para dotar a Inglaterra de una mitología equiparable en temática y calidad artística a las mitologías consideradas como el germen de la cultura occidental: la egipcia, la semítica, la grecorromana, la nórdica etcétera. Por lo tanto, no era necesario que lo narrado en el legendarium obedeciera ni a la realidad geográfica, ni a las leyes de la física, ni a la evolución lógica de las especies por medio de la selección natural. Comencé a darle más importancia a  esta cuestión en mayo de 2019, cuando la Sociedad Tolkien Española celebró su Convención Anual, Estelcon, en Santa Marta de Tormes, en la que se abría un buen número de espacios y eventos a la visita y participación de admiradores de la obra de Tolkien que no fueran socios. Dado que unos segundos después de llegar a la Convención, el visitante se siente plenamente acogido e invitado a participar con los socios de la STE en la actividad que se desarrolle en ese momento,mi visita junto a mi hijo a la Estelcon fue una experiencia muy grata con gente realmente encantadora. Mientras participábamos en un juego de preguntas y respuestas, uno de los socios allí presentes aludió a una frase del Ainulindalë que apunta a que el mundo era esférico desde el mismo momento en que Eru mostró  a los Ainur la imagen de lo que se había conformado cuando cantaron la música que Eru les había inspirado (El Silmarillion, p.16).

Se suele argumentar que ese “globo” no es Arda, sino que es Eä, el Universo en su totalidad, es decir todo aquello que, según los elfos, formaba parte de la Creación divina. Es realmente difícil saber si el globo es Arda o Eä, pero si queremos formular cualquier hipótesis al respecto, hemos de tener en cuenta, como en casi todos los temas del legendarium que están sujetos a discusión, que El Silmarillion es un conjunto de leyendas élficas. Estas leyendas reflejan la particular interpretación del mundo que tenían los eldar, contada con su particularísimo estilo narrativo, totalmente diferente a los del resto de los pueblos de la Tierra Media. En varias ocasiones, humanos, hobbits y enanos señalan que les resultaba difícil, y hasta molesta la forma de expresarse de los elfos, porque no era raro que sus afirmaciones pudieran significar una cosa y la contraria, a la vez. Así pues, no hay forma de saber si el globo que los Ainur presenciaron era la Tierra o el Universo, como tampoco la hay de ofrecer una interpretación precisa de los últimos párrafos de la Akallabêth. Sin embargo, quiero esbozar una teoría sobre el asunto de la forma de Arda. Soy consciente de que sólo puedo presentar esta teoría como hipótesis porque es totalmente discutible y difícilmente verificable, pero como los lectores de Tolkien disfrutamos mucho reflexionando y debatiendo sobre temas que carecen de una solución definitiva, lanzo aquí mi idea: Arda, la Tierra, siempre fue esférica, tal como sucede en la realidad de nuestro planeta.

Como señalaba más arriba, El Silmarillion recoge leyendas élficas, en las que la narración responde al punto de vista de los propios elfos. Como en toda mitología, lo que se cuenta no se corresponde con la realidad, sino que se deriva de los conocimientos con que contaban los narradores para explicar determinados hechos. Es más, intuyo que en el asunto de la forma de Arda, no importa demasiado el conocimiento real que los elfos tuvieran sobre el particular, ya que a los elfos les era indiferente si la Tierra era esférica o no. Para los eldar no desapareció la posibilidad de navegar a Valinor, incluso si viajaban allí en compañía de miembros de otros pueblos de la Tierra Media. No es una crítica hacia la forma de ser de los elfos, pero no solían preocuparse de todo aquello que no les afectara a ellos, por lo tanto, me parece razonable que no les importara la forma de la Tierra. Como veremos más adelante, era muy probable que el motivo para describir a Arda de una forma u otra fuera meramente de estética literaria. 

Entrando de lleno en lo que se dice en la Akallabêth, es muy significativo que se indique que la “Tierra de Aman ha sido arrebatada” por lo que nadie puede encontrarla en este mundo de oscuridad pero que sigue existiendo en el mundo como fue concebido desde siempre. El pecado Ar-Pharazon, puesto que ha contravenido un mandato divino,  provocó que la presencia de la oscuridad en Arda fuera tal, que impedía a los hombres encontrar el Camino Recto para llegar a Avallone y a Aman. El viaje seguía siendo posible, pero como sabemos, estaba reservado para los elfos y aquellos a quienes los elfos les concedían la gracia de viajar a las Tierras Imperecederas. Por ello, se desataca en el texto, que a partir de entonces tanto por la Ciencia (dado que el contacto con los elfos disminuye, la Humanidad recurre a su propia Ciencia), como por el resultado de los viajes los reyes de los hombres supieron que el mundo es redondo y que los caminos son curvos. Puede que antes de la caída de Númenor los humanos pensaran que el mundo era plano, aunque tuvieran alguna sospecha de su esfericidad (TOLKIEN, JRR, Cuentos inconclusos, Barcelona, Minotauro, 1990, p. 165). Sin embargo, desde que se dedicaron esfuerzos a la observación y experimentación científica, (por medio de la Astronomía y de la Geografía), la inteligencia humana pudo constatar la redondez de la Tierra.

Por todo esto, pienso que los conceptos Camino Recto y Camino Curvo no son conceptos geográficos o astronómicos, sino que son conceptos religiosos. La Tierra de Aman suponía la cercanía física entre los valar, espíritus surgidos del pensamiento de Eru que actúan en su nombre, y los Hijos de Eru, pero como los Segundos Nacidos se rebelaron contra el mandato divino, dicha cercanía física desaparece para los hombres. Desde entonces, la humanidad se enfrentará a un viaje difícil, a un camino curvo para volver a acercarse a la divinidad. Estas dificultades no eran, o mejor dicho no son, insalvables para la Humanidad. En un episodio muy anterior, según la cronología del legendarium, pero que probablemente fuera escrito después que la Akallabêth, Andreth, la mujer sabia, conversa con Finrod quien le dice que Eru nunca permitirá que sus hijos, en este caso los humanos caigan y se pierdan en las sombras para siempre, por lo que Eru intervendrá directamente en Arda para salvar a la Humanidad (TOLKIEN, JRR, “Athrabed Finrod ah Andreth” en El anillo de Morgoth” Barcelona, Minotauro , 1993, pp. 252-289). Claramente, Tolkien aludía en este cuento tanto al nacimiento de Jesús, hecho que él denomina la Eucatástrofe (el "giro repentino y gozoso", en ocasiones fundamentado en "una gracia súbita y milagrosa" que conduce al desenlace esperanzador de los cuentos de hadas) de la historia del Hombre porque esta Eucatástrofe sucede en el mundo real, como a su Resurreción que compone la Eucatástrofe de la Historia de la Encarnación porque supone la Redención de la Humanidad (TOLKIEN, JRR, “Sobre los cuentos de hadas” en Cuentos desde el Reino Peligroso, Barcelona, Minotauro, 2009, p. 313 y 316-317).

Volviendo a la cuestión de la forma de Arda, contamos con un texto de Tolkien en el que el profesor explica que el uso por los poetas del concepto de la Tierra plana debe ser entendido como un recurso estilístico, como una figura retórica: los comentarios que Tolkien preparaba para impartir sus clases, y que fueron incluidos por Christopher en la edición de la traducción que realizó su padre de Beowulf (TOLKIEN, JRR, Beowulf, Barcelona, Minotauro, 2015, p. 203) al inglés actual. Ante la posibilidad de que alguien considerase que el poeta de Beowulf no fuera una persona ilustrada, Tolkien señala que a la altura del año 800 DC. la idea de la Tierra plana ya estaba superada entre las personas cultas, pero que tal imagen seguía contando con una enorme fuerza poética y por ello era un recurso habitual entre los poetas. Tolkien indica que mediante dicho recurso el poeta de Beowulf logró dotar a sus versos de una gran belleza plástica y lírica.

Así pues, me parece lógico pensar que el propio Tolkien pudo recurrir a la imagen de la Tierra plana como figura retórica que aportara belleza lírica a su obra, al mismo tiempo que la vinculaba a la tradición estilística de la poesía y de las mitologías que él admiraba. Incluso, mediante este recurso Tolkien ofrece una explicación acorde con la tradición de las mitologías y con su Fe católica a ciertos asuntos difíciles de entender para el género humano: el sufrimiento, la muerte y la inmortalidad, la Esperanza, la Fe en Dios, etc.

Fuera ya del contexto del legendarium, es decir, en el mundo real me gustaría señalar que en ese mismo texto, Tolkien afirma que sería muy difícil encontrar a alguien en la Europa de su tiempo que pudiera pensar que la Tierra es plana en la realidad física, no en la literatura mitológica. Desgraciadamente, hoy Tolkien no podría decir lo mismo sobre cierto número de habitantes del llamado mundo desarrollado que, y a pesar de contar con un acceso a la Ciencia y la Cultura infinitamente más fácil y generalizado que el que disponían en la Alta Edad Media, niegan irracionalmente que la Tierra sea esférica. 




 


lunes, 18 de octubre de 2021

DÍA MUNDIAL CONTRA EL CÁNCER DE MAMA

 
Hace algo más de año y medio, un enemigo microscópico atacó a toda la Humanidad de una forma tan imprevista y letal que literalmente sitió a todo nuestro mundo, mientras causó cientos de miles de víctimas mortales. Mi familia no fue una excepción para esa amenaza, así que  tuvimos que disponernos a aguantar el cerco, para ceder el mínimo territorio posible al enemigo, y mantener la máxima normalidad posible dentro de los muros del hogar.

Mi esposa y yo no podíamos permitir que la situación afectara a nuestra familia. Juntos logramos crear un muro de escudos con amor, confianza, fe y esperanza para resistir frente la amenaza del virus. Para cuando, aún sin haber derrotado al virus, el cerco fue levantado nuestros escudos presentaban abolladuras y grietas y algunas esquirlas nos alcanzaron a nosotros y a nuestros hijos. A pesar de los daños morales y económicos sufridos, nos sentíamos aliviados porque habíamos mantenido al enemigo fuera de nuestra fortaleza familiar y habíamos mantenido a salvo a nuestros hijos. Sin embargo, no sabíamos que otro enemigo había atacado traicionera, silenciosa y gravemente a mi esposa.


El primer día después del fin del confinamiento, ella recibió una llamada del Hospital. Había algo preocupante en los resultados de las  pruebas rutinarias que le habían practicado justo unos días antes del inicio del citado confinamiento. Durante las dos semanas siguientes, y en el contexto de un Hospital que seguía en pleno combate contra el virus, los médicos le realizaron varias pruebas que confirmaron el diagnóstico: un tumor maligno de pecho. Gracias a Dios, esas pruebas desvelaron también el tratamiento a seguir para eliminarlo con los conocimientos y pericia de los sanitarios. Además, contábamos con la ayuda de Dios para que mi esposa afrontara con valor y esperanza el cáncer y su tratamiento, y para que sus amigos, el resto de su familia, y sobre todo, sus hijos y yo mismo, también contáramos con el valor y la esperanza necesarios para respaldarla y cuidarla.


Desgraciadamente, no es cierto ese mito, que de vez en cuando circula por los medios de comunicación y por las redes sociales, de que el cáncer se puede derrotar con la fuerza de voluntad y el valor del enfermo, pero el hecho de que el enfermo afronte esta enfermedad con valor, fuerza de voluntad y esperanza le ayuda muchísimo a no caer en el desánimo para no rendirse y poder soportar el largo y penoso tratamiento necesario para extirpar el tumor y evitar su reaparición en próximas ocasiones.


Yo necesité varias semanas para poder pronunciar la palabra cáncer. Sin embargo, desde el preciso momento en que la cirujana de patología mamaria, (con todo el tacto, y delicadeza, pero también, con toda la profesionalidad y claridad del mundo), nos confirmó el diagnóstico, mi esposa lo asumió con un valor y una serenidad que me hizo sentirme aún más orgulloso de ella, y estar plenamente seguro de que ella no sólo iba a poder con el cáncer, sino que también iba a ser un ejemplo para todos los que la amamos y para otras mujeres que tengan que enfrentarse a esta enfermedad.


No es un camino fácil. La operación fue un éxito, pero los riesgos eran muy graves y reales. Las suturas no se cerraban bien. La radioterapia se complicó en varias ocasiones y además mermaba las capacidades físicas de la paciente, lo cual también repercutía en su ánimo. Las pruebas y los tratamientos posteriores son poco llevaderos y se dilatan durante varios años. Sin embargo, quiero lanzar un mensaje de esperanza a las mujeres que padecen cáncer de pecho, porque la cura es posible. Contamos con buenos medios para el tratamiento, y grandísimos profesionales de la salud para aplicarlo. Es totalmente justo agradecer al personal del Hospital Universitario de Salamanca su humanidad y profesionalidad, y más aún en el difícil contexto de la pandemia, tanto en el trato, como en el tratamiento que han dispensado a mi esposa. También es más que importante que la sociedad reclame a las diferentes administraciones que dediquen más recursos a la investigación y al tratamiento del cáncer y que apoyemos a nuestros sanitarios en su labor. También me gustaría destacar a las organizaciones como la Asociación Española Contra el Cáncer y sus iniciativas para ayudar a las enfermas del cáncer de pecho, y de cualquier otro cáncer, y a sus familias en todo lo necesario para sobrellevar este trance. Por otro lado, el apoyo de familiares y amigos también es fundamental para que las pacientes puedan soportar todo lo que conlleva el cáncer, y en nuestro caso, y a pesar de la distancia impuesta por la pandemia, nos hemos sentido muy acompañados por familiares y amigos. Y para los que contamos con la fortuna de tener Fe en Dios, la certeza de su Amor sostiene definitivamente la Esperanza de las enfermas y de sus familias y renueva las fuerzas necesarias para aguantar todo el proceso.


Finalmente, quería volver a decirle a mi esposa todo lo que la quiero y la admiro, todo lo que le agradezco el ejemplo que me ha dado, que me sigue dando con su valor y entereza, lo orgulloso que me siento de ella, y lo afortunado que soy de que podamos seguir compartiendo la vida, porque ella le plantó cara al cáncer y no baja la guardia en su lucha. 


miércoles, 13 de octubre de 2021

CASTELLANO DE LORENZO SILVA, UNA NOVELA QUE INVITA A REFLEXIONAR

     Entre los regalos de mi cincuenta cumpleaños se hallaba el libro Castellano de Lorenzo Silva, que deseaba leer desde que me enteré de su publicación. En  primer lugar, porque Lorenzo Silva es uno de mis autores favoritos.  Castellano es el vigésimo cuarto libro de Silva que he leído desde que, gracias a una recomendación de Círculo de Lectores, descubrí a Bevilacqua y Chamorro en El alquimista impaciente, y en todas sus obras he disfrutado tanto  de su estilo literario, como del fondo y trasfondo de las mismas. 

En segundo lugar, la revuelta comunera es un episodio de nuestra historia tan interesante como desconocido en la cultura popular. Claro está, que estamos hablando de Historia de España y no contamos con un departamento industrial de agit-prop como Hollywood, ni con un apoyo institucional como en el Reino Unido o Francia. Desgraciadamente, tampoco contamos con el interés de buena parte de la población que se conforma o bien con aquello que sustente los mitos de su zona y que supongan un interés turístico o bien con interpretaciones históricas de escasa base científica pero apoyadas por postulados políticos desde la derecha a la izquierda, tanto local, como nacional y ampliamente difundidas por los medios de comunicación audiovisual.


Además, estamos en el año en que se conmemora el quinto centenario de la derrota de los capitanes comuneros en Villalar, efeméride que da lugar cada 23 de abril, a la celebración anual del día de Castilla y León y cuyo seguimiento el presente año ha sido nulo en, por ejemplo, los telediarios de TVE. En realidad la escasez general de eventos sobre esta conmemoración no ha sido ninguna sorpresa, y no sólo por las dificultades impuestas por la pandemia que ha trastocado nuestras vidas en el último año y medio.


La gesta de Juan Sebastián Elcano culminando la primera circunnavegación a la Tierra tampoco ha recibido la atención que tal logro hubiera merecido. Aunque peor aún, fue el caso del pronunciamiento de Riego. Aquel hito que supuso la renovación de las esperanzas liberales en toda Europa, tras la Restauración absolutista concertada en el Congreso de Viena, tuvo un eco mediático, al menos en lo que yo conozco, total y absolutamente inexistente. Tampoco se destacó como hubiera sido debido, el octavo centenario de la fundación de la Universidad de Salamanca. La Universidad donde me titulé fue una de las pioneras en toda Europa y la primera que ostentó dicho nombre de Universidad. Junto a los actos, que en su día, organizó la propia Universidad de Salamanca y el Colegio Público Padre Manjón, creo que merece la pena destacar la novela de Luis García Jambrina El manuscrito de fuego, donde este autor rinde homenaje a la Universidad salmantina se y además, en el contexto de la rebelión comunera y de la contundente represión que ejerció el Emperador sobre los que osaron recordarle que el primer deber del Rey de Castilla era cumplir las leyes del reino, ya fueran instituciones, ciudades o personas.


Creo que todo lo anterior concuerda con las intenciones que Lorenzo Silva presenta en el inicio del libro, y, que, sin lugar a dudas logra llevar a cabo a lo largo del mismo. Silva manifiesta que, como madrileño que es, su “tradición” es castellana, pero que, como madrileño y castellano que es, esta tradición, esa “identidad” se encontraba muy diluida. Pero sobre todo, y más grave aún, era muy desconocida, cuando no despreciada, por muchos que han convertido sus propias identidades en el único eje de sus vidas y de sus acciones políticas. Debido a ello, Lorenzo Silva se propuso averigüar y presentarnos qué significaba ser castellano, alejándose de los tópicos tan manidos, como erróneos y acercándose al devenir histórico de Castilla y sus gentes.


Por ello, me parece muy acertada la estructura narrativa que ha elegido Lorenzo Silva para esta novela. Él mismo ha comentado que se ha encontrado con lectores que se han extrañado de la estructura de la novela o que, directamente, han dudado de que Castellano fuera una novela. Si bien es cierto que no presenta la estructura narrativa de la mayoría de las novelas, no por ello deja de serlo. De hecho, ya contamos con ejemplos anteriores de novelas con una estructura similar a la de Castellano, como pueden ser algunas de las novelas de Jorge Semprún, especialmente aquellas en las que narra su dramática experiencia en los campos de concentración nazis, o también las novelas de Javier Cercas que, además, han cosechado un merecido éxito entre la crítica y en el público.


En la novela, Lorenzo Silva va alternando un capítulo donde desarrolla sus reflexiones personales extraídas de la presentación de diferentes personajes y hechos históricos y obras de la literatura de Castilla, así como del paisaje y del paisanaje castellanos, con otro capítulo en el que noveliza, con un estilo más cercano a la crónica, que a la novela histórica en voga repleta de pretensiones hiperrealistas. Personalmente, agradezco la elección de Lorenzo Silva en el tono que ha empleado en la novela. En su relato de la rebelión comunera Silva no oculta sus simpatías por los comuneros pero su elegante y precisa narrativa permite que la novela refleje verosímilmente los hechos. Todo ello, sin que el escritor tenga que renunciar a la faceta más creativa y artística de su tarea mediante la inclusión de las necesarias licencias literarias que aportan la belleza al relato para que el lector disfrute de la novela.


Silva logra todo ello sin alardes imaginativos que desvirtúen la realidad  de los hechos narrados y sin entrar en el superfluo detallismo en la ambientación histórica de la trama del que se abusa en muchas novelas históricas, pero que ni aporta precisión al relato de los hechos, ni facilita su comprensión. La narrativa de Lorenzo Silva produce en el lector el mismo efecto que producía la de Miguel Delibes; la sencillez y la claridad no están reñidas ni con la belleza y la emoción en la literatura, ni con la precisión en la descripción de Castilla y sus gentes.


Entrando ya en el fondo de la novela, me gustaría aportar una idea a los capítulos centrados en la revuelta comunera: el carácter “ciudadano” de la misma. Fueron las principales ciudades de Castilla quienes se levantaron contra las cargas injustas e ilegales que el rey quería imponer. Castilla no era un reino absolutista, el Rey no podía imponer su voluntad ni a los nobles (aunque éstos lo hicieran a sus vasallos), ni a las ciudades que es lo que más nos interesa en este caso. Los habitantes de las ciudades gozaban de algunos derechos y libertades inusuales por aquella época, en toda Europa. En ese contexto urbano, el clero más cultivado, la baja nobleza urbana y una más que incipiente burguesía comercial podían haber dotado a Castilla de los mimbres necesarios para alcanzar un desarrollo económico basado en el conocimiento, el comercio, y por qué no, en la industria equiparable al que admiramos en el Norte de Italia, la cuenca del Rin, Inglaterra o el mismo Flandes, pero la derrota de la causa comunera y la posterior represión de Carlos I impidieron que tal posible desarrollo pudiera tener lugar.


La represión que ejerció el emperador supuso el inicio de la “desurbanización” de Castilla, y un gran perjuicio para el dinamismo social y económico de las ciudades castellanas, con la excepción de Burgos por motivos que Silva explica perfectamente en la novela. Como también es ajustada la queja del autor hacia esa opinión, que si bien cada vez es menos habitual, aún se resiste a desaparecer, que critica a los comuneros por dejarse llevar por ideas e influencias extranjeras. Dejando aparte que no hay nada intrínsecamente malo en adoptar ideas extranjeras cuando éstas son buenas; en el caso de los comuneros sus ideas habían surgido y habían sido propuestas en las ciudades castellanas por los sectores más cultivados y mejor formados del clero, basándose en  su Fe católica y en la de la filosofía clásica. Sin embargo, de nuevo, la represión imperial provocó la mengua constante de este fenómeno hasta su casi total desaparición, con unas consecuencias culturales, científicas, económicas y sociales que hemos arrastrado durante siglos en España. 


Por otro lado, los capítulos en los que Silva evoca otros acontecimientos, personajes y paisajes, no sólo le permiten al autor mostrarnos su concepción de lo que caracteriza a Castilla y a sus gentes, sino que también le aportan al lector más elementos para entender dicha tierra, mientras se van refutando los números tópicos que durante siglos se han vertido sobre Castilla, incluso por parte de aquellos que pretendían  mostrar manifestar su cariño y admiración hacia la misma.


Destaca, entre otros hechos, el que Castilla naciera como un territorio de frontera y de mestizaje. Los descendientes de la  población que vivía allí desde antes de la llegada de los romanos, que se fundió con éstos, después con los visigodos y no abandonó sus valles tras la invasión árabe, se unieron, desde los últimos años del siglo VIII, a gentes que llegaron de la cornisa cantábrica, y, más tarde, del resto de Europa, al mismo tiempo que incorporan población musulmana según avanza su expansión hacia el Sur. En este aspecto, me gustaría destacar la importancia, que en mi opinión, se merece la fusión entre aquella población con los vascones, llegados desde los valles limítrofes por el Norte a su territorio. La lengua de los vascones, que ya había sido influida por el latín, influyó, a su vez, en que aquella primera lengua castellana se apartara definitivamente del latín. 


Asimismo, Silva nos recuerda que en su avance hacia el Sur, Castilla y su lengua asimilaron muchos y muy significativos elementos árabes para dar lugar a la lengua que hablamos hoy en día unos 500 millones de hispanohablantes, como primera lengua. Cifra a la que debemos sumar el gran número de personas que aprenden español como segunda lengua, (siendo la ciudad de Salamanca un referente mundial para su aprendizaje) convirtiendo al español en la tercera lengua más hablada actualmente en el mundo. No cabe duda,además, de que el prestigio de la lengua española tiene siglos de historia gracias a los grandes clásicos de nuestra literatura que son leídos y estudiados en todo el mundo. En este aspecto es significativo que el protagonista de la novela cumbre de la literatura  mundial  sea un hidalgo y caballero castellano: El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. Como también es significativo que Miguel de Cervantes propusiera que el autor del “manuscrito encontrado” que otorga verosimilitud a su novela, hubiera sido obra de Cide Hamete Benengeli escritor “arábigo y manchego”, circunstancias que no habrían extrañado a  nadie en tiempos de Cervantes.


Absolutamente interrelacionado con el mestizaje nos encontramos con el “espíritu de la Frontera”. El mismo espíritu que Hollywood ha ensalzado como uno de los valores de EE UU, ya se daba en Castilla siglos antes de la conquista del Lejano Oeste (concepto que en la geografía española sería perfectamente aplicable a varias de las provincias de la España vaciada y alejada artificialmente de los centros de poder del país). Lorenzo Silva nos señala como ejemplo de este “espíritu de la Frontera” a Rodrigo Díaz de Vivar, quien, por otra parte, también puede ser calificado como un “hombre hecho a sí mismo” al que ninguna dificultad altera su carácter fuerte y decidido, pero sereno. Rodrigo Díaz de Vivar también es un hito de la lengua y literatura castellanas, desde que un poeta anónimo compusiera El Cantar de Mio Cid, una de las obras mayores de la épica europea. El autor del Cantar nos relata algunas de las más importantes gestas del Cid de una manera tan bella y vívida que las imágenes surgen en la mente del lector, como si estuviera viendo un western de John Ford o Howard Hawks, por cerrar el círculo de la Frontera retratada por Hollywood. Además aquel poeta nos regaló en un conocidísimo verso, pronunciando por la burgaleses que ven partir al Cid al destierro, un resumen de la Historia de Castilla y de toda España: “¡Dios, qué buen vassalo! ¡Si oviesse buen señor!”.


Ese espíritu de la Frontera imprimió al modo de ser castellano algunos rasgos como el valor, la lealtad sin caer en la sumisión, el sentido del deber y cierto igualitarismo al que podían aspirar aquellos que demostraran poseer los valores anteriores. Este carácter y las ideas, basadas en la Fe católica,  que defendía el clero más ilustrado se reflejaron después, en la conquista del Nuevo Mundo y en la organización de los virreinatos ultramarinos.  


A diferencia de lo que sucedía en otros imperios europeos, no se constituyeron colonias al servicio de la metrópoli, sino que se crearon virreinatos, como los que existían en los reinos peninsulares, de hecho, la propia Castilla fue gobernada por un Virrey en varias ocasiones. La Ley afirmaba que los indios eran súbditos de la Corona de la misma forma que los castellanos, y las élites indígenas tenían acceso a títulos de nobleza y grandeza de España, al igual que las élites peninsulares. Si bien es cierto, como nos recuerda Lorenzo Silva que no en vano ejerció como abogado, que los incumplimientos de la Ley fueron continuos y habituales, tanto en la América española, como en los reinos peninsulares. Pero, es reseñable, que ninguna otra nación contempló en sus leyes la equiparación de sus súbditos ultramarinos con sus súbditos europeos. Es más, otros países evitaron por todos los medios posibles el mestizaje y los matrimonios entre los europeos y los pobladores indígenas, mientras que en el caso español los matrimonios mixtos fueron totalmente habituales, como habían sido en España.


Por todo lo anterior, el libro de Lorenzo Silva es una obra más que recomendable. Literariamente su prosa logra transmitir al lector los sentimientos del autor con sencillez, belleza e inteligencia como es habitual en las novelas de Lorenzo Silva, que como he dicho más arriba, nos recuerda a la perfecta prosa de Miguel Delibes. Además estamos ante un libro cuya lectura no presenta dificultades artificiales, pero que estimula al lector, como ha hecho conmigo, a reflexionar sobre lo que narra, tanto en torno a la revuelta comunera, como en el resto de los temas que trata. Castellano es un libro muy necesario para conocer y entender mejor a toda esa parte de España que a lo largo de la historia se llamó Castilla, y también para conocer y entender mejor al resto de España. Además, como expresión artística del espíritu y de la inteligencia humana que es, esta novela nos conmueve y nos ayuda a conocernos y entendernos mejor a cada uno de nosotros como seres humanos y como sociedad.


Finalmente quería indicar que, además de la satisfacción que me ha producido la lectura de Castellano, la alegría que me he llevado al ver el nombre de mi amigo Enrique Berzal entre las citas de agradecimientos del autor de la novela.




viernes, 24 de septiembre de 2021

UN DESCANSO EN EL FRENTE OCCIDENTAL

 Estaba repasando sus notas y apuntes, disfrutaba con la búsqueda de la coherencia y de la belleza del idioma, así que, aquella tarea, que para otros podía resultar tediosa, para él suponía un refugio en medio del desastre, el caos y el dolor de la guerra. Sin embargo, no por ello descuidaba sus obligaciones para con sus compañeros de armas. No perdía de vista a su compañía, y permanecía atento a la conversación de aquellos muchachos, hijos de la campiña inglesa, en los que había encontrado todas las virtudes que él apreciaba en un buen camarada y que se necesitaban para la defensa de su país, de sus gentes y paisajes. Sabía que ellos confiaban en él, y no les iba a defraudar, pero, sobre todo, estaba seguro que esos soldados iban a arriesgarlo todo por su compañía, por su teniente, por su tierra y por su rey. Se sentía realmente orgulloso de compartir la suerte de aquellos soldados, que por fin, podían disfrutar de unas horas de tranquilidad, después del tan atronador como mortífero cañoneo alemán.


Dulces recuerdos del hogar, de la familia, de novias y esposas se entremezclaban con canciones groseras, rudos chistes e historias de lugares exóticos a los que ellos nunca habían viajado, y, desgraciadamente, nunca iban a viajar. Cuando la conversación versaba sobre las increíbles riquezas que atesoraban los Emperadores de la China, el soldado de primera Miller pidió a sus compañeros que escucharan una historia, que le había contado un primo segundo de su padre que había estado destinado en Hong Kong, sobre los conocimientos tan extraordinarios que tenían las gentes de aquel país:


“Después de seguir fielmente las enseñanzas de su anciano maestro, el más brillante de sus aprendices le dijo: Maestro, ya nos has enseñado todo lo que hay que saber sobre el noble arte de la caza del dragón, pero, dado que los dragones no existen, ¿qué podemos hacer con lo que nos has enseñado? El anciano miró a su discípulo con afecto y una chispa de sarcasmo en los ojos, y le respondió: Siempre podrás adiestrar a otros en el noble arte de la caza del dragón.”


En cuanto Miller terminó su relato casi todos los soldados rieron con sonoras carcajadas, algunos permanecieron desconcertados, y otros barruntaron que en las palabras de aquel cuento se escondía más sabiduría de lo que parecía. Justo entonces, su oficial; el teniente John Ronald Reuel Tolkien sonrió porque sentía la mayor felicidad que había experimentado desde que su llegada al frente, miró al soldado de primera Miller, y después al resto de la compañía, mientras afirmaba con total seguridad: “Los dragones existen”.



Mi opinión (positiva) sobre La Odisea de Cristopher Nolan

  Desde antes de su estreno La Odisea dirigida por Cristopher Nolan ha recibido muchas y duras críticas arguyendo que el trabajo y las decis...